sábado, 25 de junio de 2016

AMOR, JUSTICIA Y PREDESTINACIÓN


1.                  Introducción
A lo largo de la historia el ser humano se ha enfrentado con el gran misterio del destino. En la mayoría de las culturas encontramos mitos que tratan de explicar las diferentes circunstancias de la vida y el propósito de las mismas.
También han existido adivinos y oráculos quienes se decían capaces de ver el destino,  ya sea de individuos o de estados, como el famoso oráculo de Delfos de los griegos.
Pero cuando aparece en nuestra mente la idea de un Dios todopoderoso que se encuentra por encima de las circunstancias, la pregunta que nos planteamos es ¿Hasta que punto Dios controla  nuestras vidas? ¿Podemos ser libres para tomar decisiones que marquen nuestro destino?
En el cristianismo bíblico conocemos que el ser humano va a enfrentarse con solo dos destinos diferentes, la vida eterna  o el infierno.  Entonces la pregunta que surge es ¿Puede el ser humano decidir cuál será su destino eterno?
La Biblia nos dice que la diferencia entre el cielo y el infierno radica solamente en la fe, es decir en una decisión que el ser humano hace por Cristo, pero ¿Pueden todos los seres humanos tomar esta decisión?  O ¿Se encuentran totalmente incapacitados de ir a Jesús debido a la naturaleza pecaminosa, y a la culpa del pecado original? Y entonces ¿Dios capacita solo a ciertas personas para que crean en Cristo y a las demás les deja en el infierno?
Cuando buscamos la respuesta a estas preguntas en las páginas de las Escrituras nos encontramos con gran cantidad de textos que nos hablan de la responsabilidad de las personas en la toma de decisiones, (Juan 3:16)  incluso se habla de que el propósito mismo de la Biblia es que el ser humano crea en Cristo y creyendo tenga vida eterna (Juan 20:31).  Sin embargo nos encontramos también con aquellos pasajes que utilizan el famoso término “predestinación” (Romanos 8:28,29; Efesios 1:4,5) Y parecen  dar a entender que solamente ciertas personas han sido elegidas por Dios desde antes de la fundación del mundo para ser parte de su pueblo. 
 Reconocemos que dar una respuesta adecuada a estas interrogantes no es tarea sencilla ya que como decía el teólogo alemán Karl Barth “Dios es el totalmente otro”, y como exclama el apóstol Pablo, “¡Profundidad de las riquezas,  de la sabiduría y del conocimiento de Dios!   ¡Cuán insondables son sus juicios  e inescrutables sus caminos!, porque,  ¿quién entendió la mente del Señor?  o ¿quién fue su consejero?” (Romanos 11:33,34).
Sin embargo ya que algunos conceptos en cuanto a la predestinación se han presentado desde hace mucho tiempo como doctrinas oficiales de ciertas denominaciones, en este ensayo trataremos de presentar algunas reflexiones al respecto tomando en cuenta ciertas características de Dios, las cuales sería un error importante contradecirlas, como son, el amor, la justicia, y la misericordia.
Para esto  haremos un pequeño recorrido histórico de las doctrinas de la predestinación, presentaremos de una manera clara y sin prejuicios la doctrina reformada que se predica en nuestro tiempo,  y después de hacer un estudio bíblico acerca del amor y misericordia de Dios, propondremos las alternativas a esta doctrina que vayan de acuerdo con el carácter Santo de nuestro Creador. 

2.                  Agustín y Pelagio
Agustín nació en el año 354 en el norte de África[1].  En su juventud estudió varios puntos de vista filosóficos.  Primero atravesó el camino de los maniqueos, pero como el mismo explica en sus “Confesiones”, no encontraba respuestas a sus más grandes inquietudes,  especialmente en lo que tiene que ver con el origen del mal, dilema que jugaría un papel importante en sus futuras doctrinas.  Posteriormente conoció el neoplatonismo, y fue un punto de vista filosófico que perduró con Agustín aún después de su conversión pues en varios aspectos de su teología, se esfuerza en reconciliar esta filosofía con las Escrituras.
Cuando Agustín adoptó el cristianismo, se dedicó a escribir sobre las más grandes inquietudes   que aquejaban su existencia, como por ejemplo, la incapacidad que sentía de poder vivir sin pecar, y como ya hemos dicho el origen del mal.  Esto entre tantas otras cosas sobre las que el escribió.  Sin embargo aquí vamos a referirnos a aquellas que son el tema de nuestro ensayo.
Mientras que los maniqueos decían que todo en la vida estaba predestinado y así también explicaban el origen del mal, Agustín escribió en contra de ellos y propuso el libre albedrío, doctrina con la cual podía explicar el origen de la maldad en base a la libertad de elección de las criaturas angélicas y del ser humano.  Sin embargo esta libertad original se perdió después de la caída de Adán, y desde entonces el ser humano no puede hacer nada bueno, y necesita de la gracia de Dios que lo capacite para ir a El. Así nace sistemáticamente la doctrina de la predestinación que tuvo mucha influencia posteriormente.
Para este tiempo aparece también en escena un monje Británico conocido como Pelagio, del cual no se tienen muchos datos biográficos.  Este monje reaccionó en contra de las doctrinas de la gracia de Agustín y afirmaba que el ser humano no ha perdido nunca la capacidad para elegir entre el bien y el mal  y lo único que se hereda de  Adán es el ejemplo de lo que es pecado. Por todo esto Pelagio afirmaba que ningún niño debe ser bautizado pues no tiene pecado.
Pelagio fue condenado por la mayoría de teólogos en aquel tiempo, ya que hay que reconocer que su acercamiento a la naturaleza pecaminosa y a la gracia salvadora es demasiado simple.  Pero también hay  que tener en cuenta que las doctrinas de Agustín tampoco fueron bien vistas en su totalidad y se desarrollo un nuevo punto de vista que se lo conoce hoy como semipelagianismo.   
También debemos decir que Agustín a diferencia de Calvino nunca habló de una doble predestinación, es decir el solo hablaba de predestinación para salvación, no para condenación,[2] ya que fundamenta sus doctrinas en el amor de Dios y no en su soberanía como decían los teólogos reformadores.  Incluso es muy difícil saber según Agustín que sucedía con las personas condenadas, ya que ciertas ideas de este teólogo dan a entender que existe la posibilidad de purificarse luego de la muerte, esto dio origen posteriormente a la doctrina del purgatorio aceptada por la Iglesia Católica.  Dice el Doctor Yattenciy Bonilla en su libro “Cristo y el Cristianismo, dos grandes enemigos”: “Agustín no habla del infierno, él dice que todas las almas se purifican para llegar al cielo, ¿Eso significa que todos los hombres se salvan? Agustín no contesta directamente esta pregunta”.[3]


3.                  Calvino y Arminio   
En el siglo XVI fueron algunos los teólogos protestantes que presentaron sus doctrinas de la predestinación, como Lutero y Zwinglio. Sin embargo el que ordenó más sistemáticamente todas estas doctrinas fue Juan Calvino  (1509-1564).   En su gran obra titulada “Institución de la religión cristiana” Este teólogo dejo gran parte del pensamiento aceptado por las Iglesias reformadas.
Al igual que Agustín, Calvino creía que la condición del ser humano era de una incapacidad total para hacer el bien, por causa del pecado de Adán, del cual heredamos la culpa, por tanto es solamente la gracia de Dios que actúa solo en algunos individuos la que puede dar al ser humano la fe que salva. Sin embargo a la pregunta sobre el origen del mal, Calvino no aceptaba tan sencillamente como Agustín que la maldad radique en la libre voluntad de las criaturas antes de la caída,  ya que como hemos dicho la soberanía de Dios jugaba un papel muy importante en su teología, lo que le llevaba a afirmar que de alguna manera las acciones pecaminosas de sus criaturas fueron decretadas por Dios, ya que nada escapa de su soberanía, pero al mismo tiempo la elección hacia el mal de las criaturas es voluntaria, lo cual no hace a Dios culpable del pecado,  y la manera en que esto pueda entenderse, será siempre un misterio.
Por todo esto Calvino tiene que necesariamente hablar de una doble predestinación, es decir que al mismo tiempo que Dios decidió salvar a algunos, decidió reprobar a otros.  Y a la pregunta de que como puede ser esto justo, Calvino respondía que la medida última de la justicia le pertenece solo a Dios y a su ley, no importa lo que nosotros pensemos de eso.[4]  
Algún tiempo después cuando las doctrinas de Calvino estaban comúnmente aceptadas entre la mayoría de los protestantes nos encontramos con Jacobo Arminio (1560-1609) quien fue un pastor protestante en Amsterdam, y que después de estudiar algunas obras sobre la predestinación, desarrolló la doctrina que se conocería posteriormente como Arminianismo.
Arminio también creía que el ser humano es incapaz de buscar a Dios, por esta razón no podemos confundirlo con el pelagianismo, sin embargo a diferencia de Calvino, este afirmaba que la gracia que capacita al ser humano para creer en Jesús es otorgada a todos, porque Cristo murió por todos, por esto la fe es don de Dios,  pero al mismo tiempo el ser humano puede rechazar esta gracia,  lo cual no excluye que en algún momento el creyente también puede perderla.             
            Aunque esta doctrina también fue rechazada por muchos en su tiempo, la influencia posterior  de los teólogos Arminianos fue considerable,  se hizo sentir con más fuerza en tiempos del teólogo Juan Wesley, fundador de las iglesias Metodistas.  
            En nuestro tiempo no podemos hablar de un consenso general en cuanto a las doctrinas de la gracia, ni incluso de una mayoría en una u otra teología,  pues mientras las Iglesias reformadas siguen sosteniendo las doctrinas de Calvino, existen también gran cantidad de denominaciones cristianas, algunas también históricas, como los Anabaptistas y Metodistas y muchas contemporáneas, que rechazan radicalmente  el punto de vista a cerca de la predestinación de la teología reformada.  
            A continuación nos proponemos explicar la doctrina de la predestinación que profesan las iglesias Reformadas basándonos en sus principales defensores contemporáneos, explicaremos los textos bíblicos en los que basan sus puntos de vista,  sin contradecirlos,  dejando esto para el final de este ensayo.

4.                  La predestinación en la teología reformada
Para dar un concepto claro de lo que significa predestinación para la teología reformada, cito las palabras de R.C. Sproul: “Lo que la predestinación significa en su forma más elemental es que nuestro destino final, el cielo o el infierno, está decidido por Dios no sólo antes de llegar allí, sino aun antes de que nazcamos”.[5]  Como hemos dicho anteriormente en el Calvinismo este principio esta basado en la soberanía de Dios, la cual significa que Dios tiene el control y autoridad en todo lo que el ha creado, y esto implica según ellos que todo lo que sucede ha sido pre ordenado por Dios.  Un documento básico en el estudio teológico para estas iglesias es la confesión de Westminster (1648). La cual comienza diciendo: “Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas”[6].
Para hablar de la justificación bíblica y teológica de la posición reformada tendremos que referirnos rápidamente a los cinco puntos de Calvino.
Lo primero que podemos descubrir en las páginas de la Biblia es la incapacidad en el ser humano de hacer lo bueno, a esto los calvinistas han llamado la “Depravación Total”.  En este punto hay muchos pasajes bíblicos importantes como, Romanos 3:23, Que dice que todo ser humano ha pecado y esta destituido de la Gloria de Dios.  Podemos ver también: Génesis 6:5; Salmos 51:5; Romanos 3:10-18.  A la pegunta de por qué algunas acciones de personas no creyentes parecen ser buenas, ellos responden que ninguna acción en si es buena, porque siempre las motivaciones son incorrectas.  Y cuando preguntamos entonces por qué algunos son menos malos que otros, ellos responden que existe un concepto de “gracia común” (es decir la gracia que reciben los no cristianos) que es la que refrena la maldad en algunos, y capacita a otros para hacer el bien relativo.
En este punto es importante analizar que la causa de todo esto es la caída de Adán,  pues a partir de esa acción, todo ser humano que viene al mundo nace muerto espiritualmente, y con una naturaleza pecaminosa, como dice Pablo en Romanos  5:12  “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte,  así la muerte pasó a todos los hombres,  por cuanto todos pecaron”.   Pero lo preocupante en la teología reformada es que dice que esto implica que todo ser humano que nace hereda la culpa del pecado de Adán, aparte de las consecuencias del mismo,  por esta razón un niño que viene al mundo,  aún en días de nacido,  no puede ser contado como inocente, y es merecedor del infierno.     
   Como consecuencia de la Depravación Total, sabemos que Dios ha decido salvar a algunas personas de esta muerte espiritual y de la condenación eterna.  La Biblia dice que las personas que se salvarán serán las que crean en Jesús (Juan 3:16), pero también dice que esta fe no es de los hombres sino que es un don de Dios (Efesios 2:8).  En base a esto argumentan que esta gracia de creer o gracia salvadora, es otorgada solo a algunos seres humanos, a esto es lo que llaman “Elección Incondicional”.  Es decir Dios decide incondicionalmente quien será salvo y quien no. Según ellos no tiene nada que ver el pre conocimiento que tenga Dios acerca de quien creerá en el y quien no.  Los textos más importantes que nos hablan de esta predestinación son: (Romanos 8:28,29; 9:6-26; Efesios 1:4,5; Juan 15:16). Los cuales analizaremos posteriormente.  
Esto les lleva a concluir que la expiación de Cristo en la cruz es limitada para los elegidos es decir Cristo solo murió por ellos, para esto se basan en textos como Juan 10:11, en donde Jesús dice que ha puesto su vida por las ovejas, y en otros pasajes como en Efesios 5:25-27 en donde Pablo afirma  que Cristo ama a la Iglesia, es decir, según ellos Cristo ama solamente a la Iglesia, por eso dio su vida solamente por ella.  Para ellos Juan 3:16, no habla del amor a todas las personas, sino que mundo significa personas de todas partes. 
Para la teología reformada esta gracia, expresada en el sacrificio de Cristo es irresistible, es decir el ser humano no puede decir que no, una ves que haya sido regenerado por Dios mediante la elección incondicional, sin que esto signifique que Dios obliga a las personas a creer en el,  pues lo que cambia es la naturaleza del ser humano de manera que su propia voluntad sea ahora la de ir a Jesús.   
Un último punto de la teología reformada es la “Perseverancia de los Santos” Es decir que la salvación no se pierde, pues los elegidos perseverarán hasta el último.  De esto no diremos mucho pues no es el tema de este ensayo.

5.                  Inquietudes sobre la posición reformada
Después de haber expuesto muy rápidamente el concepto reformado de predestinación, nos atrevemos a plantearnos las siguientes inquietudes:
            Un ser humano nace, y no ha pedido nacer, sin embargo nace con la incapacidad total de hacer nada bueno, ni siquiera ir a Jesús para que lo salve, esa es su naturaleza, nace eternamente condenado, por culpa del pecado de Adán, algo que sucedió cuando ni siquiera había nacido, aunque si bien es cierto sus propios pecados lo condenan, pero no puede hacer nada para evitarlos.  Dios en su soberanía decide no salvar a esta persona, decide enviarle a una eternidad en el infierno, a una condena eterna, separado de Dios. ¿De que manera esto es justo? Calvino puede decir que la medida última de justicia le pertenece a Dios, no importa lo que nosotros pensemos,  pero si la justicia que es exigida a vivir el ser humano tiene que fundamentarse en la justicia de Dios ¿No afecta lo que creamos por justicia de Dios, nuestra forma de vivir la justicia día a día?  Muchos teólogos reformados hoy, argumentan que Dios es justo porque está dando a cada uno lo que se merece, es decir esta persona se merecía el infierno, pues sus pecados fueron por su propia voluntad.  Pero si fundamentan todo en la soberanía de Dios, de manera de que todo esta decretado por Dios, ¿Quién le dio la voluntad al ser humano?  La manera de relacionar la soberanía de Dios y la responsabilidad del ser humano es algo que los calvinistas contemporáneos lo consideran como un misterio pues no se puede explicar racionalmente[7]. Entonces si eso es un misterio, ¿No sería mejor reconocer que la predestinación en si,  es un misterio, en lugar de afirmar la elección incondicional, y el amor selectivo de Dios como una doctrina clave de sus denominaciones?  Posteriormente  analizaremos el  capítulo 9 de Romanos en donde pretenden fundamentar la justicia de Dios aún a pesar de la elección incondicional.
 Una mujer es violada, y fruto de esa violación queda embarazada, luego decide abortar. Si aceptamos de una manera bíblica que la vida que ella quitó tenía un alma inmortal ¿Qué sucede con esta alma? ¿Esta condenada al infierno, cuando aún ni siquiera tuvo conciencia de que es lo que pasó? O ¿En este asunto si aceptamos la misericordia de Dios que posibilita la regeneración y salvación de los niños, sin necesidad de la fe en Cristo aunque contradiga la doctrina reformada? O como dice la confesión de Westmister ¿Solo algunos niños están predestinados y otros no?[8]
            Si en los evangelios nos encontramos con un Jesús que demanda del ser humano el amor incondicional para con todos, incluso para con los enemigos, ¿Con que autoridad puede Jesús exigir que amemos a todos, si el mismo no ama a todos? Si Jesús enseña que el perdón es un asunto esencial de la vida cristiana ¿Cómo puede exigirnos perdonar, si el mismo no ofrece su perdón a todos? ¿No dice la Biblia que Dios no hace acepción de personas? (Hechos 10:34) Si Dios  ama con amor selectivo, ¿Porque no podemos nosotros amar con amor selectivo?
            Todos nosotros tenemos familiares o personas queridas que no han conocido a Jesús ¿Debemos orar por la conversión de estas personas, aunque estemos seguros de que nuestra oración no va a cambiar ni a influir en el decreto soberano de Dios de elección incondicional? A esto muchos de los Calvinistas responden que la oración es un mandamiento, entonces ¿Lo que motiva nuestras oraciones es solamente obediencia a Dios, aún cuando no tenga sentido alguno lo que pidamos? ¿No debería motivarnos el amor y compasión por las personas que necesitan de Jesús?
            La misma inquietud presentamos en cuanto a la predicación del evangelio.  Pues para las iglesias reformadas la predicación es un importante mandamiento, y la cumplen solamente por obediencia, si bien es cierto, se sienten agradecidos por ser usados por Dios para hacer su obra y porque es un misterio el saber quien es elegido y quien no, sin embargo, de igual manera que en la oración ¿No debería ser parte de nuestra motivación la compasión por las almas perdidas, con la esperanza de que al escuchar el evangelio todos tienen una oportunidad de ir a Jesús? ¿Qué papel juegan en las iglesias las estrategias de evangelismo, si al final Dios tomará la decisión de quien se salva y quien no?
            Se que para estas y muchas otras inquietudes habrá siempre respuestas por parte de la teología reformada,  sin embargo he planteado estas inquietudes,  pues son precisamente las que al querer responder los teólogos reformados han relativizado o limitado una de las características fundamentales de nuestro gran Dios, el amor y la misericordia incondicional.   

6.                  El amor de Dios
Dice el apóstol Juan: “Amados,  si Dios así nos ha amado,  también debemos amarnos unos a otros”. (1 Juan 4:11). Es decir, el amor que debemos vivir entre seres humanos esta fundamentado en el amor de Dios.  Y el amor de Dios se ha manifestado en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).
Es muy importante tener en cuenta que la palabra que se usa para referirse al amor de Dios en la Biblia es la palabra “Agapao”. Esta era una palabra que no se usaba mucho en aquel tiempo, ya que significa literalmente la muerte o aniquilación del ego, o sea la muerte del yo[9].  En otras palabras, amar con amor ágape es decir no a lo que uno necesita, a lo que uno quiere, a la comodidad personal, y si a lo que el otro quiere, a lo que el otro necesita, y lo que será de beneficio para los demás. 
La Biblia expresa de una clara manera este amor de Dios en el conocido pasaje de Filipenses 2:5-11.  En donde aprendemos que Jesús, aun siendo Dios sobre todas las cosas, no pensó en el, ni en su comodidad sino que se negó a si mismo por nosotros,  estuvo dispuesto a pagar un alto precio, solamente por amor. 
Uno de los pasajes más conocidos de la biblia dice que: “De tal manera amo Dios al mundo, que entregó a su hijo unigénito, para que todo aquel que en el crea no se pierda sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Este es uno de los textos más hermosos, que resume de una clara manera la magnitud del amor de Dios, y el objeto de su amor que como podemos entender en este pasaje, sin necesidad de recurrir a interpretaciones forzadas por un prejuicio doctrinal, es todo el mundo, o sea todos los seres humanos.   Y como dice el versículo 17, el objetivo de la obra de amor de Dios es que todo el mudo sea salvo por el.
A parte de su obra de amor en la cruz, nosotros podemos descubrir el amor de Dios en sus propias enseñanzas.  En el conocido Sermón del Monte en Mateo 5:44 Jesús nos pide amar también a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos hacen mal. En muchos otros pasajes de los evangelios, el amor y la misericordia para con todos los seres humanos, es una de las más importantes enseñanzas de Jesús, incluso en ocasiones se refiere a la misericordia como lo más importante de la ley (Mateo 23:23).
Si todos nosotros estamos  consientes de que el Dios en el que creemos es un Dios Santo, que no puede contradecir con su vida sus propias enseñanzas, debemos reconocer que el amor y la misericordia de Dios están disponibles para todos los seres humanos.  Y que la obra de amor más grandiosa que jamás se haya visto, la muerte de Jesús en la cruz,  es precisamente la más grandiosa  porque lo hizo por toda la humanidad perdida, porque el sacrificio de Jesús alcanza para todos, (1 Juan 2:2)  no solamente para los elegidos, y lo único que debe hacer el ser humano es aceptar ese grandioso sacrificio, y volverse a Jesús por medio de la fe.  
Cuando Jesús afirma que da su vida por sus ovejas, jamás dijo, que solo por sus ovejas. Y también cuando Pablo afirma que Jesús ama a su Iglesia y se entregó por ella, jamás dice que solo ama a la Iglesia, y que solo se entregó por ella.
Es precisamente este aspecto de la revelación de Dios el que nos distancia radicalmente de la perspectiva Calvinista, pues en esto se basa el concepto que tenemos del amor de Dios, y la pregunta que todos deberíamos plantearnos es: ¿Creemos en un Dios que ama incondicionalmente a todos los seres humanos y por tanto demanda de nosotros el amor incondicional, como imitación de su carácter?  O ¿Creemos en un Dios, que no ama a todos los seres humanos, sino solo ha algunos elegidos incondicionalmente, sin embargo demanda de nosotros que amemos a todos,  aun a nuestros enemigos, cuando ni el lo hace? 
            El Dios en el que creemos es consecuente con sus enseñanzas, y lo ha demostrado cuando aun en su muerte oró y pidió perdón al Padre por los que le crucificaban. 

7.                  Amor Justicia y predestinación
Para hablar de una perspectiva bíblica de la predestinación, tendremos que comenzar a afrontar el problema desde el inicio, es decir desde el origen del pecado.  Y lo principal en todo es procurar no violar con nuestras presunciones el carácter Santo de nuestro Dios. 
Dice el apóstol Juan que Dios es luz y no hay tinieblas en el (1 Juan 1:5). Y el apóstol Santiago afirma que Dios no es tentado por el mal ni el tienta a nadie (Santiago 1:13).
En las culturas y filosofías orientales se cree en un Dios o en una fuerza suprema que es la originadora del bien y del mal. Sin embargo el cristianismo rompe radicalmente con este dualismo, al afirmar que Dios es Santo, es decir no existe maldad en el.
Por otro lado nos encontramos con la soberanía de Dios, es decir Dios tiene plena autoridad, poder y control sobre toda su creación, y la historia de la misma.  Para Calvino esto implica que cada acción debe estar decretada por Dios para que pueda suceder, sin embargo esto lleva implícito que Dios es el autor del pecado, y como hemos dicho anteriormente, el hecho de que Dios lo decrete, y sin embargo la responsabilidad siga siendo del ser humano  más que un misterio es una contradicción imposible de explicar.    
En este ensayo queremos proponer la misma solución que presentó Agustín al enfrentarse con este problema, Dios en su soberanía ha decidido dar libertad al ser humano, y esta libertad, esta capacidad de decidir por propia voluntad, es parte de la imagen y semejanza de Dios, es uno de los más grandes regalos que ha hecho Dios a sus criaturas. Dios es aquel ser en que su esencia es su propia existencia, (Yo soy el que soy) y en su amor ha dado la existencia al ser humano, con esto nos referimos a la capacidad de ser consiente de su momento en la historia, y a la capacidad de decidir el momento siguiente.  Lo cual no viola en ninguna manera la soberanía de Dios, ya que es solo por Dios que el ser humano tiene libertad.
El árbol del conocimiento del bien y del mal,  plantado en el jardín del Edén, precisamente es un símbolo de esa capacidad de elegir en el ser humano, sin negar el hecho histórico.  De esta manera comprendemos que es el mal uso de esa libertad lo que originó la caída de Adán y Eva.  A partir de ese momento todo ser humano que nace en el mundo, nace muerto espiritualmente y con una naturaleza   inclinada al pecado. Sin embargo la imagen y semejanza de Dios no ha desaparecido completamente, sigue estando ahí, de alguna manera distorsionada o escondida detrás del pecado   (Génesis 9:6; Santiago 3:9).  Es decir el ser humano sigue teniendo libertad, el problema es que su naturaleza, su carne,  le lleva siempre al pecado.
 Aquí es importante  agregar que no encontramos ninguna justificación bíblica para afirmar que lo que heredamos de Adán sea la culpa de su pecado,  ya que en todo pasaje de la biblia esta nos dice que lo que heredamos es las consecuencias de ese pecado.  Para esto analicemos un pasaje muy usado por los teólogos reformados:
“Por tanto,  como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres,  por cuanto todos pecaron”  (Romanos 5:12). Aquí Pablo afirma que la muerte entró por un hombre, es decir por la culpa de Adán entró la muerte al mundo. La muerte es una consecuencia del pecado, pero la culpa sigue siendo de Adán.  Luego dice Pablo que la muerte paso a todos los hombres, pero enseguida nos dice el porque, “por cuanto todos pecaron” es decir, es el pecado de cada persona, el pecado que naturalmente cometerán todos pues es su naturaleza, lo que le da al ser humano la muerte, no porque herede la culpa de Adán, sino porque todos pecan.   Por esta razón afirmamos que todo niño que viene al mundo, esta determinado por su naturaleza a ser pecador, pero no lo será hasta el momento en que peque. 
Hasta aquí reconocemos al igual que Agustín y Calvino que el ser humano por si solo no podrá ir a Jesús, ni arrepentirse de sus pecados,  pues su naturaleza se lo impide. Pero la gran diferencia en cuanto a su punto de vista lo encontramos al leer de una manera correcta y sin prejuicios el maravilloso texto de Juan 3:16, y reconocemos que el amor de Dios es por todo el mundo, no solo por los elegidos, Dios no ama con amor selectivo. Dios es amor y no puede contradecir su propio ser. Si bien es cierto también es justicia, pero por esta misma razón sus demandas de justicia fueron satisfechas en la cruz de Jesús, al descargar sobre si mismo el pecado de la humanidad. ¡Gracias a Dios por su amor incondicional!
 1 Juan 2:2  nos dice que Jesús es la propiciación no solo por los pecados de la Iglesia sino por los del todo el mundo, 1 Timoteo 4:10 nos dice que Dios es Salvador de todos los hombres, y el apóstol Pedro nos dice que Dios no quiere que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). En definitiva la gracia que capacita al ser humano para que tenga fe en Jesús está disponible para todos los seres humanos. Por esto la fe es don de Dios (Efesios 2:8). Por eso nadie puede venir a el si el padre no le atrae (Juan 6:44),  Pero el ser humano todavía tiene la capacidad de rechazar esta gracia salvadora, todavía tiene libertad de decidir, todavía tiene voluntad.  Dios es un Padre que se siente regocijado cuando sus hijos por su propia voluntad deciden obedecerle, sino, le hubiera sido más fácil crear robots, y programarlos a su voluntad.
Entonces ¿Que hacemos con los textos que nos hablan de la “predestinación”?  (Romanos 8:28,29; Efesios 1:4,5). Primero tenemos que reconocer que así como no podemos negar la soberanía de Dios, tampoco podemos negar su presciencia, es decir que Dios conoce las acciones futuras, que incluso para el no son futuras, pues Dios no está como nosotros limitado en el tiempo.  Y si el mismo ha decretado que los miembros de su familia serán los que crean en el, y como hemos visto el creer  nace de la voluntad del ser humano, pues por obvias razones la elección anticipada de Dios está basada en la decisión del ser humano. Dice 1 Pedro 1:2 que hemos sido elegidos según el previo conocimiento de Dios.  Caso contrario Jesús estaría contradiciendo su sincero ofrecimiento de salvación para todos.    
Y si hacemos una lectura, como dije anteriormente, sin prejuicios, de estos textos, nos encontramos con que ninguno de ellos nos habla de una predestinación de unos para salvación y de otros para condenación, sino que como dice Efesios 1:4-5 Dios predestinó desde antes  de la fundación del mundo, que los que crean en el sean adoptados como hijos suyos[10].
Por último queremos hacer un breve comentario de aquel pasaje que ha provocado muchos malos entendidos, me refiero al capítulo 9 de Romanos.
En el versículo 13 Pablo cita un texto del libro de Malaquías 1:3 y dice: “A Jacob amé mas a Esaú aborrecí”.  El Calvinista dirá que este texto declara enfáticamente la elección incondicional de Dios, pues más adelante Pablo dice que “Dios tiene misericordia de quien quiere tener misericordia, y endurece el corazón de quien quiere endurecer el corazón”. 
Si analizamos el contexto en el que nace este pasaje veremos que Pablo esta hablando sobre los Judíos quienes reclamaban el ya no ser parte de la Nación elegida por Dios, y si leemos ese mismo pasaje en Malaquías, veremos que la Biblia se está refiriendo a la elección del pueblo de Israel, Jacob es Israel, y Esaú  representa  a las Naciones paganas, quienes fueron rechazadas por Dios, pero en base a sus idolatrías y rechazo del único Dios, no porque Dios sea arbitrario en  aborrecer a los seres humanos.   En cuanto al amor a Jacob, se está refiriendo a la elección que Dios hizo por Israel, no por las buenas obras de esta nación, sino por gracia y misericordia de Dios.  Pero la elección de Israel jamás significó la reprobación del resto de Naciones, al contrario, Dios eligió a Israel para bendecir al resto de Naciones, pues por medio de ellos vendría el Mesías, como la promesa que le hizo a Abraham “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 12:2).  De igual manera la elección del nuevo Israel, el de la fe,  no puede significar la reprobación del resto de seres humanos, sino que hemos sido elegidos para llevar el mensaje de la salvación a todas las naciones de la tierra.  No caigamos en el error que cayó el pueblo de Israel en muchas ocasiones a lo largo de su historia, de sentirse los únicos amados y elegidos por Dios.

8.                  Conclusión     
Al comenzar este ensayo hemos reconocido que nuestra mente y razón, son demasiado limitadas para entender la mente de Dios. Sin embargo reconocemos que cualquier cosa que enseñemos como doctrina en nuestras congregaciones no puede contradecir lo que la Palabra de Dios ha revelado a cerca de su carácter, Santo, Justo y misericordioso. Por esta razón hemos presentado nuestra manera de acercarnos al misterio de la predestinación, confiando en la justicia y el amor incondicional del Dios que se hizo hombre por todos.
Dicen los teólogos reformados que la diferencia entre un Calvinista y un Arminiano es que el Calvinista da gloria a Dios por su salvación, mientras que el Arminiano se gloría en su propia fe.  Pero si nos gloriamos en nuestra fe nos gloriamos en Dios, quien nos capacita para tenerla y nos da libertad de hacerlo.
Nosotros creemos que la diferencia fundamental, es que el Calvinista cree en un Dios con amor limitado, mientras que el Arminiano cree en un Dios que ama con amor eterno, ilimitado, e incondicional.
El centro de la vida del cristiano es el amor ágape, el amor que se niega a uno mismo por los demás, lo sabemos por toda la Biblia, y lo es, pues así es Jesús, no pensó en el mismo, pensó en nosotros, y nos enseña a seguir su ejemplo.
Preguntémonos ¿Cómo podríamos ser felices con nuestra propia salvación, y hallar contento en una relación vertical con Dios, si creyéramos que allá afuera hay mucha gente condenada al infierno simplemente porque Dios no quiso salvarlos, mientras que a nosotros si?
Pero demos gloria a Dios, que amó al mundo de tal manera que dio su vida para salvarlo.

   

 9.                  Bibliografía:

·                     González, Justo. Historia del Cristianismo, Tomo 1. Miami. Editorial Unilit. 1994
·                     González, Justo. Historia del Pensamiento Cristiano. Nashville. Editorial Caribe. 2002
·                     Bonilla, Yattenciy.  Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos.  Ecuador. Grupo el 
            valle. 2007
·                     Nueva Biblia de Jerusalén.  Bilbao. Editorial Descleé 1998
·                     Sproul, RC. Escogido por Dios. Miami. Editorial Unilit 1993
·                     Palmer, E.H. Doctrinas Claves. Barcelona. Editorial Romanya/Valls, S.A 1997
·                     Barth, Karl. Esbozo de dogmática. España. Editorial Sal Terrae. 1947
·                     Hipona de, Agustín. Confesiones, en formato pdf.  Chile.  Ediciones electrónicas
              El Trauco. 2000










[1] Gonzales, Justo. Historia del Cristianismo. Tomo1. Pag. 221
[2] Gonzales, Justo. Historia del pensamiento Cristiano. Pag 49
[3] Bonilla, Yattenciy. Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos. Pag 101
[4] Gonzales, Justo. Historia del pensamiento cristiano. Pag 165
[5] Sproul, RC. Escogido por Dios. Pag 15
[6] Palmer, E.H. Doctrinas Claves. Pag 175
[7] Palmer, E.H. Doctrinas Claves. Pag 57
[8] Palmer, E.H. Doctrinas Claves. Pag 184
[9] Bonilla, Yattenciy. Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos. Pag 114
[10] Bonilla, Yattenciy, Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos. Pag 108

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