sábado, 25 de junio de 2016

LOS ANABAPTISTAS Y LA REFORMA RADICAL DEL SIGLO XVI

1.                  Introducción 
Uno de los hechos más destacados e influyentes en la historia de la humanidad se dio en tiempos del renacimiento, específicamente en el siglo XVI.  Me refiero a la reforma protestante. 
Y por lo general cuando escuchamos hablar de este hecho resalta el nombre de Martín Lutero, como el gran protestante que dividió a la Iglesia.
Existen otros nombres que salen a la luz como Juan Calvino, Ulrico Swinglio, pero sin embargo con  muchas cosas en común y con ciertos límites en sus protestas y reformas.
Mientras Martín Lutero siguió aceptando ciertas prácticas de la Iglesia Católica que no contradecían a la Biblia. Juan Calvino enseñaba una relación muy estrecha entre la Iglesia y el estado, que en la práctica llevó a que el gobierno civil interviniera mucho en asuntos eclesiásticos, de la misma manera Ulrico Zwinglio  permitió esto en Suiza. Y lo más importante es que estos reformadores estuvieron dispuestos a aceptar el uso de la violencia en muchos casos, como al proteger sus credos religiosos, al perseguir a los que pensaban diferente y establecer estados protestantes.
Aún cuando las reformas propuestas por Zwinglio parecían ir más allá que los otros reformadores, predicando el volver a un cristianismo sencillo como en el Nuevo Testamento, en la práctica fue muy difícil lograrlo. Entonces aparecen otros movimientos reformadores que como han dicho algunos son una doble protesta, tanto en contra de católicos como en contra de los primeros reformadores. Estos iban más lejos al intentar vivir un cristianismo radical al estilo del Nuevo Testamento,  ya que como dice Justo Gonzales  estos grupos señalaban que “ni  el propio Zwinglio llevaba esas ideas a una conclusión lógica”[1]
A estos grupos que se los denominaron anabaptistas es a los que voy a dedicar este ensayo, estudiando un poco de la historia de estos movimientos, analizando sus principales énfasis doctrinales y teológicos y tratando de hacer unas pequeñas reflexiones en aquellos aspectos que pueden ser de importancia para nuestras iglesias hoy.

  1. Breve historia de los movimientos de reforma radical
Durante gran parte de la historia del cristianismo, específicamente luego de la llamada “Constanización”  del siglo IV,  han existido  grupos que han tratado de retornar a las bases de la fe cristiana, como se la encuentra en las Escrituras. Uno de los episodios más importantes de intentos de reforma se dio en la Edad Media, Siglo XII, con algunos grupos llamados también  “órdenes medicantes”[2]   Entre ellas destacan los Valdenses y Albigenses.
Estos eran grupos misioneros que vivían  predicando el regreso a un cristianismo sencillo, en donde las Escrituras son la máxima autoridad, en donde el énfasis es predicar a Cristo a todos los pueblos, y en donde cada miembro de la comunidad es un sacerdote para Dios.  En fin, principios mantenidos por la mayoría de Iglesias evangélicas en nuestros días, y que ya estaban presentes mucho tiempo antes de la reforma del siglo XVI.
Además compartían la característica del cristianismo primitivo de ser perseguidos y por medio de esta persecución crecer en número. Característica también que se vería posteriormente con los grupos anabaptistas.
Algunos de los personajes más sobresalientes en esta época son: Pedro de Bruys, en Tolosa, en el año 1109; Enrique de Quny, en Mans, en el año 1116; Amoldo de Brescia, en Ita­lia, en el año 1135; y Pedro Valdo, en Lyon, en el año 1173.
Es muy posible que el espíritu de reforma radical de estos grupos continuara presente a lo largo de los 4 siglos que siguieron antes de la reforma de Lutero, y que encontró el momento adecuado para renacer al ver que las reformas propuestas por los primeros protestantes no llegaban a ser tan radicales como se esperaba. Y que hacía falta mucho para volver a la vida de los cristianos primitivos.  Ya que  es interesante que esta forma de pensar no comenzó en un lugar específico sino en varios, como dice Justo Gonzales “Estas opiniones aparecieron en diversos lugares en el siglo XVI, al parecer sin que hubiera conexión alguna entre sus diversos focos”[3]  


  1. Los Anabaptistas, una doble protesta
Cuando Lutero y Zwinglio encabezaban la reforma, muchos se dieron cuenta de una diferencia fundamental con el Nuevo Testamento, y era que en este hay un gran contraste  entre la sociedad y la Iglesia.  Mientras que para estos reformadores Iglesia y estado seguían estrechamente ligados.
Fue en Zuritch donde un grupo de creyentes en la reforma comenzaron a pedir a Zwinglio que tome medidas más radicales pero al ver que este rechazaba sus peticiones comenzaron a congregarse por su cuenta, pronto se les dio el nombre de “los hermanos” y se caracterizaron en sus inicios por algunos aspectos importantes, que con el curso de los años tal vez fueron modificados, llevados por otras formas de pensar,  pero al final persistieron en su esencia.  
Estos puntos fueron: El re bautismo, la separación radical de Iglesia y el Estado, el pacifismo, y la aplicación literal del Sermón del monte. 
Posteriormente en este ensayo me centraré en analizar punto por punto.
             A este grupo de hermanos se les dio el nombre de anabaptistas, que significa re bautizadores, ya que ellos se volvían a bautizar, insistiendo en que el bautismo en la infancia no era válido, ya que el verdadero bautismo se caracteriza por la confesión de fe pública y es una decisión de cada creyente.
            No pasó mucho tiempo para que el movimiento Anabaptista se ganara la oposición tanto de católicos como de protestantes y en muchas ocasiones fue perseguido por ambos al considerarlos subversivos. Sin embargo ellos seguían enseñando que el cristianismo protestante no presentaba ningún reto y era simplemente un volver a acomodarse en el mundo en lugar de salir de el.   Son muchos los ejemplos de valor y fe, frente a las torturas y ejecuciones públicas que podemos encontrar en los libros a cerca de los anabaptistas.
            Aunque fueron muchos los anabaptistas destacados de este tiempo la mayoría de autores consideran a Conrad Grebel (1498-1526) y Hans Denk (1500-1527) como típicos líderes en este tiempo[4].
            Con el transcurso del tiempo el pacifismo original de los anabaptistas se fue olvidando, debido en parte a la gran presión ejercida por sus enemigos, y al resentimiento popular, y comenzó un movimiento de anabaptistas revolucionarios.
A partir de ese momento muchas fueron las ramas en las que se dividió el movimiento, lleno de algunas creencias totalmente contrarias al anabaptismo original, sin embargo en este ensayo no me detendré a analizar todas estas corrientes sino que me centraré en el movimiento como quedó nuevamente establecido, volviendo al espíritu pacifista de sus comienzos,  especialmente  en la rama de los Menonitas, quienes persisten hasta nuestros días con el mensaje de paz y de volver a las raíces del cristianismo.

  1. Los Menonitas
Luego de pasado el tiempo de los anabaptistas revolucionarios, estos desaparecieron y continuaron en la historia los pacifistas originales. Y en este tiempo surge un líder, Menno Simons, quién toma la posta y organiza el grupo que se conoció posteriormente como Menonitas.
Voy a hablar un poco de la biografía de Menno Simons y para esto me he basado en algunas fuentes,  pero principalmente he tomado como referencia el libro “Menno Simons su vida y escritos” de John Horch y Harold. S. Bender.
Menno nació en 1496 en la aldea de Witmarsum, sus padres desde muy pequeño lo consagraron al cuidado de un monasterio en donde se ejercito en teología y en los demás hábitos típicos de un monje. En 1524 a los 28 años fue ordenado sacerdote en Holanda.
Durante el tiempo de su sacerdocio Menno comenzó a tener ciertas dudas acerca de la Santa Cena, y de la doctrina de la transubstanciación. Y por esta razón poco a poco fue aceptando el pensamiento reformado de Lutero. Pero con el tiempo sus dudas aumentaron y comenzó a cuestionar el bautismo de los niños que tanto católicos como protestantes practicaban.
Con el tiempo comenzó a relacionarse con las doctrinas anabaptistas, luchó en contra de los anabaptistas revolucionarios y aceptó la doctrina de paz de los anabaptistas originales. Parece que fue en un mes de abril de 1535 que rompió definitivamente con la Iglesia Católica.
Desde entonces se convirtió en el líder más destacado de los anabaptistas y hoy sus seguidores llevan su nombre, Menonitas, aún cuando como ellos mismo reconocen el no fue su fundador ya que consideran su origen con las Iglesias anabaptistas de Grebel[5]. Pero sin embargo fue quien supo dirigir la Iglesia en tiempos de gran persecución y dificultad desde 1535 hasta 1560.

  1. Principales énfasis teológicos
Ya he mencionado algunas veces en este ensayo que los anabaptistas fueron más allá que los reformadores en muchos aspectos teológicos y de vida cristiana, por eso fueron llamados una doble protesta.
Ahora trataré de identificar los principales puntos y por qué fue que ellos fueron más radicales al respecto.
La primera característica que salió a la luz, aunque no era la más importante para ellos fue la decisión de rebautizarse, esto se basaba en el hecho de que para ellos el bautismo era una decisión personal, basada en la convicción de querer ser parte de la comunidad cristiana, y por ello un niño no puede ser bautizado.
Esto deriva o es producto de otro conflicto entre protestantes y anabaptistas que es la cuestión de la fe. Mientras que Lutero argumentaba que un niño puede ser bautizado ya que no se puede basar el bautismo sobre la fe, ya que la fe procede de Dios caso contrario sería una obra humana.  Los anabaptistas en cambio hacían hincapié en que la fe necesariamente tiene que ser una decisión humana, unida al arrepentimiento.  Es decir estos argumentaban que mientras para los reformadores Jesús era solamente Salvador, en base a la “sola fe” de Lutero. Para ellos no se podía separar a Jesús Señor de Jesús Salvador.
La reflexión que han hecho algunos autores anabaptistas es que mientras que Lutero protestaba en contra de las indulgencias y proclamaba la “sola fe”, estaba convirtiendo esta enseñanza en una “indulgencia protestante” para pecar [6].
Aunque esta aseveración puede que no sea del todo exacta, en la práctica se vivía eso.  Y creo que es muy importante también hoy preguntarnos de que manera nuestra gente esta asimilando la enseñanza de la “sola fe”.
Ya que incluso el gran teólogo luterano Dieritch Bonhoeffer  en su tiempo hablaba de los peligros de la que el llamaba la “gracia barata”.  El dice: “La gracia barata es la predicación del perdón sin requerir el arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la comunión sin la confesión, la absolución sin la contrición. La gracia barata es la gracia sin el discipulado, gracia sin la cruz, gracia  sin Jesucristo, viviente y encarnado”[7] y también opinaba  que el ir en contra de la gracia barata fue la herejía de la que acusaban a los anabaptistas. 
Otro de los aspectos muy importantes en los que diferían de los reformadores fue la relación entre Iglesia y Estado.  Los protestantes pensaban que al convertirse un estado a la fe reformada, todos los habitantes tenían que obligatoriamente aceptar la nueva fe, y en la práctica todo el estado terminaba siendo parte de la iglesia.  Pero los anabaptistas pensaron diferente, creían que la Iglesia no debía estar asociada en nada con el estado, y la misma debía estar conformada solamente por personas que libre y voluntariamente decidan por fe y compromiso ser parte de ella, viviendo una vida de santidad, de entrega y obediencia a Cristo y sus mandamientos. Todo esto daba como resultado el énfasis misionero y de predicación del evangelio que estas comunidades vivían.  
Por último quiero mencionar un aspecto que a mi forma de pensar es el más importante y destacado en la vida y creencias de las comunidades Menotitas y es el pacifismo radical.
Desde muy temprano en la historia de la iglesia cristiana especialmente en tiempos del emperador Constantino se comenzó a desarrollar el famoso concepto hecho famoso por Agustin de Hipona, de la “Guerra santa”. Y se comenzó a justificar la violencia, cuando supuestamente el fin era de bienestar del Reino de Dios.
Un ejemplo muy claro de esto fue cuando Costantino con base en una supuesta visión manifestó que con el símbolo de la cruz vencería a sus enemigos. De ahí en adelante la historia ha estado llena de guerras y matanzas con el fin de “cristianizar” a otros pueblos.
Las etapas de mayor vergüenza en esta historia de una institución que se llamaba cristiana han sido las Cruzadas y la muy temida Inquisición.  Pero lo interesante es que luego de la reforma los estados protestantes siguieron haciendo uso de la violencia para defender sus creencias, para defender sus posesiones,  en fin para callar a los que piensan diferente.  Apoyados en parte por las enseñanzas de Lutero  y  Calvino.  Recordemos la famosa ejecución del hereje Serveto, con la aprobación de Juan Calvino.
Es en medio de este ambiente que los primeros anabaptistas y los menonitas posteriormente, comenzaron a predicar el pacifismo radical, basados en una interpretación literal de Mateo 5-7,  “El Sermón del Monte”. Y llegaron a la conclusión de que un cristiano no puede bajo ningún motivo responder con violencia ante sus adversarios, pues uno de los mandamientos más importantes de Jesús es el amor a los enemigos. Por causa de esto, este grupo fue perseguido, y martirizado muchas veces.
Desde ese tiempo en adelante los grupos menonitas han estado siempre en contra de toda clase de violencia, se han reusado por conciencia participar en el sistema militar de cualquier estado, prestar juramentos de defender a su nación y participar de cargos públicos. Insistiendo siempre en que “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”

  1. ¿Hace falta hoy una reforma radical?
Han pasado ya algunos siglos desde que Lutero comenzó con su movimiento de reforma y desde que las comunidades anabaptistas protestaron radicalmente en contra de esto.
Los tiempos han cambiado mucho, las denominaciones cristianas son demasiadas. En nuestro país, Ecuador, ya no existe una relación estrecha entre Iglesia y estado con excepción de la Iglesia Católica.  La guerra no es una característica central de la vida entre naciones, la mayor parte de iglesias evangélicas han adoptado la costumbre anabaptista del bautismo de adultos.
Sin embargo, nuestra sociedad está llena de violencia en diferentes niveles, las oportunidades de participar en la vida política de nuestra nación son cada vez mayores para la iglesia protestante, al punto de que pastores evangélicos ya han sido candidatos a presidentes de la república, y  muchos cristianos  se encuentran en altos cargos púbicos.
La Iglesia Evangélica cada vez se ha vuelto más popular, al punto de que la música de artistas cristianos está de moda incluso en contextos seculares, llenando coliseos, ganando premios Gramy.  En fin, parece que ser cristiano ahora es lo “último” o lo más “cool” como dicen los jóvenes.
Con todo esto en mente hace falta plantearnos la pregunta: ¿hace falta hoy una reforma radical?  
Uno de los problemas más grandes que sufrió la cristiandad fue cuando el emperador de Roma decretó que todo el imperio tenía que ser cristiano en el siglo IV, entonces los bautismos eran tantos que no alcanzaban los ministros para realizarlos, ser cristiano se convirtió en algo muy fácil,  ya que la persecución había terminado,  y de esta manera y poco a poco la Iglesia ya no era algo diferente del resto de la sociedad y estaba mesclada con la misma.
Hoy estamos en el peligro de que lo mismo suceda, ser cristiano también es muy fácil hoy, solo hace falta asistir a una iglesia evangélica.  Nuestro mensaje invita a la gente a venir a Cristo, y muchas veces de manera consciente o inconsciente, ofrecemos que la vida será más fácil con Jesús,  y ni que decir de la popular doctrina de la prosperidad de algunas iglesias que ofrecen riquezas por ser cristiano. Y por estas razones parece que poco a poco la diferencia entre Iglesia y el resto de la sociedad se está perdiendo. 
Pero cuando analizamos la manera en que Jesús proclamaba su mensaje nos encontramos con que las demandas son muy grandes para aquellos que aceptan su llamado.  Recordemos cuando alguien le dice a Jesús: “Maestro,  te seguiré adondequiera que vayas, Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas,  y las aves del cielo nidos;  mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”[8]
Aquí vemos un Jesús que muy al contrario de lo que haríamos nosotros cuando alguien le pide seguirle el le dice, que lo piense bien, le advierte que la vida va a ser dura.
            A otro que le dijo lo mismo Jesús le respondió: “Ninguno que pone la mano en el arado y luego mira atrás, es digno del Reino de Dios”[9]  y a otro “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tu ven y sígueme”[10]
            En definitiva cualquiera que decida ser discípulo de Jesús, es decir, ser parte de la Iglesia, tiene que estar consciente, de que las demandas son muchas y de que se tiene que renunciar a muchas cosas por eso.
            Es muy interesante notar que hoy cuando la gente identifica a los evangélicos en nuestra sociedad, se refiere como a aquellos que “no fuman, que no toman o que no bailan”, es decir de alguna manera si nos diferenciamos, pero debemos ponernos a pensar si la razón por la que nos diferenciamos es necesariamente la razón por la que quiere Dios que nos diferenciemos. Cuando Jesús fue muy claro al decir que la gente reconocería que somos sus discípulos si “nos amamos los unos a los otros”.
Tenemos que hacer una reforma radical en nuestros corazones y entender que la Iglesia está llamada a salir de la sociedad, a no ser parte de lo mismo, a marcar una diferencia en su manera de vivir. Para que al final la gente diga “esos son los evangélicos, los que aman”.
Vivimos tiempos llenos de violencia, y la pregunta de ¿Cómo reacciona un cristiano frente a la violencia? Ha tenido varias respuestas, y confieso que no es un asunto  fácil de tratar y muchas veces se lo debe analizar teniendo en cuenta el contexto.  Recordemos al conocido Diertich Bonhoefer quien dentro de sus enseñanzas de optar por el mal menor para impedir un mal mayor llegó a estar de acuerdo con matar a Hitler.
Sin embargo en nuestro día a día podemos encontrarnos con mucha gente que nos hace daño, y en cada momento podemos decidir cómo reaccionar, y recordar las enseñanzas del maestro, quien nos pide “mostrar la otra mejilla” “no devolver mal por mal” “amar a los enemigos” etc. Y lo que es más importante recordar que Jesús mismo vivió esto en su vida al orar y pedir perdón por los que le lastimaban. Y que la cruz a más de ser el instrumento de nuestra salvación  es también el ejemplo que él nos da de cuál debe ser nuestra actitud frente a los demás.  (Filipenses 2:5-9)
En cuanto a la participación de un cristiano en el sistema militar, también han existido muchos debates al respecto.  Han salido a la luz algunas noticias alarmantes, al escuchar de pastores conocidos que han pedido el asesinato de algún presidente de un país, otros que han apoyado y aconsejado al presidente Bush en su guerra con Irak.  En fin, pueden ser varias las opiniones al respecto.  Pero para mí, parece increíble  que como cristianos olvidemos o relativicemos el mandamiento de “no matar” justificando la guerra, que sea cual sea la justificación, siempre tendrá como resultado la muerte de seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios. 
Recordemos que uno de los ideales divinos es que sus hijos “no se adiestren más para la guerra” [11] hermosa frase de Isaías, que independientemente de a qué tiempo se refiera refleja el deseo del corazón de Dios para su Reino, y me pregunto si ¿no es el deber de la Iglesia ahora vivir conforme a los valores del Reino de Dios?
Es muy bueno que en nuestro país se haya suspendido en la nueva constitución la obligatoriedad de la participación en el cuartel para todos los ciudadanos.  Pero si no fuera así, si el estado obligara a participar en el sistema militar, creo que deberíamos decir como las comunidades anabaptistas citando a los apóstoles del libro de Hechos “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”
Recordemos que el Reino de Dios es paz, Jesús es príncipe de paz, y dice: “Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios” y “Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz”


  1. Conclusión
 Al estudiar sobre la historia de los anabaptistas para escribir este ensayo me he encontrado con innumerables relatos de valentía frente a la persecución y a la tortura, similares a los vividos por la Iglesia en los primeros siglos. 
También he descubierto que no eran comunidades perfectas ya que algunas de sus doctrinas nunca fueron claras y limitaban bastante con las herejías, especialmente sus creencias escatológicas y las doctrinas menonitas de la encarnación de Jesús eran un poco dudosas.
Sin embargo fueron personas que supieron defender su fe hasta con su vida.  Eran personas que eligieron segur un camino angosto para vivir su fe. 
Jesús dijo que solo había dos caminos  el ancho y el angosto.
¿Cuál seguiremos nosotros?



 8.                  Bibliografía:

·                     González, Justo. Historia del Cristianismo, Tomo 1. Miami. Editorial Unilit. 1994
·                     González, Justo. Historia del Cristianismo, Tomo 2. Miami. Editorial Unilit. 1994
·                     González, Justo. Historia del Pensamiento Cristiano. Nashville. Editorial Caribe. 2002
·                     John Horch y Harold. S. Bender. Menno Simons su vida y Escritos.   Argentina. Lampara y Luz. 2005
·                     Mc Grath R. William. The Anabaptists, Neither Catolllics nor protestants. EEUU. Lamp and Light. 2004
·                     Bonilla, Yattenciy.  Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos.  Ecuador. Grupo el 
            valle. 2007
·                     Nueva Biblia de Jerusalén.  Bilbao. Editorial Descleé 1998









[1] Gonzales Justo “Historia del Cristianismo Tomo 2” Pag 65
[2] Gonzales Justo “Historia del Cristianismo Tomo 1” Pag 411
[3] Gonzales Justo “Historia del Cristianismo Tomo 2” Pag 66
[4] Gonzales Justo “Historia del Pensamiento Cristiano” Pag 91
[5] John Horch y Harold. S. Bender. Menno Simons su vida y Escritos.   Pag 59

[6] Mc Grath R. William. The Anabaptists, Neither Catolllics nor protestants. Pag 30
[7] Mc Grath R. William. The Anabaptists, Neither Catolllics nor protestants. Pag 31

[8] Mateo 8: 19-20
[9] Lucas 9:62
[10] Mateo 8:21
[11] Isaías 2:4

No hay comentarios:

Publicar un comentario