sábado, 25 de junio de 2016

LOS DIRIGENTES DE LA IGLESIA, GUÍAS DEL PROCESO DE PACIFICACIÓN


1.                  Introducción
“El Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).
Estas palabras escritas por el apóstol Pablo, reflejan una de las características más importantes de  cómo debe ser el Reino de Dios.  Debe ser paz, por medio del Espíritu Santo.
Entonces surge la pregunta, ¿Por qué en la Iglesia de Dios, que es el lugar en donde comenzamos a vivir el Reino, no existe una paz como quisiéramos que exista? ¿Por qué aún vivimos en chismes, contiendas, peleas entre hermanos? Incluso de manera externa, ¿Por qué no podemos llevarnos bien entre denominaciones cristianas?

Si bien es cierto gran parte de las respuestas a estas interrogantes las encontramos  en el corazón del ser humano, el cual está todavía contaminado con la naturaleza pecaminosa, y se encuentra en un proceso de discipulado y de crecimiento mediante el Espíritu de Dios.  Entonces, si cada cristiano necesita recorrer un camino de aprendizaje para en el día del Señor llegar a ser como él.  ¿Cuál debería ser la responsabilidad de los dirigentes de la Iglesia en la pacificación de la misma? ¿Están los líderes de la Iglesia hoy haciendo lo que es necesario para que el pueblo de Dios pueda vivir en paz?

En este ensayo trataremos de responder a estas preguntas y para esto haremos un pequeño análisis de lo que en la Biblia significa paz, buscaremos las respuestas bíblicas sobre las responsabilidades de sus líderes, y sobre todo esto, analizaremos como podemos seguir el ejemplo  de Jesús, el pacificador por excelencia.

“Bienaventurados los pacificadores porque  ellos serán llamados Hijos de Dios” (Mateo 5:9)
Increíble es la promesa que en este verso hace  Jesús, ser llamados hijos de Dios. Promesa hecha a aquellos de su pueblo que cumplen cierta característica, ser pacificadores. 

            Si ser pacificador es algo tan importante en el Reino de Dios debemos comenzar por analizar, Que es la pacificación en un contexto bíblico.  

2.                  ¿Qué es la pacificación?

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres……..” (Lucas 2:14)

Cuando Jesús nació un coro de ángeles entonó un himno celestial en el cual prometía paz a la humanidad.    Pero ¿Qué querían decir con esta paz? Porque dos milenios luego de eso todavía no hemos alcanzado la paz prometida.

Vivimos en una cultura en la que el concepto de  paz se ha limitado a la ausencia de violencia, o de guerra.  Pero debemos analizar cuál era el concepto de paz para los escritores bíblicos tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento.

Los Judíos tenían una palabra muy importante para ellos que es Shalom, la que en nuestras biblias ase traduce por paz, pero el significado que los antiguos hebreos le daban era muy profundo. Cito para esto a Juan Mateos:

“La paz no es solamente lo que nosotros llamamos que no haya guerra. La paz significa la prosperidad, las buenas relaciones humanas, el derecho y la justicia. Es decir la felicidad del hombre. No que haya solo dos reconciliados” [1]     

En el Segundo libro de Reyes, en el capítulo nueve, se cuenta la historia del rey Joran que cuando vio que se acercaba Jehú a Israel, mando a preguntar con sus caudillos si había paz, y luego de varias preguntas recibe la respuesta de Jehú, “¿Cómo puede haber paz con tantas idolatrías y hechicerías de tu madre Jezabel?”

Es decir para Jehú, para Eliseo quien lo ungió en esta historia, y para Dios mismo la paz no es solamente la ausencia de violencia sino también el vivir la vida conforme a las estipulaciones del Pacto.

Con todo esto en mente debemos tomar en cuenta que los autores del Nuevo Testamento, al hablar sobre la paz de Dios debieron tomar en cuenta este concepto de paz (Shalom) o sea de bienestar integral del ser humano.

Entonces cuando Jesús dice “Bienaventurados los pacificadores” esta diciéndonos, que son bienaventurados aquellos que luchan cada día por el bienestar de los demás. Que hacen todo lo posible para que otros sean felices, en lugar de velar  por sus propios intereses.

Esa es la vida que debe vivir la Iglesia, la paz de Dios, y la manera de llevarla a cabo es por medio del amor, de la manera en que Jesús la vivió, de la manera en que Jesús nos enseñó.

Solo el amor de Dios hace posible que el ser humano pueda vivir la excelencia de la paz anhelada, ya que el concepto de amor también ha sido mal entendido muchas veces como una simple manifestación emocional, quiero citar al doctor Yattenciy Bonilla, quien hace una exegesis de la palabra “ágape” para probar la relación muy estrecha entre amor y pacificación.

“El amor agapao era un amor muy poco usado en la literatura y pensamiento griego, Este término tiene dos raíces: El lexema ag que significa yo, y el Pao que significa clavar un puñal, morir o dejar de ser, para que otro sea, sacrificarme por otros. Ese es el amor que Jesús vivió y que hoy espera que nosotros vivamos” [2]

Citemos unos versículos bíblicos que nos hablen de la paz en la Iglesia:

Si hay allí algún hijo de paz,  vuestra paz reposará sobre él;  y si no,  se volverá a vosotros”. (Lucas 10:6)

"La paz os dejo,  mi paz os doy;  yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”. (Juan 14:27)

“¿Y cómo predicarán si no son enviados?  Como está escrito:  "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz,  de los que anuncian buenas nuevas!" (Romanos 10:15)

“Si es posible,  en cuanto dependa de vosotros,  estad en paz con todos los hombres”. (Romanos 12:18)

Por todo esto vemos que el ser pacificador es una característica esencial para todo aquel que quiere formar parte del pueblo de Dios. Y si Dios ha puesto en su Iglesia dirigentes con diferentes  responsabilidades. ¿Cuáles son sus funciones específicas en cuanto a la pacificación? ¿Cómo deben contribuir para que el Reino de Dios viva la paz anhelada?

En el próximo capítulo veremos un poco a cerca de las responsabilidades de los líderes de las iglesias para luego relacionarlo con la pacificación.


3.                  ¿Quiénes son los dirigentes de la Iglesia?

“Y él mismo constituyó a unos,  apóstoles;  a otros,  profetas;  a otros,  evangelistas;  a otros,  pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,  para la edificación del cuerpo de Cristo,” (Efesios 4: 11-12)

El apóstol Pablo dice que Dios en su gran misericordia decidió establecer líderes en la Iglesia con el propósito de perfeccionar a los santos, y edificar el cuerpo de Cristo. Entonces si el ideal del Pueblo de Dios es llegar a vivir en paz unos con otros, es en estos hombres que descansa gran parte de la responsabilidad de guiar a la Iglesia en el proceso de pacificación.

El Nuevo Testamento da especial consideración a dos tipos de dirigentes de la Iglesia, ancianos y diáconos. Pero en este ensayo daré especial consideración a los denominados ancianos en quienes descansa la responsabilidad de la enseñanza y la edificación. Cabe recalcar que estos también son los que en otros lugares se los llama pastores u obispos.

Para Explicar un poco el origen de este ministerio voy a citar a Dan Vander Lugt en el libro “¿Quién reúne las condiciones para ser un líder de la Iglesia?”

“En los tiempos del Antiguo Testamento, un anciano era un hombre mayor que desempeñaba una posición de liderazgo en una familia o tribu…….. Estos hombres por virtud de su edad y experiencia eran hombres respetados. En los tiempos del Nuevo Testamento, durante los comienzos de la Iglesia, la edad de una persona era también un punto a considerar. Aunque los estudiosos de la Biblia no se ponen de acuerdo en la edad mínima para que una persona sea nombrado anciano se suele creer que era a los treinta años”.[3]

En las epístolas de Timoteo y Tito Pablo habla mucho de las características que deben tener estos hombres, y hace mucho énfasis en ellas ya que la iglesia debe tener mucho cuidado al reconocer a alguien como líder, ya que le está dando mucha autoridad en su vida, autoridad que viene de parte de Dios.  Y que se ha demostrado en varios ejemplos en los que Pablo interfiere en asuntos personales de los hermanos, cuando estos no están viviendo conforme a los valores del Reino de Dios, y se ha tomado la libertad en alguna oportunidad de disciplinar a estas personas.

  Queda muy claro que la mayor parte de las responsabilidades de estos dirigentes  es guiar, enseñar, en fin edificar y capacitar al Pueblo de Dios. Y al utilizar la metáfora del pastor la Biblia deja muy en claro que los dirigentes de la Iglesia a diferencia de cualquier otro líder a nivel secular, tienen la responsabilidad a más de dirigir de cuidar y velar por el bienestar de sus ovejas.
Jesús dice claramente aunque refiriéndose a el mismo, como modelo de líder que el buen pastor “su vida da por las ovejas”  (Juan 10:11)

Por esta razón es muy importante tener en cuenta como Jesús comunicó la pacificación a su pueblo.


 4.                  Jesús modelo de pacificador

La vida de Jesús de principio a fin fue un ejemplo de pacificación, y en todas sus enseñanzas se ve reflejada la importancia que el daba a la relación entre seres humanos, y al amor incondicional.
La muestra más significativa de sus enseñanzas las podemos encontrar en Mateo 5,6 y 7, el Sermón del Monte.
Aquí juegan un papel muy importante, el mostrar la otra mejilla (Mateo 5:39), el amor a los enemigos (Mateo 5:44). En fin, conceptos muy revolucionarios para la época  y que expresan la magnitud del amor que Jesús demanda.

Dionisio Byler, escritor menonita, resume el mensaje del Sermón del Monte de la siguiente manera:
“Mi generosidad no es el fruto de mi bondad, sino el derecho de mi hermano necesitado. El que no es generoso es un violador de derechos humanos. Es un violento. No está en paz con su prójimo y por lo tanto tampoco está en paz con Dios”[4]

Pero más allá de sus enseñanzas podemos ver que Jesús vivió la pacificación como ejemplo que debemos imitar.  Está claro en todas las Escrituras que Jesús quería que nos pareciéramos a él, y al mismo tiempo la Biblia nos dice en cada momento en que áreas de la vida es importante la imitación de Cristo, por ejemplo:

“Abandonen toda amargura,  ira y enojo,  gritos y calumnias,  y toda forma de malicia.
Más bien,  sean bondadosos y compasivos unos con otros,  y perdónense mutuamente,  así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. (Efesios 4:31-32)

Queda claro aquí que el perdón es parte de la imitación a Cristo.

“Por tanto,  imiten a Dios,  como hijos muy amados, y lleven una vida de amor,  así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.” (Efesios 5:1,2)

Aquí podemos ver el amor y la entrega como parte de la imitación del carácter de Jesús.

Cuando pensamos en como Jesús vivió la pacificación queda muy claro que el fue hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte.

 En nuestro tiempo al pensar en la cruz de Cristo, recordamos con mucho agradecimiento el sacrificio que él hizo por nosotros, Increíble verdad,  sin embargo, recordamos constantemente, como líderes y pastores, que la cruz también puede ser un ejemplo de liderazgo.

Cito nuevamente a este pastor Menonita:
“La cruz para Jesús no fue un símbolo religioso. Fue un instrumento de tortura con el que prefirió morir en lugar de defenderse en contra de los enemigos que le atacaban” [5]

Jesús es nuestro modelo de pastor, de dirigente en la Iglesia. Y vemos que él hizo lo posible por edificar a sus discípulos, no solo con sus enseñanzas, las cuales siempre fueron las precisas, sino también con su vida mismo, siendo consecuente con lo que enseña, compartiendo incluso muchas veces lo que siente, lo que piensa, siendo uno más, amando y sirviendo a los otros, no sintiéndose superior, sino lavando los pies de sus amigos.


5.                  Algunos pensamientos sobre la responsabilidad pastoral
   
            Una imagen interesante a cerca de la manera de pastorear hoy en día, y la manera de pastorear de Jesús la podemos encontrar entre el escritorio y la meza.

 La pastoral de hoy en día es una pastoral de escritorio, en donde llega el hermano con problemas, encuentra un pastor con una elegante corbata, en donde el escritorio marca una separación importante, y un gran límite en la apertura que tendrá este hermano con este pastor, al cual no conoce muy bien y lo siente muy distante.

Jesús por otro lado no tenía un escritorio, ni un lugar designado para la consejería, él enseñaba a la multitud en la mesa, mientras compartía los alimentos, mientras se involucraba íntimamente con cada uno de sus discípulos, mientras vivía con ellos y caminaba con ellos.
Así los pastoreaba, y así deberíamos pastorear hoy.     


6.      Los pastores y la pacificación

Después de analizar de una manera breve como Jesús vivió la pacificación, solo nos queda preguntarnos.

¿De qué manera estamos viviendo hoy,  la pacificación al estilo de Jesús?

¿Son las enseñanzas dominicales siempre pertinentes y dando la importancia debida a las correctas relaciones humanas?

¿Damos la debida importancia al amor, en su verdadero concepto bíblico de entrega incondicional, o lo limitamos también a un bonito sentimiento?

Y lo que es más importante
¿Encarnamos el amor de Jesús en nuestras vidas cada día?


Alfred Poirier en su libro “El Pastor pacificador” afirma que hoy en día los pastores han manejado mal la pacificación ya que se han dejado llevar por falsas ideas como que la pacificación es solo un instrumento del ministerio en lugar de un hábito de vida. Se cree falsamente que la pacificación debe ser correctiva y no instructiva, y se ha tratado este tema por diferentes ideologías y no por medio de la Escritura. [6]

Pero si llegamos a entender que la paz es parte fundamental de Reino de Dios, sabremos darle la importancia que se merece, en la liturgia, en los sacramentos, en la enseñanza, y lo que es más importante, en el día a día de nuestras vidas.


7.                  Conclusión

“Mi paz les dejo, mi paz les doy” (Juan 14:27)
“Apártese del mal y haga el bien;  busque la paz y sígala”. (1 Pedro 3:11)

La paz es el bienestar integral del ser humano. Jesús ha prometido esa paz para sus hijos, y Pedro nos llama a buscarla apartándonos del mal.

Como pastores estamos llamados a velar siempre por el bienestar de nuestro rebaño. Esto no quiere decir de ninguna manera que solo los pastores sean los responsables de vivirla. Pero si recae la responsabilidad de comunicarla constantemente para que cada cristiano y miembro del Pueblo de Dios pueda también vivirla y sea también instrumento de paz en el Reino de Dios. 

  

8.                  Bibliografía:

·                    Mateos, Juan, “El Sermón del Monte” , Quito-Ecuador,  Editorial Tierra Nueva. 2001

·                Bonilla, Yattenciy “Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos”, Ecuador, Grupo el Valle. 2007

·                Vander Lugt, Dan. “Quien reúne las condiciones para ser un líder de la Iglesia”, USA, Grand Rapids, 1997

·                Byler, Dionisio. “Jesús y la no violencia” Barcelona, Editorial Clie, 1993

·                Poirier, Alfred. “El pastor pacificador”. Miami, Florida, Editorial vida. 2008


·                    Microsoft® Student 2008 [DVD]. Microsoft Corporation, 2007.







[1] Mateos, Juan “El Sermón del Monte”, Pag 40
[2] Bonilla, Yattenciy, “Cristo y el cristianismo, dos grandes enemigos” Pag 114
[3] Vander Lugt, Dan, “Quien reúne las condiciones para ser un líder de la Iglesia?. Pag 2
[4] Byler, Dionisio. “Jesús y la no violencia” Pag 17
[5] Byler, Dionisio. “Jesús y la no violencia” Pag 20

[6] Poirier, Alfred. “El Pastor Pacificador” Pag15

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