martes, 7 de junio de 2016

Prédica - ¿Cómo correr la carrera de la Vida? - Filipenses 3:12-14


Introducción
¿Cuántos de ustedes se han hecho propósitos cada que comienza un nuevo año?
Personalmente siempre tuve la costumbre de cada lunes proponerme hacer ejercicio y por lo general este propósito no me duraba más que hasta el miércoles.  Solamente desde hace un tiempo atrás que comencé a hacer deporte solamente por recomendación médica debido a mis problemas de salud.  
Cuando he salido a correr me di cuenta que no es fácil, que hay que perseverar aún cuando uno ya este cansado. Y me di cuenta que no hay nada mejor que completar el recorrido propuesto y sentir la satisfacción de haberlo logrado.

La vida cristiana es como una carrera en donde hay una meta, una ruta, y un premio por alcanzar. Vamos a analizar un texto en donde Pablo compara la vida cristiana con una maratón

Filipenses 3:12  No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.
3:13  Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante,
3:14  sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.

Pablo en este pasaje compara la vida cristiana con una carrera. Vamos a analizar cada uno de los aspectos de la misma.

1.- ¿Cuál es la meta?
En el versículo 12 Pablo dice que su meta es alcanzar aquello por lo cual Cristo le alcanzó. Pero ¿Qué es aquello por lo cual Cristo Jesús le alcanzó?
Pablo sabía que cuando Jesús se le reveló en el camino a Damasco fue porque tenía un propósito para él y de la misma manera Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. La Biblia dice que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, lastimosamente esta se dañó por causa del pecado. Y es por esta razón que Dios envió a Jesús al mundo para pagar el precio de nuestros pecados y para mostrarnos cómo es la verdadera imagen y semejanza de Dios. La Biblia dice que Jesús es la fiel imagen de lo que Dios es.
Por todo esto podemos ver que el propósito de Dios en nuestra vida es restaurar en nosotros su imagen y semejanza. Dios nos creó para llegar a ser cómo Jesús, esa es la meta. Eso es el propósito del discipulado.

Cuando tenemos a Jesús como el centro de nuestra vida, sabemos a dónde vamos, sabemos que cada día debemos vivir nuestra vida imitando cada vez más a Jesús en todo. Su amor, su compasión, su humildad, su servicio, su mansedumbre, su santidad, su compromiso con la voluntad de Dios etc. 
2.- ¿Cómo llegar a la meta?
El versículo 13 nos da la clave.

        2.1.- Reconocer lo que nos falta
Pablo dice “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto”. Esto quiere decir que, uno de los más grandes cristianos de todos los tiempos, reconocía que todavía le faltaba mucho por hacer para llegar a la meta que Dios nos ha dado.
Entonces de igual manera en nuestras vidas, para poder llegar a la meta de la vida cristiana debemos reconocer que todavía nos falta mucho que cambiar. Esto es humildad, recordemos que Dios resiste a los orgullosos y da gracia a los humildes.  
En Marcos 10:17-31 La Biblia nos cuenta una historia:
Un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó ¿Qué tenía que hacer para heredar la vida eterna? Jesús le respondió que guardara los mandamientos, a lo que este prosiguió diciendo que todos los ha guardado desde su juventud.  Pero las Palabras de Jesús luego de esto son las que me impactan. Ya que él le dice: “Aún te falta una cosa”.
No importa lo bien que pensemos que estemos en nuestra vida y en nuestra relación con Dios. Él siempre nos va a decir “Aún te falta una cosa”. Cada uno de nosotros sabemos cuál es esa cosa.

Cada vez que abrimos nuestra Biblia nos damos cuenta de lo mucho que nos falta todavía. La vida cristiana es como un caminante que mira el horizonte pero cuando llega se da cuenta que el horizonte es más allá.  Existe un dicho popular que dice: “La satisfacción es la tumba del progreso” Ya que cómo cristianos nunca debemos sentirnos satisfechos de quienes somos, el momento que lo hacemos dejamos de crecer. En ese momento dejamos de lado el propósito del discipulado.

La meta de la vida cristiana, de llegar a ser cómo Jesús, es algo por lo que vamos a luchar toda nuestra vida,  la obra de nuestra santificación se perfeccionará el día que Jesús regrese así como dice   Filipenses 1:6 “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.”

     
      2.2.- Olvidar lo que queda atrás
Luego Pablo prosigue y dice: “Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás”
En la carrera de la vida cristiana hay muchas cosas que van quedando atrás. Lo primero que debe quedar atrás es nuestra vieja naturaleza, es decir, el pecado.
Efesios 4:22  Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos;
4:23  ser renovados en la actitud de su mente;
4:24  y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.

También implica dejar atrás las cosas que antes creíamos que daban valor a nuestra vida y ahora sabemos que no son lo más importante. Pablo mismo en los versículos anteriores habla de lo que él era antes de ser cristiano:
Filipenses 3:4 Aunque también yo tengo de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:
3:5 fui circuncidado al octavo día, y soy del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín; soy hebreo de hebreos y, en cuanto a la ley, fariseo;
3:6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que se basa en la ley, irreprensible.
3:7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida, por amor de Cristo.
3:8 Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo

Pablo comprendió que como cristianos lo único que debe dar valor o significado a nuestra vida es Cristo. No nuestros triunfos, ni nuestros logros, ni nuestras posesiones.
   
       2.3.- Esforzándonos por seguir adelante
Prosigue Pablo diciendo: “Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante” Usando la imagen de un atleta que se extiende hacia adelante para cruzar primero la meta. Es decir, para llegar a la meta en la vida cristiana debemos esforzarnos. Pero teniendo en cuenta que no se trata solamente de esfuerzos meramente humanos ya que nuestros esfuerzos por si solos por lo general no nos ayudan a avanzar mucho en los propósitos de Dios. No es como los propósitos de año nuevo que a veces no nos duran ni una semana. Mas bien la obra de nuestra santificación es la obra que el Espíritu de Dios realiza en nosotros a medida que nosotros nos esforzamos por estar con Jesús y permanecer con él.
Jesús usa la imagen de la vid y las ramas para ilustrar esta realidad:
Juan 15:1  »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
15:2  Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.
15:3  Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.
15:4  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
15:5  »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.
15:6  El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.
15:7  Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá.
15:8  Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos.

De esto se trata el discipulado, permanecer con Jesús, por medio de los hábitos espirituales. Quiero citar a Rick Warren cuando dijo: “El Espíritu de Dios utiliza la Palabra de Dios para hacernos como el Hijo de Dios”.
Esforzarnos significa que no vamos a perder de vista a Jesús.  Nuestra mirada siempre debe estar adelante. Por eso dice: “y esforzándome por alcanzar lo que está delante”. Significa que siempre vamos a tener el enfoque correcto. Así como un deportista no puede ganar la carrera si solo está mirando atrás.  
Hace algún tiempo atrás yo manejaba una moto, y en cierta ocasión se me rompió un retrovisor. Por esto para poder rebasar a algún carro yo tenía que mirar a atrás para ver si no venían más carros. Pero esto hacía que pierda la mirada adelante y me escapé algunas veces de chocarme. Nosotros no podemos dejar de ver adelante, a Cristo.
 Cuando tenemos el enfoque correcto en nuestra vida se nos hará más fácil enfrentar las dificultades del día a día. Dejaremos de preguntarnos “¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Por qué estoy pasando por tantas dificultades?” y comprenderemos que muchas veces Dios usa las dificultades de la vida para formar en nosotros el carácter de Cristo.  Incluso el dolor es  parte del discipulado.

3.- ¿Cuál es el premio?
En el verso 14 Pablo continúa y dice: “sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”   El se estaba esforzando por alcanzar el premio que Dios le había ofrecido.  Pero, ¿Cuál es ese premio?

Filipenses 3:8 dice: “Y a decir verdad, incluso estimo todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por su amor lo he perdido todo, y lo veo como basura, para ganar a Cristo”

Para Pablo el premio que esperaba recibir era Jesús mismo, nada más, solo Cristo.  Muchas veces cuando pensamos en las recompensas futuras pensamos en los placeres del paraíso, pero si amamos realmente a Jesús nos daremos cuenta que  la recompensa más grande es estar con él, en su presencia.  Recordemos la actitud del salmista en el Salmo 27:4.   
 “Una sola cosa le pido al SEÑOR, y es lo único que persigo: habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR y recrearme en su templo”

El premio de la vida cristiana es Cristo mismo. Al comprenderlo nos daremos cuenta que cualquier recompensa material o terrenal no es nada comparada con estar junto a Jesús.  Y esto es algo que lo disfrutamos desde ahora. Y si nos deleitamos en él ahora, lo seguiremos haciendo por la eternidad.  Ya que el gano para nosotros ese premio al morir en la cruz.  Pagó el precio de nuestros pecados y nos dio el privilegio de ser sus hijos. No esperemos más para reconocerlo como el Señor de nuestras vidas.  
Conclusión
La carrera de la vida cristiana se parece más a una carrera de resistencia y no de velocidad. Y para llegar a la meta de la vida cristiana, debemos reconocer a dónde vamos, y lo que nos falta por recorrer;  debemos  esforzarnos cada día  por seguir adelante con la esperanza de recibir el premio que Dios promete, el cuál es Cristo Jesús.


 “En la carrera de la vida, Jesús es el camino, Jesús es la meta y Jesús es el premio”


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