lunes, 27 de junio de 2016

Prédica - El Favoritismo en la Iglesia - Santiago 2:1-3


Introducción

La discriminación es un problema muy preocupante en nuestra sociedad, existe discriminación por: Dinero, raza, género, educación. Esto ha causado en el mundo, guerras, conflictos e injusticia. Pero la pregunta que hoy quiero que nos hagamos es:  ¿Existe discriminación en la Iglesia?

En la iglesia de Dios también hay conflictos, menosprecia, orgullo, (La discriminación no solo es de “arriba” hacia “abajo” sino también viceversa.)
¿Mostramos favoritismos en nuestro trato con las personas en la congregación?
En este mensaje vamos a ver que el favoritismo es contrario a la voluntad de Dios:  

Santiago  2:1  Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos.
2:2  Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado.
2:3  Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: «Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies»,
2:4  ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?
2:5  Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman?
2:6  ¡Pero ustedes han menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?
2:7  ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen?
2:8  Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»;
2:9  pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores.
2:10  Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda.
2:11  Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley.
2:12  Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad,
2:13  porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!



1.-  El favoritismo es incompatible con la verdadera fe cristiana
2:1  Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos.

“Hermanos míos”  la igualdad de todos los cristianos como parte de la familia de Dios es el fundamento en contra de todo favoritismo. Somos una nueva humanidad:
Gal 3:28  “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”.

              1.1.- Un ejemplo que nos desafía
2:2  Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado.
2:3  Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: «Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies»,
2:4  ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?

Pensemos que pasaría si eso pasa en nuestra congregación. Si mostramos favoritismo en nuestro trato con los hermanos somos como jueces injustos que juzgan de acuerdo a las apariencias y a la posición económica.
Lev 19:15  »No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia.

Nuestros valores como cristianos tienen que ser  diferentes, no juzgamos según el mundo juzga.

2.- El favoritismo es incompatible con el carácter de nuestro Dios
2:5  Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman?
2:6  ¡Pero ustedes han menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?
2:7  ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen?

La Biblia nos muestra que Dios no hace acepción de personas
Eph 6:9  “Y ustedes, amos, correspondan a esta actitud de sus esclavos, dejando de amenazarlos. Recuerden que tanto ellos como ustedes tienen un mismo Amo en el cielo, y que con él no hay favoritismos”.

El amor de Dios es para todos los seres humanos. Jesús dice en el Sermón del Monte que: “El hace que salga el sol sobre justos e injustos”, pero, sin embargo, se complace en los humildes y resiste a los soberbios.  

1Co 1:27  Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos.
1Co 1:28  También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es,  1Co 1:29  a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.

La humildad que a Dios agrada no tiene que ver necesariamente con las riquezas económicas, sino con la actitud del corazón.  “Bienaventurados los pobres en espíritu”
                 
                       2.1 Existen muchos peligros en las riquezas materiales

Las riquezas materiales pueden desviar nuestro corazón de las cosas de Dios:

Santiago  5:4  Oigan cómo clama contra ustedes el salario no pagado a los obreros que les trabajaron sus campos. El clamor de esos trabajadores ha llegado a oídos del Señor Todopoderoso.
5:5  Ustedes han llevado en este mundo una vida de lujo y de placer desenfrenado. Lo que han hecho es engordar para el día de la matanza.
5:6  Han condenado y matado al justo sin que él les ofreciera resistencia.


Jesús en toda su vida nos dio ejemplo: Comía con pecadores, tocaba a los leprosos y enfermos, fue crucificado en medio de dos delincuentes y a la primera persona que Jesús le llevó al cielo, tal vez muchos de nosotros le hubiéramos tratado con desprecio.  

3.- El favoritismo es incompatible con el verdadero amor
2:8  Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»;
2:9  pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores.

Jesús resumió toda la ley y los profetas en el amor y cuando mostramos discriminación en la Iglesia, faltamos al mandamiento más importante. Si nos preocupamos de muchas cosas en la Iglesia, pero faltamos al amor, estamos fallando en lo más importante.    

               3.1.- Faltar al amor es faltar a toda la ley
2:10  Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda.
2:11  Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley.

Para romper una cadena no es necesario romper todos los eslabones, basta con romper uno solo. "Aquel que dice: Yo acepto toda la Ley, excepto una palabra, desprecia la Palabra del Señor y hace nulos sus preceptos" Rabí  Yohanán

 4.- Daremos cuentas a Dios de nuestra compasión por los demás
2:13  porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!

Mat 7:12  Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.

Mat 5:7  Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.

Mat 6:12  Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.

Agustín de Hipona llamaba a esta parte del Padre Nuestro, la “terrible petición”:
Mat 6:14  »Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial.

Ilustración:   Parábola del siervo despiadado (Mateo 18:21-35)

Conclusión
La Iglesia de Dios debe marcar la diferencia con la forma de vida del mundo. Si en el mundo existe discriminación por cuestiones sociales y económicas, en la Iglesia debe ser lo contrario. Debemos ser un ejemplo de amor.
Recordemos que:
 El favoritismo en la iglesia es incompatible con la genuina fe cristiana, es contrario al carácter de nuestro Dios, y nos hace culpables de faltar al mandamiento más importante, el amor.

Algún día daremos cuentas a Dios sobre la manera en la que mostramos misericordia por los demás.

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