sábado, 30 de julio de 2016

DESCUBRIENDO EL CORAZÓN DE DIOS - LAS BIENAVENTURANZAS - DIA 4

DIA 4

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5:5)

La historia del pueblo de Israel como nación  ha girado en torno a una promesa, desde el momento mismo en que Dios llama a Abraham a ser un pueblo.  Le llama a vivir en una tierra diferente, en donde será bendecido y será de bendición para el resto de naciones (Génesis 12:1-2)

Pero no obstante por causa de la desobediencia del pueblo, o por diferentes factores Israel terminó en muchas ocasiones siendo conquistado y perdiendo potestad de su tierra.

Cuando el pueblo terminó en Egipto viviendo como esclavos. Dios escucho sus clamores y tuvo compasión de ellos. Entonces levanta a Moisés como libertador de su pueblo, con la promesa nuevamente de llevarlos a vivir a una nueva tierra, a una tierra en la que fluye leche y miel (Éxodo 3:8)

A partir de este momento la historia se centra en buscar la “Tierra prometida”.  Y los libros del Pentateuco, más Josué, nos relatan  el cómo consiguió Israel llegar a la tierra que Dios le prometió como heredad.

Sin embargo al llegar al libro de los Jueces nos encontramos nuevamente con el círculo vicioso de desobediencia y salvación. Perdían la tierra por un tiempo, luego la recuperaban gracias a la misericordia de Dios.

En fin, cuando llegamos al tiempo de Jesús nos encontramos con un Israel que estaba conquistado por el imperio Romano.  Es decir, nuevamente sin su tierra prometida. Y la esperanza del Mesías prometido en el Antiguo Testamento estaba muy avivada por la desesperación por obtener nuevamente el control de su tierra.  Y Anhelaban con ansias aquel líder político al estilo del rey David que lleve a su pueblo nuevamente a la liberación.

Pero no fue así, cuando llegó Jesús, se encontraron con un Mesías totalmente diferente, un Mesías más al estilo del “siervo sufriente” de Isaías.  Decepción para muchos, pero de gran bendición para otros al reencontrarse con el Dios de paz, y amor que él nos mostró.

Dentro de los judíos se había organizado un grupo de rebeldes, quienes pretendían obtener la libertad por medio de las armas, se denominaban los “Zelotes”. Incluso uno de los Apóstoles de Jesús era uno de ellos. Se llamaba Simón. (Lucas 6:15)

Tengo la ligera sospecha (muy ligera) que Jesús lo estaba mirando a él, cuando pronunció estas palabras:
  
Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5:5)

¡Qué declaración tan radicalmente diferente a lo que muchos esperaban!

La verdadera dicha, felicidad y bienaventuranza no estaba en obtener la tierra por medio de la fuerza, sino más bien en ser “manso”  y rechazar radicalmente a todo tipo de violencia, siguiendo el ejemplo de Jesús quien era: “manso y humilde de corazón”.  (Mateo 11:29) y a quien cuando le agredían nunca respondió con violencia.  (1 Pedro 2:21-23)

Más adelante en el Sermón del Monte Jesús abordará de una manera más amplia y profunda este tema de la no violencia.  Y esto se convertirá en una de las enseñanzas más radicales y diferentes que tiene el cristianismo a cualquier otro tipo de religión o filosofía de vida. Ya que el Maestro no solo enseñó esto en la teoría sino que lo vivió en su propia vida.

La cruz es el mejor ejemplo de no devolver mal por mal.   Y la resurrección es el mejor ejemplo de que esto tiene su recompensa.

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad”

¿Cómo reaccionamos frente a las personas que nos hacen mal? ¿Qué opinión tenemos en cuanto a la defensa propia y como relacionamos eso con la vida de Jesús y su actitud frente a la violencia?

Los evangelios nos relatan una ocasión, cuando Jesús iba a ser arrestado, que Simón Pedro por causa de defender a su maestro, saco su espada y cortó la oreja de uno de los que iban a aprender a Jesús.
Jesús lo reprende duramente. Juan nos dice que le dijo: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber? (Juan 18:11)
Mateo nos dice que le dijo: “Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán” (Mateo 26:52)

En fin, las motivaciones de Pedro eran supuestamente buenas. Ya que era al Mesías a quien iban a arrestar, ¿Cómo iba entonces a liberar al pueblo de los romanos? ¡Había que defenderlo!

Pero. Reflexionemos. Si en esta ocasión en la que parecía tan razonable el uso de la violencia, Jesús la reprende.  ¿Cómo creemos nosotros que en ocasiones menores tenemos el derecho de usar la violencia en defensa propia?

El pueblo Judío esperaba su libertad, pensaban que eran esclavos ya que estaban bajo el control de los romanos. Querían a toda costa recuperar su libertad. Sin embargo, su historia demuestra que la libertad, política y territorial la obtuvieron muchas veces, pero nunca pudieron mantenerla. ¿Por qué?
Porque esa no era la libertad que necesitaban.

Si querían ser verdaderamente libres, lo tenían que ser primero en su interior. La verdadera libertad es la libertad espiritual, la libertad  que solo Dios nos puede dar.  La que no se obtiene con las armas, ni a la fuerza, sino con el amor. Y con la verdad.

“Conoceréis la verdad y la verdad los hará libres”  (Juan 8:32)

La promesa de recibir la tierra por heredad es también para hoy, para nosotros que anhelamos también nuestra liberación.  Pero la “tierra prometida” que esperamos, no tiene comparación alguna con ningún territorio actual, ni ninguna tierra por más fructífera que sea. 

Recibir la tierra por heredad es vivir para siempre en el Reino de Dios, junto a él, en total libertad. En el lugar más bello y hermoso que jamás podremos soñar ni imaginar.

Que Dios nos ayude a ser mansos y humildes de corazón,  cada día con la mirada puesta en nuestro Dios y Salvador Jesucristo. 



Hugo Vásquez

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