miércoles, 10 de agosto de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCIÓN 3 - LA IGLESIA DE ROMA

1.3.- Los romanos (6-15)

1:6  Entre ellas están incluidos también ustedes, a quienes Jesucristo ha llamado. 1:7  Les escribo a todos ustedes, los amados de Dios que están en Roma, que han sido llamados a ser santos. Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.

1:8  En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por todos ustedes, pues en el mundo entero se habla bien de su fe. 1:9  Dios, a quien sirvo de corazón predicando el evangelio de su Hijo, me es testigo de que los recuerdo a ustedes sin cesar. 1:10  Siempre pido en mis oraciones que, si es la voluntad de Dios, por fin se me abra ahora el camino para ir a visitarlos. 1:11  Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca; 1:12  mejor dicho, para que unos a otros nos animemos con la fe que compartimos.
1:13  Quiero que sepan, hermanos, que aunque hasta ahora no he podido visitarlos, muchas veces me he propuesto hacerlo, para recoger algún fruto entre ustedes, tal como lo he recogido entre las otras naciones. 1:14  Estoy en deuda con todos, sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes. 1:15  De allí mi gran anhelo de predicarles el evangelio también a ustedes que están en Roma.

El autor de la Epístola luego de identificarse a él mismo y de introducir el tema del Evangelio, ahora pasa a hablar de sus destinatarios; de lo que él conoce de ellos y de sus deseos para con ellos. 

“Entre ellas están incluidos también ustedes, a quienes Jesucristo ha llamado”
En el versículo 5 nos dejó claro de que el Evangelio era para todas las naciones, y aquí aclara que entre ellas están también los romanos. Esto también es algo que nos hace ver la mayoría de creyentes gentiles que eran parte de la iglesia de Roma. 
Aquí nos introduce también a la descripción de los creyentes de Roma a los cuales se refiere como a los que “Jesucristo ha llamado” sobre esto profundiza en el siguiente versículo:

“Les escribo a todos ustedes, los amados de Dios que están en Roma, que han sido llamados a ser santos”

Solamente escuchar el nombre de la cuidad de Roma podía despertar muchas emociones en tiempos antiguos ya que Pablo escribe prácticamente a la capital del mundo de aquella época.
Recordemos que cuando Pablo se identificó a si mismo utilizó términos como “llamado” y “apartado”. En este versículo utiliza términos similares para referirse también a los romanos; incluso los llama también “amados de Dios”.
Para un judío de aquellos tiempos hubiera sido impensable referirse de esa manera a las naciones gentiles; ya que en primer lugar el amor de Dios según ellos era exclusivo para la nación de Israel, lo mismo que el llamado.  Sin embargo aquí estos términos Pablo los adjudica también a los romanos.
La naturaleza del Llamado en este versículo es un tema en el que nos detendremos un momento.
La traducción NVI que estamos utilizando dice “…llamados a ser santos”  mientras que existen traducciones como la Reina Valera de 1909 que dice “…llamados santos”.  

Pregunta para el diálogo:
 ¿Encontramos alguna diferencia en el sentido de la frase según estas traducciones?

El texto griego tomado del Textus Receptus (TR) dice: kletois agiois,  literalmente “llamados santos”.
Dice el comentarista Elvis L. Carballosa: “El vocablo “llamados es un adjetivo verbal que modifica al sustantivo Santos. Literalmente dice <<llamados santos>> quizás sería mejor decir <<santos por llamamiento>> “
Mientras que las traducciones al español hacen énfasis en el aspecto continuo y futuro de la santificación en el griego nos encontramos con el énfasis en la santidad posicional después del llamamiento.

Personalmente no encontré algún autor que explicara el criterio por el cual la mayoría de traducciones al español optan por esa traducción. Sin embargo lo que si está claro es que en la doctrina cristiana la santidad tiene este doble aspecto: posicional y progresivo.  Es decir somos Santos posicionalmente ya que somos apartados para Dios, pero también somos llamados a vivir en santidad lo cual es el aspecto progresivo de la santificación.

La paradoja de la fe cristiana es que “somos llamados a llegar a ser lo que somos”
Con esta descripción de los creyentes de Roma Pablo nos muestra que él no se sentía un cristiano privilegiado sino que las características de “amados por Dios” “llamados a ser santos” son de todo cristiano.

“Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz”

“Gracia y paz” son un saludo característico del apóstol autor de esta epístola. Probablemente tiene un sentido mucho más profundo que el que nosotros imaginamos muchas veces ya que combina la palabra “gracia” del griego Jaris, el elemento central de la fe cristiana, con la palabra “Paz” del griego Eirene pero a la vez tomado del hebreo Shalom que era en ese tiempo y es actualmente también el saludo característico del judaísmo.   De esta manera el apóstol crea un saludo original del cristianismo pero que lo une con sus raíces judías del Antiguo Testamento.
También podemos notar aquí que la Gracia y la Paz provienen de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.  Lo cual nos hace pensar en la igualdad que existe entre las dos personas de la Trinidad.      

“En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por todos ustedes, pues en el mundo entero se habla bien de su fe”

Nuevamente podemos ver el nombre de Jesucristo como mediador e intercesor de las cosas que como cristianos hacemos.
Pablo da gracias a Dios por los creyentes de Roma y en especial porque en el mundo entero se habla bien de su fe. Podemos notar con esto que el autor no se siente mal por no haber sido el  fundador de la iglesia, más bien siente alegría por el trabajo que alguien más hizo con ellos. No encontramos alguna envidia ministerial.
También es interesante notar el alcance que tenía la fe de los romanos ya que Pablo dice que en el mundo entero se hablaba bien de su fe. Obviamente Pablo está usando una figura literaria llamada Hipérbole, que consiste en una exageración de la realidad. Ya que no “todo el mundo” conocía la fe de los romanos, probablemente solo la  mayoría del mundo conocido por Pablo, y probablemente solo entre los cristianos.     Sin embargo si se debe admirar el impacto que la vida de fe puede tener en nuestro entorno.


Preguntas de aplicación:
¿Sentimos envidia o celo ministerial con otros cristianos quienes obtienen resultados que nosotros quisiéramos en el ministerio?
En nuestro entorno ¿se habla bien o mal de nuestra fe?

“Dios, a quien sirvo de corazón”
Pablo que en el inicio de la carta se identificó como siervo de Jesucristo utilizando el término Doulos, literalmente esclavo; aquí en cambio utiliza la palabra Latría que literalmente significaba servicio en sentido general pero muchas veces se lo usaba para referirse al servicio espiritual a los dioses; que en otras ocasiones se traduce también como adoración. De ahí proviene el término “idolatría”.  Véase Mateo 4:10 en donde Jesús usa este término para referirse al servicio exclusivo a Dios.   
La traducción Reina Valera es más literal en este texto y lo traduce como el TR “… a quien sirvo en mi espíritu”.
La NVI nos hace ya una interpretación de lo que Pablo quiere decir con la expresión “en mí espíritu”. También se puede traducir “a quien sirvo con todo mi ser”.

“es testigo de que los recuerdo a ustedes sin cesar.  Siempre pido en mis oraciones que, si es la voluntad de Dios, por fin se me abra ahora el camino para ir a visitarlos”

La oración de Pablo por los romanos era sincera ya que ponía a Dios por testigo. También era perseverante “sin cesar” y “siempre”. Probablemente en parte también es una Hipérbole pero expresa la intensidad de sus peticiones.  

Pregunta de aplicación:
¿Tendríamos el valor de poner a Dios por testigo de que estamos orando por alguien más?

La oración de Pablo era para que por fin se le abran las puertas para visitar Roma. Podemos ver la respuesta de Dios a estas oraciones en parte en 15:22-29.
Sin embargo al analizar el viaje de Pablo a Roma descubriremos que no fue un viaje próspero ya que lo hizo como prisionero, tuvo un naufragio, un encuentro con una serpiente y como dice la tradición, probablemente murió ejecutado en Roma.  Dios tenía sus planes y a la final todo resultó para el bienestar del Evangelio.  Pablo mismo era consciente de estas cosas, podemos ver Filipenses 1:12.
Otro factor importante al analizar los impedimentos que tenía Pablo para visitar a los romanos, es que Dios mismo pudo ser quien lo impedía ya que si no hubiese sido así no tendríamos esta Epístola que como ya hemos mencionado para muchos es el centro del Nuevo Testamento.   Véase Hechos 16:7.

Pregunta de aplicación:
¿Estamos consientes de que aún las dificultades que vivimos pueden ayudar al bienestar del Evangelio?

“Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca”
Cuando nos encontramos con la frase “don espiritual” muchas veces lo primero viene a nuestra mente es la lista de dones espirituales de 1 Corintios 12:4-11 o de esta misma Epístola en 12:3-8; y nos imaginamos a un Pablo que impone las manos sobre la gente y esta sobrenaturalmente recibe un “don espiritual”. Sin embargo debemos recordar que en el griego  Jarisma  o “don” es simplemente un regalo; y un regalo espiritual que Pablo podía hacerles a los romanos era el simple hecho de compartir la Palabra de Dios con ellos, o animarles y confortarles de alguna manera.
Por esta razón es que en el siguiente versículo lo aclara:    

“mejor dicho, para que unos a otros nos animemos con la fe que compartimos”
Es decir no solo Pablo esperaba dar algo a los romanos sino que también esperaba recibir algo de ellos. Pablo no se sentía el salvador de la iglesia de Roma. Esta es una actitud muy interesante y digna de imitar para un misionero, pastor o cualquiera  encargado de predicar el Evangelio y edificar la Iglesia. 

Pregunta de aplicación:
¿Reconocemos que al hacer la misión de Dios y predicar el Evangelio en algún lugar y a cualquier grupo de personas, no solo vamos a dar sino que también podemos recibir algo?   

Quiero que sepan, hermanos, que aunque hasta ahora no he podido visitarlos, muchas veces me he propuesto hacerlo, para recoger algún fruto entre ustedes, tal como lo he recogido entre las otras naciones”

Recoger algún fruto no necesariamente se refiere a algo económico. Lo más probable era que Pablo quería predicar el Evangelio en Roma y que más personas se añadan a la Iglesia, por eso la comparación “tal como lo he recogido entre las otras naciones”. 
En los siguientes versículos aclara que su propósito para ir solamente es el Evangelio:

“Estoy en deuda con todos”

Pablo usa la expresión estoy “en deuda” queriendo dar a entender que él se siente con la obligación de predicar el Evangelio. Es decir no porque él haya adquirido esa deuda de las personas. Sino porque Dios mismo le dio ese encargo y le puso en posición de estar en deuda hasta no entregar el encargo a su destinatario.   Este sentimiento de obligación lo podemos ver también en:
1Co 9:16  Sin embargo, cuando predico el evangelio, no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio!

Pregunta de aplicación:
¿Sentimos nosotros la carga y la obligación de predicar el Evangelio a las demás personas como si tuviéramos una deuda con ellos?

“sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes. De allí mi gran anhelo de predicarles el evangelio también a ustedes que están en Roma”

Pablo nos deja ver nuevamente el alcance universal del Evangelio. Tanto para “cultos o incultos” en otras traducciones y como está literalmente “griegos y bárbaros”. Ya que de la misma manera en que los judíos  discriminaban a los no judíos y los llamaban “gentiles” los griegos también discriminaban a los no griegos llamándoles “bárbaros”.  Pero de ahí el anhelo de Pablo de unificar a todas las naciones de la tierra en el llamado a ser parte del Pueblo de Dios.    Al decir  “Instruidos o ignorantes” se hace referencia también a la universalidad del Evangelio, no solo geográficamente sino también culturalmente. 

Podemos terminar la introducción con la reafirmación de que la motivación principal de Pablo es la de predicar el Evangelio. 

Hugo Vásquez

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