lunes, 1 de agosto de 2016

DESCUBRIENDO EL CORAZÓN DE DIOS - LAS BIENAVENTURANZAS - DIA 5

DIA 5

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. (Mateo 5:6)

 El hambre y la sed son dos necesidades básicas para la supervivencia del ser humano, y son cosas que las experimentamos a diario, no podemos pasar un solo día sin tener hambre y sed.

¿Cuántos hemos pasado por momentos en los que el hambre  o la sed han sido tantas que por un momento pensamos que podríamos dar todo el oro del mundo por un poco de agua o de comida?


Jesús ofrece su bienaventuranza para todo aquel que tiene la misma necesidad en su interior, pero de Justicia.

Ahora, sabemos que pensar en lo que es Justicia nos puede llevar por caminos muy diferentes. Podemos pensar en la justicia como la virtud de dar a cada uno lo que se merece, también podemos pensar en justicia como el arte de actuar con equidad y derecho, en fin. Depende del punto de vista en que miremos este concepto puede ser diferente y relativo.  Lo que era justo en un momento de la historia, puede no ser justo en otro. O de igual manera puede cambiar de un lugar a otro.


Por eso creo que es conveniente pensar en que es lo que la Biblia nos dice a cerca de la Justicia.  Y en esta siempre ha sido la virtud de actuar de acuerdo a lo que Dios dice o enseña.

Entonces, preguntémonos; ¿Sentimos cada día el deseo de obrar  conforme a la voluntad de Dios de manera que se convierta en una necesidad vital? ¿Tenemos hambre y sed de justicia?

Dice la Biblia que nuestra naturaleza pecaminosa ha desviado ese instinto en todos nosotros y de alguna manera se ha convertido en el deseo contrario.  Cada día sentimos la necesidad de hacer algo que vaya en contra de la voluntad de Dios.  Por esta razón cada uno de nosotros necesitamos un cambio en nuestro interior. Necesitamos ser regenerados, y eso es algo que solamente Dios lo puede hacer cuando depositamos nuestra fe en él.  Solo así nacemos de nuevo (Juan 3:3) y cambiamos nuestros deseos pecaminosos por el anhelo de hacer la voluntad de Dios.   (Romanos 12:2)

Pero aun así, necesitamos cada día dejarnos guiar por el Espíritu de Dios, ya que la lucha entre la carne y el espíritu permanecerá en nosotros mientras vivamos en este cuerpo mortal.

Por esta razón, tener hambre y sed de justicia debe ser el ideal del anhelo cristiano.  Y Jesús nos promete saciar nuestros deseos.

Tener hambre y sed de Justicia es despertarnos cada día deseando en nuestro interior, cumplir la voluntad de Dios, y que esa sea una prioridad en nuestras vidas.

Cuando Jesús enseñó a orar a sus discípulos, en el mismo Sermón del Monte en Mateo 6:9-14, notemos que antepone las necesidades del Reino de Dios, (vs 9,10)  a las necesidades físicas de alimento (vs 11).

Y en cuanto a esto también enseñó que debemos “buscar primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido” (Mateo 6:33)

¿Cuáles son las prioridades en nuestra vida de oración? ¿A qué damos más importancia en cuanto a nuestras actividades diarias?

Alguna vez conocí a un predicador judío que me contaba que cuando era niño sus padres le enseñaban la Torá (Los cinco primeros libros del Antiguo Testamento) con una cucharada de miel que le daban a probar luego de leer un pasaje,  y le decían que esas palabras eran más dulces que la miel para nuestra vida.   Esto me recordó a tantos Salmos que hablan de la importancia de la Palabra de Dios para nuestra vida, y de la dulzura con la que los salmistas hablan de la misma.  El Salmo 119 es el más claro ejemplo de esto.

“Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Salmo 119:103)

Si en nuestra vida llegamos al punto de desear más que a la miel, la Palabra de Dios, ¡Cuan bienaventurados seremos al ser saciados por Dios!

Recordemos que “No solo de pan vivirá el hombre sino de cada Palabra que sale de la boca  de Dios” (Mateo 4:4) Jesús es el “Pan de vida” y el que viene a él no tendrá hambre ni sed jamás (Juan 6:35)

Otro punto muy importante a tener en cuenta al leer esta bienaventuranza es que como notamos en un devocional anterior, cuando Lucas cita esta bienaventuranza solamente dice: “Bienaventurados los que tienen hambre” (Lucas 6:21)  y no aumenta “de justicia”.

Esto nos debe llevar a pensar que vivimos en un mundo y un sistema injusto, y que por lo general, aquel que padece la injusticia es el que más anhela la misma.  Pero por esa misma razón nunca podremos desconectar una bienaventuranza de la otra, todas tienen relación entre sí. Y probablemente por eso mismo es que la bienaventuranza anterior dice “bienaventurados los mansos porque ellos heredaran la tierra” (Mateo 5:5). No creo que sea una coincidencia que antes del hambre y la sed de Justicia Jesús nos hable de la mansedumbre. Ya que cuando se sufre injusticia es cuando más tentado se puede ver uno a utilizar la violencia para conseguir la misma. Pero la justicia de Dios es diferente. Es siempre basada en el amor y el perdón, aún a nuestros enemigos.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.

Por último, lo más importante que debemos tener en cuenta es que como seres humanos pecadores, e injustos, la única manera de ser justos delante de Dios es por medio de Jesucristo, y de su sacrificio en la cruz para pagar por nuestros pecados. Esa es la verdadera justicia. Y la única que podemos alcanzar. 

Terminemos este devocional preguntándonos ¿Podemos pasar los días sin leer y estudiar la Palabra de Dios? ¿Deseamos cada día como una necesidad vital el cumplir la voluntad de Dios, servirle o pasar tiempo con él? 

 Que Dios nos ayude a tener hambre y sed de Justicia cada día, para poder experimentar el ser saciados por Dios, y no volver a tener hambre y sed jamás.



Hugo Vásquez

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