miércoles, 3 de agosto de 2016

DESCUBRIENDO EL CORAZÓN DE DIOS - LAS BIENAVENTURANZAS - DIA 7

DIA 7

Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios”. (Mateo5:8)

Para los griegos la palabra Kardía,  igual que para nosotros es la parte más profunda de nuestro ser, en donde se generan nuestros sentimientos,  nuestros más íntimos deseos,  es la parte de nosotros que define quienes somos.  Es el motor que nos impulsa a hacer las cosas. 

Hace algunos años tuve un profesor de música que al enseñarme a tocar guitarra decía: “debes dejar salir de tus manos todo lo que contiene tu corazón”  Ya que él pensaba, y es la verdad, que de esa manera la música se escucha mucho mejor.


Pero lo importante es tener en cuenta que en la vida es igual, todo funciona mejor si lo hacemos con el corazón.  Es por esta razón que Dios lo que quiere de nosotros es nuestro corazón.  La Biblia dice:

 “Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.  (Deuteronomio 6:5)
 “Y ahora, Israel, ¿qué te pide el SEÑOR tu Dios? Simplemente que le temas y andes en todos sus caminos, que lo ames y le sirvas con todo tu corazón y con toda tu alma”, (Deuteronomio 10:12)

Por esta razón, uno de los requisitos para encontrarnos con Dios es buscarlo con todo nuestro corazón:


 Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios”. (Mateo5:8)

Incluso en el Salmo 24 se nos exhorta a estar en la presencia de Dios “con manos limpias, y corazón puro” (vs 3)

¿Cómo esta nuestro corazón en este día? ¿Nos sentimos en libertad de entrar en la presencia de Dios con manos limpias y un corazón puro?

La Biblia nos cuenta una historia muy interesante en el primer libro de Samuel, acerca de Saúl, quien al ser elegido rey de Israel, Dios tuvo que “cambiar su corazón”. (1 Samuel 10:9).  Sin embargo esto no fue suficiente y pasado el tiempo Saúl desvió nuevamente su corazón, entonces Dios aclara al profeta  Samuel que lo que Él quiere de sus siervos es su corazón, sin importar las apariencias. (1 Samuel 16:7)  Y la solución de Dios para esto era poner en el trono a una persona “conforme a su corazón” y esto fue lo que encontró en David (Hechos 13:22)

¿Cómo es nuestro corazón? ¿Es conforme al corazón de Dios? ¿Es pobre en espíritu, tiene hambre y sed de justicia, es manso, es misericordioso, limpio, etc.?
Yo no sé, estimados lectores, como se encuentran ustedes en este momento, pero lo que si se, es que Dios nunca nos ha pedido nada que el mismo no nos vaya a capacitar para hacerlo.

El prometió desde el Antiguo Testamento darnos un nuevo corazón, cambiar nuestro corazón de piedra y darnos uno de carne. (Jeremías 24:7; Ezequiel 36:26)

Y lo que es más importante es que tenemos que tener en cuenta que no importa los errores que hayamos cometido, no importa lo lastimado que este nuestro corazón, no importa lo sucio que pueda estar, por consecuencia, no importa lo alejados que podamos estar de Dios,  Él nos promete limpiar nuestra vida y restaurarnos, si solamente lo buscamos de todo corazón.

 Esto es lo que Dios siempre le dijo al pueblo de Israel:
“Allí ustedes adorarán a dioses de madera y de piedra, hechos por seres humanos: dioses que no pueden ver ni oír, ni comer ni oler. Pero si desde allí buscas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás. (Deuteronomio 4:28-29)

En fin, a Dios lo que le importa es nuestro corazón, por esta razón es que debemos guardarlo más que a todas las cosas (Provervios 4:23). Y es en nuestro corazón en donde debe permanecer la Palabra de Dios. (Salmo 119:2,11). Ya que es de nuestro corazón de donde sale todo lo que hacemos sea bueno o sea malo.  Ya que de “la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

Jesús decía que todo lo que contamina al hombre, no es lo que entra por su boca, sino lo que sale del corazón. (Mateo 15:18)

¿Con que llenamos diariamente nuestra mente y nuestro corazón? ¿Cuánto tiempo dedicamos a la lectura de la Biblia, y cuanto a ver Televisión?

En todo el Sermón del monte veremos que para Jesús lo importante es la intencionalidad del corazón.
“Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón”. (Mateo 5:28)

Para Dios, más importante que lo que hacemos, es con que corazón lo hacemos.
Esa es la principal diferencia entre un seguidor de Jesús, y un fariseo seguidor de la ley del Antiguo Testamento.

Es como dice el Apóstol Pablo en 1 Corintios 13:1-4.  Parafraseando dice: “podría hacer todo, servir, profetizar, enseñar, Evangelizar  etc.  Pero si no lo hago con amor no me sirve de nada.”  

No importa nuestra situación actual, No importa como este en este momento nuestro corazón, Dios puede restaurarlo, Él siempre está ahí para limpiarnos de toda maldad.
Es necesario cada día limpiar nuestro corazón, ya que cada día necesitamos mirar a Dios en nuestra vida y ser bienaventurados por eso. 


Hugo Vásquez

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