jueves, 4 de agosto de 2016

DESCUBRIENDO EL CORAZÓN DE DIOS - LAS BIENAVENTURANZAS - DIA 8

DIA 8

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
 (Mateo5:9)

La paz, una palabra muy anhelada en nuestro tiempo, Pero al mismo tiempo una palabra que ha sido mal entendida en nuestro contexto.  Paz es algo entendido solamente como la ausencia de violencia o la tranquilidad espiritual. Sin embargo para el pueblo Judío, esto significaba mucho más.


La palabra hebrea “Shalom” que es la que más se traduce por paz en nuestras Biblias,  tenía el sentido del bienestar integral de una persona. Es decir, para yo estar en paz, necesitaba estar bien, físicamente, en mi salud, socialmente, en mis relaciones, emocionalmente, e incluso económicamente.


Cuando Jesús dice: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Nótese que no dice, bienaventurados los pacíficos, ya que  lo que está tratando de enseñar es que no solamente es bienaventurado aquel que no tiene  ningún problema con nadie, aquel que está en paz con todo el mundo, usando nuestros términos.   

Más bien “pacificador” es una palabra activa, es decir, un pacificador es aquel que busca activamente el bienestar de los demás.  Es aquel que se preocupa del bienestar espiritual, físico, social, emocional, y económico de nuestros hermanos.    Es decir, bienaventurado es aquel que trabaja activamente por la paz o el “Shalom” en la vida de los demás.
Pensando en esto preguntémonos ¿Estamos siempre interesados en buscar el bienestar de quienes nos rodean? ¿O somos indiferentes antes las necesidades de los demás? Pues si quiero ser hijo de Dios debo vivir mi vida como un pacificador.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.

La promesa en esta bienaventuranza tiene mucho que ver con lo que dice Jesús en (Juan 13:35)  Es decir la gente conocerá que somos discípulos de Jesús o que somos hijos de Dios en este caso,  el momento que nos amamos los unos a los otros.  Y el ser pacificador, es una consecuencia directa del amor puesto en acción.
Es muy interesante que la manera en que los judíos se saludan hasta el día de hoy es “Shalom”, es decir es un deseo de bienestar integral.

Esto también tiene mucho que ver con la manera en la que como cristianos proclamamos  el evangelio. Ya que por mucho tiempo se ha creído y se ha enseñado de una manera equivocada   que la Salvación que Dios ofrece es solamente para el alma y no para el cuerpo.  Y esto tiene sus raíces en una concepción griega de la naturaleza humana en donde el alma es lo bueno, lo que tiene valor. Mientras el cuerpo es malo y el objetivo es librarse del mismo.

Pero bíblicamente sabemos que esto no es así. Jesús vino al mundo para salvar el alma  y el cuerpo, es decir la Salvación es Integral, cubre todas las áreas del ser humano. Y la esperanza final es la resurrección de nuestros cuerpos.

Jesús mismo cuando se refirió a su misión en esta tierra en Lucas 4:18-19 citando al profeta Isaías dijo:

«El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor.

En Palabras de algún autor podemos afirmar que el Evangelio Integral es: Todo el evangelio, para toda la persona y para todas las personas.
La paz, es una palabra que define muchas veces a nuestro Dios.  Isaías le da el título de “Príncipe de paz” en (Isaías 9:6).  En Romanos 15:33 dice Pablo: “que el Dios de paz esté con todos ustedes”    

Recordemos también que la única manera de vivir la paz que Dios desea de nosotros no proviene de esfuerzos humanos, nuestra naturaleza es egoísta y está siempre preocupada de su propia paz y no de la de los demás. La verdadera paz que debemos vivir y por la que debemos trabajar día a día solo puede provenir de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo Una de las promesas que él hace a sus seguidores es: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”  (Juan 14:27)  y también dijo que esta paz no sería como la que da el mundo. 

Es decir la paz también es un fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.  Es una muestra que evidencia la presencia de Dios en nosotros.

Que nuestra oración sea cada día para que Dios sensibilice nuestros corazones y nos ayude a ser pacificadores de la manera que Dios quiere, preocupándonos día a día por las personas que nos rodean. Aprovechando las oportunidades de hacer el bien a los demás de un modo práctico que muestre que el amor de Dios está presente en nosotros. Y que podamos ser llamados de esta manera un pueblo de paz. O como dice la Bienaventuranza, ser llamados hijos de Dios. 


 Hugo Vásquez

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