jueves, 15 de septiembre de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCION 17 - LA SANTIFICACION

5.- Santificación: La demostración de la Justicia de Dios (6:1-8:39)
Una vez que Pablo dejó sentadas las bases teológicas de la justificación por gracia se dispone ahora a abordar el tema de la santificación.


5.1.- Muertos al pecado, el significado del bautismo  

6:1  ¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?
6:2  ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?
6:3  ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?
6:4  Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder  del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.
6:5  En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección.
6:6  Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado;
6:7  porque el que muere queda liberado del pecado.
6:8  Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él.
6:9  Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
6:10  En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.
6:11  De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
6:12  Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos.
6:13  No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia.
6:14  Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.

“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera!”

Pablo retoma su modo de argumentar por medio de preguntas y respuestas. En este caso parecía hasta el capítulo cinco que se puede interpretar que el creyente tiene libertad de pecar ya que sus pecados han sido pagados y cada pecado aumenta la gracia de Dios.  Por esta razón es necesario el argumento que Pablo presenta a continuación sobre la vida nueva del creyente.  Y la respuesta a la pregunta es: “de ninguna manera”. Un término muy enfático como lo hemos expresado anteriormente.

 “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”
“Nosotros” se refiere a todos los creyentes. “Muertos al pecado” es una expresión que muchas veces puede ser mal entendida.  

Pregunta para el diálogo:
Si hemos muerto al pecado ¿Por qué todos los cristianos seguimos pecando?

Muchos han tratado de explicar está metáfora de manera que signifique que como un muerto pierde todos sus sentidos de la misma manera el cristiano debe insensibilizarse completamente ante el pecado. Es decir, el pecado ya no debería tener ninguna influencia en el. Lastimosamente la experiencia de nuestras vidas muestra lo contrario, el pecado sigue teniendo influencia en nuestra naturaleza. Entonces interpretar de esa manera el versículo puede ocasionar frustración.

Por esta razón podemos entender que no fue eso precisamente lo que Pablo quiso decir con “muertos al pecado”  ya que en muchas ocasiones exhorta a los cristianos a dejar de pecar. Incluso en 8:13 afirma:

“Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán”

En este versículo se nos pide dar muerte por medio del Espíritu literalmente a nuestra “carne”. Esto en un tiempo progresivo. Mientras que en 6:2 el “hemos muerto al pecado” está en un tiempo aoristo, significa que sucedió una sola vez y para siempre.  Entonces la pregunta sería ¿Cómo podemos morir a lo que ya hemos muerto?

Para comprender que es lo que quiso decir Pablo con esto debemos interpretarlo tomando en cuenta como utiliza la misma expresión en otro texto:

6:10  En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios.

Aquí se dice que Cristo murió al pecado, pero es imposible que Cristo pueda morir al pecado en el sentido de que ya no tenga poder sobre él, ya que nunca lo tuvo.  Más bien se puede entender que la muerte al pecado se refiere al pago de la pena por el pecado que en toda la Biblia se afirma que es la muerte. Por eso en el  9 dice:

6:9  Pues sabemos que Cristo, por haber sido levantado de entre los muertos, ya no puede volver a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

 De la misma manera podemos entender que nuestra muerte al pecado es una muerte judicial, al identificarnos con la muerte de Cristo.

6:11  De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

Y decimos que es judicial ya que  en el verso 7 la NVI traduce:
6:7  porque el que muere queda liberado del pecado.

Mientras que la RV es más fiel al TR y traduce:
6:7  porque el que es  muerto justificado es del pecado.

Posteriormente se explica de qué manera nosotros nos podemos identificar con la muerte de Cristo.  

“¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder  del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva”      

Aquí se introduce el tema del bautizo y su significado. La inquietud que surge  es  ¿Se trata del bautismo en agua o solamente del bautismo espiritual? Muchos suelen interpretar que solamente se trata del bautismo espiritual al aceptar a Jesús como Señor y Salvador ya que la palabra baptizo significa sumergir, pero muchas veces se lo puede entender también como unir, y esa es precisamente la idea que Pablo quiere trasmitir  “bautizados para unirnos con Cristo”. Y de esta manera se puede argumentar que no es necesario el bautismo por inmersión sino solamente por aspersión, como lo realiza la Iglesia Católica y algunas Iglesias Reformadas.
Sin embargo hay muy buenas razones para pensar que no solamente se refiere al bautismo espiritual de ser unidos con Cristo sino también a la ceremonia del bautismo en agua precisamente por la comparación de la sepultura y resurrección de Cristo.  Ya que en el verso 5 la RV traduce lo siguiente:

“Porque si nos hemos unido a Cristo en semejanza de su muerte, así también nos uniremos a él en su resurrección”

En el TR se usa la palabra  jomoímoma que se puede traducir como “forma” o “semejanza” haciendo alusión a la manera en la que deberíamos ser bautizados.    

Lo importante en este texto es que nos da la clave de lo que es la regeneración y la santificación. Ya que al ser unidos a Cristo en su muerte resucitamos a una nueva vida es decir tenemos un nuevo nacimiento. Y como veremos de aquí en adelante el permanecer en esta unión es lo que podemos llamar santificación. Esta es la idea que Jesús quiso expresar en Juan capítulo 15:4-5

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado. Ahora bien, si hemos muerto con Cristo, confiamos que también viviremos con él”

La naturaleza que teníamos en Adán, recordando el paralelismo del capítulo 5, ha sido crucificada con Cristo.  Y de esta manera el “cuerpo pecaminoso” literalmente el “cuerpo de pecado” pierde su poder. Nuevamente surge la inquietud  ¿Si perdió su poder, porque seguimos pecando? Una explicación a esto puede ser el comprender el término griego katargeo que está en su voz pasiva y no necesariamente significa  destruir, como la RV traduce o aniquilar totalmente sino como la NVI traduce “perder su poder”  puede significar pero no en su totalidad, al menos todavía no.

Este hecho de estar unidos con Cristo en su crucifixión es lo que nos da el poder para ya no ser esclavo del pecado sino vivir para Cristo. Sin embargo aunque esto ya sucedió una vez, es también un proceso continuo de entregarse a Cristo esto lo muestra en los siguientes versículos.

“Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia”
 
Aquí el apóstol no exhorta a vivir un proceso continuo de santificación, participando activamente en no permitir que el pecado reine en nuestro cuerpo, a no obedecer a los malos deseos ni ofrecer nuestros miembros a la injusticia. Al contrario la clave de la santificación como hemos dicho una y otra vez es ofrecerse más a Dios. Esto es una acción de día a día. Presentar nuestros miembros es una metáfora de presentar todas las áreas de nuestra voluntad al servicio de Dios.

“Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia”

El resultado de esta entrega continua a Cristo es que el pecado ya no tenga dominio sobre nosotros. La expresión “porque ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia” es un recordatorio de que no se trata de nuestras propias fuerzas cuando tratamos de obedecer cierto código de ética, sino de la gracia de Dios la cual nos capacita para vivir libres del pecado.  

Después de todo lo argumentado podemos comprender de mejor manera la tensión teológica del “ya sí, pero todavía no”  en cuanto a la santificación.  Ya somos santos pero no todavía perfectos. Ya crucificamos nuestra naturaleza pecaminosa pero no está totalmente destruida.

Hugo Vásquez

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