lunes, 19 de septiembre de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCION 19 - DEFENSA DE LA LEY

5.4.-  Defensa de la ley frente al pecado   (7:7-25)
Luego que Pablo nos dejó claro que la salvación no es por tener la ley sino por gracia, y luego nos habló de que la santificación tampoco es por obedecer la ley sino por obedecer al Espíritu de Dios. 
En el resto de este capítulo procederá a defender con más argumentos el papel de la ley en la vida del cristiano.


5.4.1.- El pecado se aprovecha de la ley

7:7¿Qué concluiremos? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.»
7:8  Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia. Porque aparte de la ley el pecado está muerto.
7:9  En otro tiempo yo tenía vida aparte de la ley; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado y yo morí.
7:10  Se me hizo evidente que el mismo mandamiento que debía haberme dado vida me llevó a la muerte;
7:11  porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató.
7:12  Concluimos, pues, que la ley es santa, y que el mandamiento es santo, justo y bueno.
7:13  Pero entonces, ¿lo que es bueno se convirtió en muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien fue el pecado lo que, valiéndose de lo bueno, me produjo la muerte; ocurrió así para que el pecado se manifestara claramente, o sea, para que mediante el mandamiento se demostrara lo extremadamente malo que es el pecado.

¿Qué concluiremos? ¿Que la ley es pecado? ¡De ninguna manera! Sin embargo, si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.»

Al estilo muy característico de Pablo continúa en su epístola imaginando un diálogo por
medio de preguntas y respuestas. 
En esta ocasión y en vista de que en la sección anterior al afirmar que hemos muerto a la ley esto podía prestarse a malos entendidos de que la ley en sí es mala. Por eso ahora pregunta: “¿Qué concluiremos? ¿Qué la ley es pecado?” y responde nuevamente con su tajante “de ninguna manera”. E inmediatamente aclara que lo que hizo la ley es que él se diera cuenta de lo que es el pecado, y pone un ejemplo en base al décimo mandamiento que dice “no codiciar…” 

“Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia. Porque aparte de la ley el pecado está muerto”

Luego de lo comentado anteriormente, aquí nos aclara que no fue entonces la ley el problema si no el pecado (a quién lo representa como de forma personal) quien se aprovecho de la oportunidad y despertó toda clase de codicia. Parece ser que es parte de la debilidad de la naturaleza humana el desear precisamente lo prohibido solamente por ser prohibido.

Agustín de Hipona en su libro “Confesiones” relata el siguiente suceso:

“Que una vez, en su juventud, robó unas peras con sus amigos, pero no lo hizo porque tuviera hambre, ni siquiera porque le gustara el sabor de las peras (las peras robadas terminaron alimentando a una piara de cerdos). San Agustín concluye que no era la fruta lo que le daba placer, sino el delito mismo: Era el pecado lo que daba sabor a las peras"

Cuando Pablo mención que aparte de la ley el pecado está muerto quiere decir que el pecado solamente es pecado si existe una ley que lo condene. 

“En otro tiempo yo tenía vida aparte de la ley; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado y yo morí”

Este es un versículo que ha traído una serie de problemas a los intérpretes bíblicos. Ya que no se han puesto de acuerdo en cuanto a quien se está refiriendo Pablo. Aunque el texto a simple vista es claro de que Pablo mismo está contando una experiencia personal, sin embargo al detenernos a analizar el texto hay algunos asuntos que no concuerdan del todo.

Este texto se divide en tres tiempos:
1.- Antes tenía vida sin la ley
2.- Vino la ley y el mandamiento
3.- El pecado cobró vida y murió 

Si decimos que Pablo está contando su experiencia deberíamos preguntarnos:
¿Cuándo Pablo tuvo vida sin la ley?
Algunos han dicho que se refiere a su infancia antes del Bar mitzvah en donde se comprometía con la ley de Dios.  Sin embargo no podemos estar seguros de eso ya que un judío desde su infancia conocía la ley y el mandamiento por lo tanto el pecado también le era imputado.  Y también es difícil pensar en que antes de la ley “Tenía vida” ya que la vida de la que se habla aquí no es solamente un “vivir aparte de la ley” o como traduce la RVC: “En un tiempo, yo vivía sin la ley”  Si no que se trata de la vida espiritual por el contraste que existe en la parte final del versículo en donde dice que el pecado cobró vida y yo morí. En donde obviamente se refiere a la muerte espiritual.  Y cómo nosotros sabemos ningún ser humano que no conoce la ley por más bueno que sea tiene vida eterna. 

Pero una interpretación del texto un poco más adecuada sería  que lo que pablo está relatando es una experiencia existencial de conversión de ser un judío normal a ser un fariseo obsesionado con el cumplimiento de la ley.  Y cuando dice que “tenía vida aparte de la ley” se refiere a una experiencia de auto justificación, de un judío que está contento con guardar por lo menos exteriormente los mandamientos y en su experiencia piensa que tiene vida. Pero cuando tuvo su experiencia y conversión a ser un fariseo cobró conciencia que la ley iba mucho más allá que una simple auto justificación externa, sino que habían asuntos de la ley que tenían que ver con nuestros deseos internos y en donde no podemos engañarnos a nosotros mismos, es el ejemplo que Pablo mismo relata del décimo mandamiento: (7:7)

Ya que la codicia es un asunto del corazón, y aunque los demás mandamientos se los podía cumplir exteriormente y así justificarnos a nosotros mismos. Pero la codicia nos muestra que hay pecados en el corazón que no son visibles ante las demás personas.  Y es ahí cuando Pablo comprende la intensidad del pecado y experimentó la muerte.

“Se me hizo evidente que el mismo mandamiento que debía haberme dado vida me llevó a la muerte; porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató”

De aquí muchos podían comprender que por lo tanto la ley es mala, pero Pablo explica que no es la ley sino el pecado que habita en nosotros lo que nos llevó a la muerte. Ya que el propósito de la ley es guiarnos en la voluntad de Dios es decir llevarnos a la vida.  La misma idea está desarrollada en los versículos posteriores 12-13

Pregunta de aplicación:
¿Hemos tenido esa experiencia de ser consientes de nuestro pecado cuando se trata de asuntos de nuestro corazón y no tanto de actitudes externas? Por ejemplo al leer el Sermón del Monte en Mateo 5-7

5.4.2.- El conflicto con el pecado

Luego de dejar claramente establecido que la ley no es mala y que el problema después de todo es solamente el pecado y nuestra naturaleza dominada por él.  Ahora empieza una sección que enfrenta el problema del pecado en la naturaleza humana.

7:14  Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado.
7:15  No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco.
7:16  Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena;
7:17  pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí.
7:18  Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo.
7:19  De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
7:20  Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí.
7:21  Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal.
7:22  Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios;
7:23  pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo.
7:24  ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?
7:25  ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! En conclusión, con la mente yo mismo me someto a la ley de Dios, pero mi naturaleza pecaminosa está sujeta a la ley del pecado.

“Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado”

La conclusión de que la ley es espiritual nos da a entender que tiene un origen divino mientras que Pablo se identifica como “meramente humano” aunque en el TR la palabra es sarkinos que literalmente se traduciría carnal.  Y así cobra más lógica el contraste entre lo espiritual de la ley y lo carnal (pecaminoso) del ser humano.

En esta sección los intérpretes bíblicos se han encontrado nuevamente con la dificultad de entender quién es el “yo” al que Pablo está personificando Y el debate ha sido siempre si se trata de alguien antes de su conversión (no regenerado) o después de su conversión (regenerado). 

Vamos a analizar las dos posiciones:

No regenerado
Muchos afirman que la experiencia que relata Pablo se refiere a una persona antes de su conversión y los argumentos son los siguientes:
Un cristiano regenerado difícilmente se referiría a sí mismo como “meramente humano” (Carnal, literalmente) 
Un cristiano no puede decir que es esclavo del pecado, cuando en textos anteriores Pablo declaró que ya somos liberados del pecado.

También en el verso  23 dice que el pecado le tiene cautivo.

7:23  pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo.

Y por último la afirmación del verso 24:

7:24  ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?

Parece muy fuerte como para que la diga un cristiano que ha conocido el amor de Dios.

De esta manera se afirma que Pablo se está refiriendo a él mismo pero antes de su conversión o también de una manera general a cualquier persona no cristiana.  Y cuando los textos hablan de que se deleita en la ley de Dios o que en su interior quiere hacer lo bueno, es porque en su experiencia como judío aún sin ser regenerado por el espíritu de Dios el ya anhelaba hacer la voluntad de Dios. 

Regenerado
Los que afirma que Pablo está ablando de su experiencia luego de la conversión tienen los siguientes argumentos:
Los verbos con los que Pablo trabaja están en presente está hablando de una experiencia actual.
En el verso 18 afirma que el desea hacer o bueno. Y como Pablo mismo lo argumentó anteriormente un no convertido difícilmente deseará hacer lo bueno.

7:18  Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo.

De igual manera la idea de los versos del 19 al 21 es que él quiere hacer el bien.

En el versículo 22 afirma que se deleita en la ley de Dios y un no cristiano no se deleita en la ley de Dios.

7:22  Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios;

También en el verso 23 nos dice que la ley de Dios está en su mente, algo que solo sucedería en un cristiano.

7:23  pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo.

Desde esta perspectiva se afirma que lo que Pablo relata es su experiencia actual de lucha contra el pecado y de una manera general la experiencia de un cristiano. Y que en los pasajes que se dice que es “esclavo del pecado” o “miserable de mi” son exclamaciones emocionales que aunque no sean ciertas es lo que un verdadero cristiano siente al confrontarse con las exigencias de la Palabra de Dios.

Solución propuesta:
Recordemos que el tema de la regeneración puede tener básicamente dos perspectivas; una es ontológica que quiere decir que el momento que conocemos a Jesús experimentamos un cambio total de nuestro ser de manera que ahora deseamos hacer la voluntad de Dios por nosotros mismos. 

Desde esta perspectiva es lógico que una persona regenerada no podría decir que es esclavo del pecado, o que está cautivo del mismo. Tampoco una persona regenerada podría decir que “no puede hacer el bien que quiere”  porque precisamente la regeneración se trata de capacitarnos para hacer el bien.

Pero existe otra perspectiva de entender la regeneración que es más acciológica, que quiere decir que Dios no nos cambia en nuestro ser, pero si cambia nuestra acciones en la medida en la que permanecemos junto a él.

Juan 15:4  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.

Desde esta perspectiva podemos comprender que si puede ser la experiencia de alguien que ha sido regenerado por su relación con Dios, pero que comprende que no es por él que puede hacer las cosas sino por su relación con Dios, en otras palabras por el trabajo del Espíritu en su vida.  Entonces esta persona si puede decir que el (en sí mismo) es esclavo al pecado y está cautivo del mismo. Y también que el (en sí mismo) no puede hacer el bien que quiere.  Y que él (en sí mismo) es un miserable en donde nada bueno habita.

Así podemos aplicar este texto a las luchas espirituales que todo cristiano tiene, pero recordando que esto sirve para animarnos que por la misma razón  no debemos luchar solos, ya que no podremos por más que queramos y lo intentemos.


Por esta razón inmediatamente el capítulo 8 introducirá el tema del Espíritu Santo en nuestra santificación.   

Hugo Vásquez

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