martes, 20 de septiembre de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCIÓN 20 - MEDIO Y FIN DE LA SANTIFICACION

 5.5.-  Medio y fin de la Santificación (8:1-39)
Una vez que ha quedado claro la ineficacia de la ley para producir la santificación en el ser humano. En este capítulo Pablo va a profundizar en cuál es el medio, y cuál es el fin de la santificación.


5.5.1.- Santificados por el Espíritu
8:1   Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,
8:2  pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
8:3  En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana,
8:4  a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.
8:5  Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.
8:6  La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.
8:7  La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.
8:8  Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.
8:9  Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.
8:10  Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia.
8:11  Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.
8:12  Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa.
8:13  Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán.
8:14  Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
8:15  Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»
8:16  El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
8:17  Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

En esta porción de las Escrituras nos encontramos con una mención muy amplia a dos
términos: Espíritu y Naturaleza pecaminosa (Carne).  Por esta razón vamos a detenernos un poquito a analizar lo que Pablo quería decir con cada uno de estos términos.

Carne.- Del griego Sarxs literalmente se refiere a la materia de la que está conformada nuestro cuerpo.  Y aunque en ciertas ocasiones Pablo si la usa en ese sentido como por ejemplo:

1:3  Este evangelio habla de su Hijo, que según la naturaleza humana (Carne)  era descendiente de David

Pero en la mayoría de ocasiones al hablar de Carne se refiere a la naturaleza humana y todas sus debilidades por el pecado por eso la NVI traduce “Naturaleza pecaminosa”

Es muy probable que el uso que hace de carne como algo negativo se deba en parte a alguna influencia helenística especialmente platónica en la ideología de Pablo. Ya que recordemos que para gran parte de la filosofía griega existía esta dualidad entre cuerpo y espíritu en donde el cuerpo o lo material es malo mientras lo espiritual es bueno.  Sin embargo esto no quiere decir que la idea en sí que Pablo quería trasmitir sea esa ya que la dualidad presente en estos textos entre carne y espíritu no se refiere necesariamente al espíritu del ser humano sino al Espíritu de Dios.   La única mención a nuestro espíritu en todo el pasaje se encuentra en:

8:16  El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios

También es importante notar que no solamente Pablo sino la Biblia entera rechazan la posición de que la carne sea algo malo en sí mismo. Recordemos Juan 1:14

Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

En este contexto Juan escribe precisamente para contradecir a algunas sectas pre gnósticas que afirmaban que el Cristo nunca se hizo carne sino que solo tomo la forma de carne.

 Espíritu.- Del griego Pneuma significa soplo, aliento o espíritu. En el contexto de este pasaje es claro que se refiere al Espíritu de Dios. Aunque algunos intérpretes piensan que en algunos de los casos se refiere al espíritu humano. Esto también se puede entender por las influencias platónicas que nos hablan de la batalla entre la carne y el espíritu. Por esta razón algunas traducciones como la RV en algunos casos han traducido espíritu con e minúscula para hacer referencia al espíritu humano y en otras Espíritu con mayúscula cuando piensan que se refiere al Espíritu de Dios. Sin embargo hay que aclarar que en el griego no hay mayúsculas ni minúsculas para diferenciar estos términos. Y después de analizarlos llegaremos a la conclusión de que se trata del Espíritu de Dios.      

Pregunta para el diálogo:
¿Alguna vez nos hemos visto influenciados con esta idea de que lo material es malo mientras lo espiritual es bueno?

Vamos ahora si a comentar los textos:

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,  pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

Este “Por tanto” es una conclusión no solo de la sección anterior sino de todo el argumento de toda la epístola ya que “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” equivale a decir que en Cristo Jesús hemos sido justificados. Condenación es lo contrario a Justificación. Y sobre todo esto trato en los capítulos del uno al cinco.
Pero inmediatamente lo conecta con los siguientes capítulos que habló de la santificación ya que afirma que al estar unidos a Cristo Jesús tenemos una ley del Espírito que nos da vida y que nos libra de la ley del pecado y de la muerte.

Sobre esto nos explica posteriormente:

En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.

Esta porción es importante analizarla por completo ya que nos presenta un resumen completo de lo que significa el Evangelio.

Comienza recordando el punto que dejó claro en el capítulo 7 de que la ley por sí sola no podía darnos la santificación ya que nuestra naturaleza pecaminosa anulaba su poder.   Es decir hasta este punto todos terminamos exclamando como Pablo “Miserable de mi” Pero por esta misma razón Dios envió a Jesús, a quien lo identifica como su propio Hijo, para diferenciarlo de los profetas a quienes también envió en otro tiempo.  Queda sí planteado el argumento de la encarnación de Jesús, básico del Evangelio. Luego topa el tema de la expiación y dice: “Para que se ofreciera en sacrificio por el pecado” De esta forma se efectuó el pago por nuestros pecados y de esta manera “Las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros” Esto se refiere al aspecto de la justificación.

Es decir hasta aquí Pablo nos habla de la encarnación, la expiación y la justificación. Pero el Evangelio no estaría completo si no existiera la última parte del texto que dice: “que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu”.   Esto se refiere a la Santificación.  El fin de la obra de Cristo no es solo la justificación sino la santificación.  Es decir, solo porque he sido justificado es que puedo ser santificado.

Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.

Aquí se introduce un tema muy importante en la vida del cristiano que es “la mente”. Debemos comprender que nuestra mente es en realidad lo que nosotros somos y lo que hacemos. Todo parte de la mente.  Entonces si nuestra mente es guiada por nuestra naturaleza pecaminosa nos vamos a fijar solamente en los deseos de tal naturaleza. Por contraposición si vivimos una vida dependientes del Espíritu nuestra mente estará fija en las cosas del Espíritu.  Y esta es la diferencia entre la muerte y la vida.
Por tanto hablar de una mente que fija la atención en las cosas de la carne es por consiguiente hablar de una mente no regenerada, ya que le lleva a la muerte, “es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios ni es capaz de hacerlo”
Esto mismo lo confirma en los versículos 8,12-13

Lo que podemos afirmar aquí es que al vivir con Jesús mi mente es renovada por medio del Espíritu de Dios, lo cual implica convicción, y solo las convicciones correctas me llevan a tomar decisiones según el Espíritu lo cual me lleva a la santificación.    
La misma idea la afirma en 12:2

Pregunta para la reflexión:
¿Pueden existir como a veces se afirma creyentes carnales, es decir dirigidos por la carne?

Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.  Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu que está en ustedes es vida a causa de la justicia.

La realidad de todo cristiano debe ser la afirmación que hace Pablo ahora: “ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu” Esta es la solución al dilema del capítulo 7.

A continuación viene la afirmación que nos ayuda a comprender que lo que se trata aquí es del Espíritu de Dios, no de nuestro espíritu. Porque dice: “Si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes”. Esto es porque cuando estamos unidos a Cristo automáticamente tenemos al Espíritu de Dios, que en este pasaje también se lo nombra como el Espíritu de Cristo.
Estos textos nos ayudan a comprender también que tener el Espíritu de Dios depende de tener a Cristo. Es decir es algo que sucede el momento mismo de la conversión, no es una experiencia posterior.

La realidad de que la Santificación sea solamente posible por el Espíritu de Dios estaba ya anticipada desde el Antiguo testamento:

Ezequiel 36:26  Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne.
36:27  Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.

La consecuencia también de tener el Espíritu de Dios en nosotros es que aunque el cuerpo esté muerto, es decir destinado a la muerte. Nosotros tendremos vida Por el Espíritu que está en nosotros. 

Este tener vida se refiere  a la realidad de la resurrección como lo explica en los siguientes versículos:

8:11  Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»

Aquí se introduce el tema de la relación filial que tenemos con Dios como hijos suyos.  La afirmación “Los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” no contradice en nada a la doctrina cristiana de que los hijos de Dios son los que están unidos a Cristo, usando la terminología de Romanos. Sino que significa que todo aquel que está unido a Cristo y por consecuencia es hijo de Dios, también es guiado por el Espíritu de Dios. 

El tener el Espíritu de Dios nos adopta como hijos de Dios y nos hace clamar “¡Abba! ¡Padre!”.  El hecho de utilizar los dos términos Abba  la forma aramea de papá y Padre en el griego pater, puede ser una forma sutil que Dios es Padre de Judíos pero también de griegos.

El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.

La afirmación de que el Espíritu de Dios le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios puede que se esté refiriendo a alguna experiencia existencial. Pero no necesariamente emocional, ya que las emociones son subjetivas. Teniendo en cuenta el contexto en el que se da importancia a nuestra mente en el proceso de ser guiado por el Espíritu pienso que se trata de una convicción espiritual pero al mismo tiempo intelectual. Que obviamente parte de una experiencia vivencial, no necesariamente racional.  
Luego Pablo nos muestra las bendiciones de ser hijos de Dios, como el ser herederos y coherederos con Cristo, pero al mismo tiempo se presenta la responsabilidad que representa el que tendremos que padecer con él.  Pero esto apunta a la gloria venidera. De la cual profundizará en los próximos versículos.

Pregunta de aplicación:

¿De qué manera experimentamos la convicción que nos da el Espíritu de Dios de que somos hijos de Dios?

Hugo Vásquez

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