lunes, 12 de septiembre de 2016

Prédica - No hay excusas para el amor - El Buen Samaritano

Introducción

Los seres humanos somos buenos para poner escusas. Cuando tenemos que hacer algo que no nos gusta o simplemente no queremos hacerlo, rápidamente encontramos como excusarnos.

Para Jesús siempre lo más importante de la ley fue el amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Entonces, hablando del amor al prójimo, ¿Alguna vez hemos puesto excusas para no amar a alguien?


Si reconocemos en la Biblia al amor no como un sentimiento sino como la decisión de buscar el bien de otra persona ¿Hemos puesto excusas para no buscar el bien de alguien? ¿Alguna vez hemos pensado que ciertas personas no se merecen nuestro amor? ¿Hemos pensado que no tenemos tiempo o dinero para hacerlo?


Vamos a analizar una parábola en la que Jesús nos muestras que no existen escusas para el amor

Lucas 10:25 En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: —Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
10:26  Jesús replicó: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?
10:27  Como respuesta el hombre citó: —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
10:28  —Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.
10:29  Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: —¿Y quién es mi prójimo?
10:30  Jesús respondió: —Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto.
10:31  Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo.
10:32  Así también llegó a aquel lugar un levita, y al verlo, se desvió y siguió de largo.
10:33  Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él.
10:34  Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó.
10:35  Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva.”
10:36  ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
10:37  —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.
Vemos que un intérprete de la ley se acerca a Jesús para ponerlo a prueba. Le pregunta sobre ¿Qué debe hacer para heredar la vida eterna? El conocía la ley, pero hace la pregunta solo para poner a prueba a Jesús. La pregunta tiene una trampa porque si Jesús respondía con algo que no estaba en la ley se le podía acusar de no ser Judío,  y si decía algo que estaba en la ley  podía decirle que no tiene nada especial su enseñanza.

Pero la sabiduría de Jesús es tan grande que hace que él mismo se responda su pregunta
Lucas 10:26 Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees allí?»

El intérprete de la ley resume toda la ley en el amor a Dios y al prójimo. Jesús le dijo has esto y vivirás. Ante esto se vio desafiado y quiso excusarse y le pregunta a Jesús:
 
Lucas 10:29 Pero aquél, queriendo justificarse a sí mismo, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Ante esta pregunta la respuesta de Jesús nos enseña por medio de una parábola que no existen excusas para el amor.
Vamos a ver algunas escusas que se puede poner para no amar a alguien


1.- “ESA PERSONA NO MERECE MI AMOR”

El intérprete de la ley quiso justificarse a si mismo pretendiendo argumentar que no todos los seres humanos son el prójimo ya que los judíos pensaban que solo los compatriotas eran el prójimo. La tradición oral de los judíos enseñaba muchas veces que solo a los compatriotas se debe ayudar, pero no a los extranjeros y peor aún a los samaritanos que eran considerados herejes.
Este maestro de la ley tal vez conocía esta tradición por eso hace la pregunta: ¿Quién es mi prójimo?
Si Jesús respondía que el prójimo eran solo los de su pueblo el hombre podía irse orgulloso y decir eso si lo he cumplido por tanto soy merecedor de la vida eterna. Pero Jesús responde con una parábola en donde el protagonista y quien resulta ser el prójimo a la final es un samaritano.
Lucas 10:30 Jesús le respondió: «Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones, que le robaron todo lo que tenía y lo hirieron, dejándolo casi muerto.
Lucas 10:31 Por el camino descendía un sacerdote, y aunque lo vio, siguió de largo.
Lucas 10:32 Cerca de aquel lugar pasó también un levita, y aunque lo vio, siguió de largo.

Cuando pasan el sacerdote y el Levita probablemente no estaban seguros si el herido era un compatriota ya que los ladrones le dejaron sin sus vestiduras que hubieran servido para identificarlo. Y puede ser que probablemente por eso no le ayudaron. O de pronto pensaron “es su propia culpa” quien le manda a andar sin protección por estos lugares”.
Ahora pensemos en nuestro contexto ¿Alguna vez hemos querido justificarnos sobre nuestra responsabilidad de ayudar a los demás pensando que esa persona no se merece que le ayude? ¿Pensamos que el mandamiento de amar al prójimo no es en realidad para todas las personas? ¿Creemos que hay personas a quienes no tenemos la responsabilidad de amar o no tienen el derecho de recibir nuestro amor? ¿En realidad pensamos que tenemos que amar  y ayudar a todos? ¿Alguna vez hemos visto una persona en necesidad y no la hemos ayudado porque alguna vez nos hizo daño y pensamos que no merece nuestro amor? ¿O pensamos esa persona se merece lo que le está pasando?
Pero a este samaritano que le ayudó no le importó la raza de este hombre que lo más probable es que era judío porque se encontraba en territorio de Judea.
Recordemos las enseñanzas de Jesús en el Sermón del monte en donde nos enseña que el amor no es limitado para nuestros amigos, sino que debemos amar aún a nuestros enemigos
Mat 5:43 »Ustedes han oído que fue dicho: “Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo.”
Mat 5:44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los odian, y oren por quienes los persiguen,
Mat 5:45 para que sean ustedes hijos de su Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.
Mat 5:46 Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa tendrán? ¿Acaso no hacen lo mismo los cobradores de impuestos?
Mat 5:47 Y si ustedes saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de más? ¿Acaso no hacen lo mismo los paganos?
Mat 5:48 Por lo tanto, sean ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto.

Nuestro deber es amar a todas las personas tal como Dios ama a todas las personas.  Esta escusa no funciona delante de Dios


2.- “YA HAGO SUFICIENTE PARA DIOS”

Un Sacerdote y un Levita, personas encargadas de servir a Dios, fueron insensibles a las necesidades del ser humano. Ellos bajaban de Jerusalén, es decir probablemente ya venían sirviendo en el templo  y tal vez pensaron que ya habían hecho lo suficiente para Dios. En definitiva, los dos conocían la ley de Dios pero no habían entendido el verdadero sentido de la ley que es el amor. No habían entendido que el mandamiento del amor, la compasión y la misericordia, están por encima de cualquier ley ritual.
Mat 23:23 »¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque pagan el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y soslayan lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y la fe. Es necesario que hagan esto, pero sin dejar de hacer aquello.

Mat 9:13 Vayan y aprendan lo que significa “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores.»

El sacerdote y el Levita no se dieron cuenta que no importa lo mucho que hayan hecho en el templo eso no les eximía de la responsabilidad del amor. Tampoco comprendían que, si se trata de cumplir con Dios, no podremos hacerlo nunca, siempre le vamos a quedar debiendo.

¿Alguna vez nos hemos sentido satisfechos con lo que hemos hecho para Dios, y hemos dicho ya hice suficiente para Dios? 
También podemos pensar que las cosas que hacemos en la Iglesia nos excusan de cumplir con la compasión al prójimo. (Yo sirvo en algunos ministerios, yo me mantengo sin pecar cumpliendo lo que Dios manda, yo diezmo a la Iglesia siempre, etc.) Pero, debemos tener cuidado en pensar que las cosas que hacemos nos excusan de lo que para Dios es lo más importante.
Gal 6:2 Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.

3.- “NO TENGO LOS RECURSOS”

El sacerdote por su parte probablemente podía tener algunas escusas basadas en la ley de Dios. De pronto pensó que esa persona estaba muerta y si tocaba un muerto el quedaría impuro y no podría ejercer su oficio por una semana lo que le afectaría en su economía. El Levita por su parte también debe haber pensado las mismas leyes de impureza aunque para él no eran tan rígidas como para el sacerdote.
También algunos historiadores piensan que el sacerdote debe haber viajado en algún animal por su clase social, es decir tenía los recursos para ayudar mientras el Levita era probable que viajaba a pie, y por eso pudo pensar “no tengo los recursos para ayudar”. Pero, sin embargo, aunque no podía hacerlo todo si podía hacer algo, no tenía escusas.
Recordemos que con Dios no se trata de lo mucho que demos o que hagamos, sino que demos y hagamos lo que podemos. Siempre podemos hacer algo.   
Dar algo que pensamos que nos va a hacer falta, por ayudar a alguien es un paso de fe, de confiar que a la final es Dios quien se encargará de mis necesidades.
 Jesús pone como ejemplo aquí al Samaritano
Lucas 10:33 Pero un samaritano, que iba de camino, se acercó al hombre y, al verlo, se compadeció de él
Lucas 10:34 y le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura y lo llevó a una posada, y cuidó de él.
Lucas 10:35 Al otro día, antes de partir, sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada, y le dijo: “Cuídalo. Cuando yo regrese, te pagaré todo lo que hayas gastado de más.”

La compasión de este hombre no solamente fue un sentimiento, sino que se convirtió en acción
Puede ser que el sacerdote y el levita pensaron dentro de sí mismos “Pobrecito” “Que pena” o algo así, pero eso no es compasión, la compasión debe ser actuar. El Samaritano curó sus heridas, le llevo en su animal probablemente un burro, es decir se negó a el mismo por el otro.
(Históricamente al ceder su caballo a otra persona y estar de pie dirigiendo el caballo era considerado un símbolo de ser el sirviente de alguien, el samaritano se comportó como el sirviente de este hombre)
Dio su dinero y ofreció dar más si era necesario. Esta persona es un ejemplo para evaluarnos acerca de cómo estamos mostrando nuestro amor. De nada sirve decir que amamos como un sentimiento si no hacemos nada al respecto.
Vivimos en un mundo donde hay mucho dolor y sufrimiento y a veces podemos pensar que nosotros no podemos hacer la diferencia, pero siempre podemos hacer algo por alguien cercano a nosotros cuando conocemos la necesidad. Debemos aprender a mirar las necesidades de nuestro entorno (Eso es algo con lo que yo lucho mucho)
Pero mirar las necesidades y hacer algo, no como el sacerdote y el levita que miraron, pero solo de lejos, no se involucraron.
Así como el samaritano tuvo que involucrarse personalmente así nosotros también debemos involucrarnos personalmente para ayudar a alguien en necesidad.
Ilustración: Si alguien se está ahogando en una piscina nosotros no podemos ayudarlo desde afuera, tenemos que entrar a la piscina y mojarnos para poderlo ayudar.
Para ayudar a otros hay que pagar un precio, como lo hizo el Samaritano. Recordemos que lo contrario al amor no es el odio, es la indiferencia.

“El que sabe hacer lo bueno y no lo hace peca” Santiago 4:17

4.- “NO TENGO TIEMPO”

El sacerdote y el Levita sabían que si se metían a ayudar no solo les iba a costar dinero sino también tiempo y probablemente estaban apurados. Pero al Samaritano no le importo demorarse más en el camino para curar sus heridas, por llevarle en su animal, demorarse al llevarle a una posada.
Muchas veces el bien más preciado que podemos dar a alguien es nuestro tiempo.  A veces es fácil dar dinero porque es algo que podemos recuperar, pero nos cuesta cuando tenemos que dar nuestro tiempo, porque ese es un regalo que no podemos recuperar.
El Samaritano fue como dice el dicho “tiempo plata y persona”
Pro 3:27 No te niegues a hacer los favores debidos, cuando en tu mano esté el hacerlos.
Pro 3:28 Si hoy puedes ayudar a tu prójimo, no pospongas la ayuda para mañana.

En la época en que vivimos casi no tenemos tiempo para nada. Si esperamos a tener el tiempo necesario para hacer el bien a alguien no lo vamos a hacer nunca.  Muchas veces tenemos que interrumpir lo que estamos haciendo para ayudar a alguien.

Tenemos que estar dispuestos a ser interrumpidos (Vamos a tener que reorganizar nuestras prioridades en ciertas ocasiones)

Ayudar a los demás es algo que no podemos planificar. Muchas veces cuando estamos más ocupados es precisamente cuando encontramos a alguien que tiene una necesidad y tenemos que dar nuestro tiempo.



5.- JESÚS, UN AMOR SIN ESCUSAS

Esta historia debe recordarnos que el único que ha podido mostrar el amor a la perfección es Jesús. Él es quien en realidad se preocupó por nuestra necesidad y no puso escusas. No le importó que nosotros no lo mereciéramos. No le importó que le iba a costar humillarse y entregar no dinero sino su vida misma. No le importó todo el sufrimiento. No le importó dar todo su tiempo en su vida terrenal para bendecir a la humanidad. Él es un ejemplo de cómo debemos mostrar nosotros nuestro amor sin escusas
Pero esto solo es posible si tenemos una relación con Dios, si el amor de Dios habita en nosotros eso nos capacita para amar a los demás, sino es imposible

Conclusión

¿Qué escusas hemos puesto nosotros cuando alguien necesita de nuestra ayuda?
En esta historia los pecadores son tres: los ladrones que lo atacaron pero también  el sacerdote y el levita que no hicieron nada
Jesús terminó la parábola diciendo:
10:36  ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
10:37  —El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. —Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

Vemos que el intérprete de la ley no contesta directamente “el Samaritano”, pero reconoce que fue el Samaritano quien se comportó como debía mientras que el fariseo y el levita no. Jesús le motiva a hacer lo mismo. Jesús le muestra que no hay escusas para el amor. Jesús desbarató sus ideas de orgullo y le muestra la humildad que se necesita en el Reino de Dios.
La vida nos presentará siempre oportunidades para poder mostrar el amor de Dios a los demás y si lo hacemos eso será una muestra de que el amor de Dios mora en nosotros.

¿Cuál es nuestra escusa?


Hugo Vásquez

Sígueme:

siguenos en facebook Canal de youtube siguenos en Twitter

Descargar el audio de la prédica


No hay comentarios:

Publicar un comentario