miércoles, 12 de octubre de 2016

CURSO DE ISAIAS - LECCION 5 - LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO

3.- Consecuencias del pecado (Isaías 3)

3.1.- Castigo por medio de sus gobernantes

Después de haber analizado a breves rasgos algunos de los pecados del pueblo. Ahora vamos a tratar sobre las consecuencias de sus pecados.


Isa 3:1  ¡Presten atención! El Señor, el SEÑOR Todopoderoso, retira de Jerusalén y de Judá todo apoyo y sustento: toda provisión de pan, toda provisión de agua.
3:2  Él retira al valiente y al guerrero, al juez y al profeta, al adivino y al anciano,
3:3  al capitán y al dignatario, al consejero, al artesano experto y al hábil encantador.
3:4  Les pondré como jefes a muchachos, y los gobernarán niños caprichosos.
3:5  Unos a otros se maltratarán: hombre contra hombre, vecino contra vecino, joven contra anciano, plebeyo contra noble.
3:6  Entonces un hombre agarrará a su hermano en la casa de su padre, y le dirá: «Sé nuestro líder, pues tienes un manto; ¡hazte cargo de este montón de ruinas!»
3:7  Pero entonces el otro protestará: «Yo no soy médico, y en mi casa no hay pan ni manto; ¡no me hagas líder del pueblo!»

En muchas ocasiones el pueblo de Israel experimentaba periodos de prosperidad. Y era precisamente
en esos momentos en los que la confianza del pueblo cambiaba de Dios a sus gobernantes. 
Dicen algunos historiadores que incluso en tiempos en los que la ciudad de Jerusalén era sitiada por sus enemigos, la ciudad podía estar tranquila por mucho tiempo ya que contaba con todos los recursos necesarios para subsistir. Ya que la estrategia de los conquistadores solía ser rodear la ciudad hasta que los recursos se acaben y luego atacarla. Pero Jerusalén tenía incluso fuentes de agua dentro de sus murallas.
Sin embargo, todos los recursos no hubieran servido de nada si no había gente sabia que los administre. 

En este contexto podemos entender la magnitud del juicio de Dios al decirles que: “retira de Jerusalén y de Judá todo apoyo y sustento: toda provisión de pan, toda provisión de agua”. Dios les mostraba con esto que él es el que estaba sustentando al pueblo, no los gobernantes ni la sabiduría de los administradores. E incluso les muestra que es él mismo el que pone y quita a los líderes del pueblo.

Es por esta razón que El juicio de Dios incluye retirar de su puesto a los buenos dirigentes:
Él retira al valiente y al guerrero… al capitán y al dignatario” La seguridad del pueblo ya no iba a estar en manos de los soldados ni de los gobernantes
“al juez y al profeta… al consejero” Muchas veces los profetas ejercían también de jueces ya que eran los más capaces de juzgar con sabiduría los asuntos del pueblo, en base a que ellos traían directamente la Palabra de Dios. Pero el pueblo ya no iba a contar con ellos.
“al artesano experto y al hábil encantador” Tampoco el pueblo iba a contar con personas con habilidades especiales.
Es decir, Dios les quitaba a todas aquellas personas que tenían las capacidades de ser buenos gobernantes y en su lugar pondría a la gente menos capaz para el puesto: “Les pondré como jefes a muchachos, y los gobernarán niños caprichosos”
Sin un buen gobierno las consecuencias para el pueblo eran muy malas.

Pregunta para el diálogo:
1.- ¿Dios en nuestro tiempo también juzga a las naciones por medio de sus gobernantes?

Por causa de la falta de un buen liderazgo, lo primero que surgiría es la violencia entre los miembros del propio pueblo. “Unos a otros se maltratarán: hombre contra hombre, vecino contra vecino, joven contra anciano, plebeyo contra noble”

Que el ser humano pueda vivir en paz sin necesidad de un sistema de gobierno es una utopía propagada muchas veces por ciertos grupos de ideología Anarquista. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que la naturaleza humana está llena de egoísmo y a lo largo de la historia ha sido el ser humano el peor enemigo del ser humano.  Es por esta razón que la paz y el bienestar ha dependido de manera imperfecta de los gobiernos de turno. Y por esta razón la paz perfecta será solamente alcanzada cuando sea Dios mismo quien reine entre su pueblo.

Isa 2:1  Palabra que Isaías hijo de Amoz recibió en visión acerca de Judá y Jerusalén:
2:2  En los últimos días, el monte de la casa del SEÑOR será establecido como el más alto de los montes; se alzará por encima de las colinas, y hacia él confluirán todas las naciones.
2:3  Muchos pueblos vendrán y dirán: «¡Vengan, subamos al monte del SEÑOR, a la casa del Dios de Jacob!, para que nos enseñe sus caminos y andemos por sus sendas.» Porque de Sión saldrá la enseñanza, de Jerusalén la palabra del SEÑOR.
2:4  Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra.
2:5  ¡Ven, pueblo de Jacob, y caminemos a la luz del SEÑOR!

Estos pasajes nos presentan una imagen ideal de lo que será el Reino de Dios. Sin embargo, estos textos analizaremos a profundidad en futuras lecciones y hoy nos centraremos en los juicios divinos.
La desesperación por la falta de un buen gobierno será tal que: “Entonces un hombre agarrará a su hermano en la casa de su padre, y le dirá: «Sé nuestro líder, pues tienes un manto; ¡hazte cargo de este montón de ruinas!”.   Es decir, estarán dispuestos a aceptar a cualquiera que quiera hacerse cargo de su situación.

La expresión “Pues tienes un manto” es interesante. Muchos historiadores dicen que se refiere a que la situación era tan grabe en el pueblo que no muchos tenían ropa adecuada como para gobernar. Y estaban dispuestos a hacer su líder a cualquiera que tenga los recursos como para por lo menos comprarse un manto.  

Pero Dios les dice que nadie querrá aceptar ese puesto y responderán: “Pero entonces el otro protestará: «Yo no soy médico, y en mi casa no hay pan ni manto; ¡no me hagas líder del pueblo!»”. Lo que la NVI traduce como “médico” es el término hebreo Kjabash que se puede traducir como “el que cuida” o “el que venda las heridas”. Y parece dar a entender que desde siempre el pueblo comprendía a sus gobernantes no solo como jefes sino también como aquel que cuida y cura las heridas de su pueblo. Esto podría ser de gran aplicación también para la Iglesia de hoy si comprendemos de igual manera que el liderazgo es para “curar y vendar las heridas de la gente”. En los siguientes versículos se detalla cuál sería la situación del pueblo:

Isa 3:8  Jerusalén se tambalea, Judá se derrumba, porque su hablar y su actuar son contrarios al SEÑOR: ¡desafían su gloriosa presencia!
3:9  Su propio descaro los acusa y, como Sodoma, se jactan de su pecado; ¡ni siquiera lo disimulan! ¡Ay de ellos, porque causan su propia desgracia!
Isa 3:10  Díganle al justo que le irá bien, pues gozará del fruto de sus acciones.
Isa 3:11  ¡Ay del malvado, pues le irá mal! ¡Según la obra de sus manos se le pagará!
Isa 3:12  ¡Pobre pueblo mío, oprimido por niños y gobernado por mujeres! ¡Pobre pueblo mío, extraviado por tus guías, que tuercen el curso de tu senda!
Isa 3:13  El SEÑOR se dispone a denunciar; se levanta para enjuiciar al pueblo.


Retribución Divina

En medio de esta situación Dios promete que al justo le irá bien y al malvado le irá mal. Este concepto de retribución divina estaba muy arraigado dentro de la cultura judía. Esto lo podemos comprobar en el libro de Job, en los discursos de sus amigos. Quienes querían dar a entender que Job estaba mal por causa de su pecado. También en la pregunta que le hacen los apóstoles a Jesús en Juan 9:1-3

9:1  A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
9:2  Y sus discípulos le preguntaron: —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?

El Salmo 112 es un ejemplo de esto:

Salmo 112:1  ¡Aleluya! ¡Alabado sea el SEÑOR!
Dichoso el que teme al SEÑOR,
el que halla gran deleite en sus mandamientos.
112:2  Sus hijos dominarán el país;
la descendencia de los justos será bendecida.
112:3  En su casa habrá abundantes riquezas,
y para siempre permanecerá su justicia.
112:4  Para los justos la luz brilla en las tinieblas.
¡Dios es clemente, compasivo y justo!
112:5  Bien le va al que presta con generosidad,
y maneja sus negocios con justicia.
112:6  El justo será siempre recordado;
ciertamente nunca fracasará.
112:7  No temerá recibir malas noticias;
su corazón estará firme, confiado en el SEÑOR.
112:8  Su corazón estará seguro, no tendrá temor,
y al final verá derrotados a sus adversarios.
112:9  Reparte sus bienes entre los pobres;
su justicia permanece para siempre;
su poder será gloriosamente exaltado.
112:10  El malvado verá esto, y se irritará;
rechinando los dientes se irá desvaneciendo.
¡La ambición de los impíos será destruida!


Pregunta para el diálogo:

1.- ¿Cómo podemos entender los pasajes del Antiguo Testamento que nos hablan de retribución divina? ¿Se aplican hoy?

Si bien es cierto, el Pacto mismo que Dios hizo con el pueblo ya albergaba la idea de retribución divina. Bendición para el que cumplía el pacto y maldición para que el que no lo hacía. Pero el problema radica en que precisamente el pacto estaba diseñado para mostrar al ser humano que nadie podía cumplir a cabalidad lo que la ley exige. Es decir, delante de los ojos de Dios nadie en sí mismo es justo como para recibir la bendición del pacto, sino más bien, todos somos culpables y merecedores de las maldiciones establecidas.  Es por esta razón que el pacto de obras a nadie salva. Si no solamente el pacto de gracia por medio de la muerte de Jesús en la cruz. Esa es la única manera en la que Dios nos ve como justos, por la justicia de Jesús. Y sólo de esa manera podemos hacer nuestras las bendiciones espirituales del pacto. Y solo así podemos comprender que cualquier bendición terrenal también es solamente por la misericordia de Dios y no porque nosotros nos hayamos ganado nada.   Y también podemos comprender que aún las circunstancias malas de nuestra vida Dios puede usar para su Gloria y para un bien mayor.



Juan 9:3  —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.

Rom 8:28  Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman,[e] los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.



3.2.- Castigo para los gobernantes

El hecho de que el juicio de Dios se muestre a su pueblo por medio de los gobernantes no quiere decir que estos, por ser instrumentos usados por Dios, estén libres del juicio divino.  Esto lo podemos ver en los siguientes versículos:

Isa 3:14  El SEÑOR entra en juicio contra los ancianos y jefes de su pueblo: «¡Ustedes han devorado la viña, y el despojo del pobre está en sus casas!
3:15  ¿Con qué derecho aplastan a mi pueblo y pasan por encima de los pobres?», afirma el Señor, el SEÑOR Todopoderoso.

Nuevamente se reitera en este libro la importancia del pecado de la explotación de los poderosos a los más débiles.  El capítulo 5 nos ofrece una descripción más detallada de este pecado:

Isa 5:8  ¡Ay de aquellos que acaparan casa tras casa y se apropian de campo tras campo hasta que no dejan lugar para nadie más, y terminan viviendo solos en el país!
5:9  El SEÑOR Todopoderoso me ha dicho al oído: «Muchas casas quedarán desoladas, y no habrá quien habite las grandes mansiones.
5:10  Tres hectáreas de viña sólo producirán un tonel, y diez medidas de semilla darán tan sólo una.»


Probablemente aquellos que se apoderaban de las casas y las propiedades de los demás no lo estaban haciendo de manera ilegal, ya que, en la cultura del pueblo de Israel, si alguien tenía problemas económicos podía ceder los derechos de la tierra que por herencia le correspondía. De otra forma hubiera sido imposible que alguien se apropie ilegalmente de otras tierras. Sin embargo, Dios lo denuncia como pecado, ya que la tierra solamente le pertenecía a Dios y era un regalo para su pueblo, y por eso era tan importante conservar sus propiedades. E incluso, cada cierto tiempo en el año del Jubileo la tierra tenía que ser nuevamente distribuida de acuerdo a la necesidad de cada una de las tribus de Israel.

Lev 25:8  »Siete veces contarás siete años sabáticos, de modo que los siete años sabáticos sumen cuarenta y nueve años,
25:9  y el día diez del mes séptimo, es decir, el día del Perdón, harás resonar la trompeta por todo el país.
25:10  El año cincuenta será declarado santo, y se proclamará en el país la liberación de todos sus habitantes. Será para ustedes un jubileo, y cada uno volverá a su heredad familiar y a su propio clan.
25:11  El año cincuenta será para ustedes un jubileo: ese año no sembrarán ni cosecharán lo que haya brotado por sí mismo, ni tampoco vendimiarán las viñas no cultivadas.
25:12  Ese año es jubileo y será santo para ustedes. Comerán solamente lo que los campos produzcan por sí mismos.
25:13  »En el año de jubileo cada uno volverá a su heredad familiar.
25:14  »Si entre ustedes se realizan transacciones de compraventa, no se exploten los unos a los otros.
25:15  Tú comprarás de tu prójimo a un precio proporcional al número de años que falten para el próximo jubileo, y él te venderá a un precio proporcional al número de años que queden por cosechar.
25:16  Si aún faltan muchos años para el jubileo, aumentarás el precio en la misma proporción; pero si faltan pocos, rebajarás el precio proporcionalmente, porque lo que se te está vendiendo es sólo el número de cosechas.
25:17  No se explotarán los unos a los otros, sino que temerán a su Dios. Yo soy el SEÑOR su Dios.


De esta manera podemos ver como también la explotación, al mismo tiempo que es un pecado de tipo social, también es una forma de juicio divino en contra de la injusticia de su pueblo. 

Hugo Vásquez

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