miércoles, 19 de octubre de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCION 25 - AME A JACOB Y ABORRECI A ESAU

Y así está escrito: «Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú.»”
 
Este es uno de los versículos más usados para justificar la doctrina de la Predestinación individual, y más aún incluso de la doble Predestinación.  Por esta razón vamos a analizar este pasaje en su contexto, dejando que la Biblia se interprete por sí misma y no en base a un sistema de creencias o en base a una confesión de fe.


En el versículo 9:13 Pablo cita un texto del libro de Malaquías 1:3.
Algunos dirán que este texto declara enfáticamente la elección incondicional de Dios, pues más adelante en el verso 15 refiriéndose a Moisés y Faraón Pablo dice:

 “Dios tiene misericordia de quien quiere tener misericordia, y endurece el corazón de quien quiere endurecer el corazón”.

 Y continua en 9:16:

  “Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano sino de la misericordia de Dios”.  

Aquí debemos seguir recordando que se refiere a la elección de Israel. Y también nos encontramos con la clave de interpretación de todo el pasaje “la elección depende  de la misericordia de Dios”

Pregunta para el diálogo:
¿De quién tiene Dios misericordia?

Si analizamos el contexto en el que nace este pasaje veremos que Pablo está hablando
sobre los Judíos quienes reclamaban el ya no ser parte de la nación elegida por Dios, y si leemos ese mismo pasaje en Malaquías, veremos que la Biblia se está refiriendo a la elección del pueblo de Israel, Jacob es Israel, y Esaú  representa  a las naciones paganas, quienes fueron rechazadas por Dios, pero en base a sus idolatrías y rechazo del único Dios, no porque Dios sea arbitrario en  aborrecer a los seres humanos.

En cuanto al amor a Jacob, se está refiriendo a la elección que Dios hizo por Israel, no por las buenas obras de esta nación, sino por gracia y misericordia de Dios.  Pero la elección de Israel jamás significó la reprobación del resto de Naciones, al contrario, Dios eligió a Israel para bendecir al resto de naciones, pues por medio de ellos vendría el Mesías, como la promesa que le hizo a Abraham “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 12:2).  De igual manera la elección del nuevo Israel, el de la fe,  no puede significar la reprobación del resto de seres humanos, sino que hemos sido elegidos para llevar el mensaje de la salvación a todas las naciones de la tierra.  No caigamos en el error que cayó el pueblo de Israel en muchas ocasiones a lo largo de su historia, de sentirse los únicos amados y elegidos por Dios.

Otra clave importante que nos indica que la comparación entre Esaú y Jacob no tiene nada que ver con la elección para salvación la encontramos en la historia misma de estas dos personas. Mientras que Jacob fue elegido por Dios para continuar con su plan, esto no significó de ninguna manera la condenación de Esaú, ya que este aún cuando en un tiempo aborreció  a su hermano, la historia terminó bien, los dos se reconciliaron y no podemos por los hechos afirmar que Esaú fue predestinado para condenación.


Otro factor a tener en cuenta es que el termino aborrecer, del griego Miseo no necesariamente quiere referirse al odio como nosotros lo entendemos. Sino simplemente como amar menos o con menos prioridad. Ya que Jesús mismo lo usó para referirse a la prioridad que debe significar él por sobre nuestras relaciones familiares:

Lucas 14:26  «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Vemos en este pasaje como la NVI traduce “sacrifica el amor” mientras la RV traduce “aborrece” porque el término griego es el mismo Miseo. ¿Quiso decir Jesús que no  debemos amar a nuestra familia? De ninguna manera.

Con respecto a la pregunta que nos planteamos anteriormente: ¿De quién tiene Dios misericordia? La respuesta la podemos encontrar en el verso 11:32, cuando Pablo está ya concluyendo su discurso a cerca de la Inclusión de los gentiles, el rechazo de una gran parte de Israel y la salvación del remanente de la fe, y dice:

“En fin, Dios ha sujetado a todos a la desobediencia, con el fin de tener misericordia de todos”.

 Aquí es claro, Dios quiere tener misericordia de todos.  Y si leemos el resto del Nuevo Testamento sin necesidad de un prejuicio doctrinal, esta verdad es clara, Dios ama a todos y su oferta de salvación es para “…. Todo aquel que en él cree” (Juan 3:16).

“Porque la Escritura le dice al faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra.» Así que Dios tiene misericordia de quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer”

En la sección anterior tratamos el tema de la elección de Dios en base a su misericordia “…tiene misericordia de quien él quiere tenerla”  Pero ahora nos encontramos con la segunda parte de esta afirmación que es la que para muchos implica una doble predestinación: “endurece a quien él quiere endurecer”.

Para comprender esta afirmación debemos plantearnos la siguiente pregunta ¿Existe
alguien quien no haya tenido el corazón duro antes de encontrarse con la gracia de Dios? En Los primeros capítulos de esta epístola Pablo argumentó de una buena manera que nadie es inocente delante de Dios. La culpabilidad recae sobre todos. Es decir no existe nadie a quien Dios haya endurecido el corazón que no haya tenido ya endurecido su corazón.  Esto lo podemos comprobar al analizar la historia misma de Faraón de quien se refieren estas palabras.  Ya que fue el mismo quien endureció su corazón al revelarse a la voluntad de Dios. Y lo que sucedió es que Dios para mostrar su poder, como dice el texto, simplemente le permitió seguir en su endurecimiento. Algo similar a lo que ya planteamos al analizar la ira de Dios en el capítulo 1:

1:24  “Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros”

1:28  Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer.

Sobre estos versículos comentamos que la manera en la que se manifiesta la ira de Dios es juzgando al pecador al abandonarlo a las consecuencias de su propio pecado. No porque Dios haya decretado tal pecado. Sino simplemente dejando de poner un freno a su maldad. Lo mismo podemos afirmar sobre el endurecimiento del corazón de Faraón.  Esto lo seguiremos tratando en la siguiente sección.

6.1.3.-  La soberanía de Dios en la elección

9:19  Pero tú me dirás: «Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?»
9:20  Respondo: ¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?” »
9:21  ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?
9:22  ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción?
9:23  ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?
9:24  Ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles.
9:25  Así lo dice Dios en el libro de Oseas: «Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada»,
9:26  «Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: «Ustedes no son mi pueblo”, serán llamados “hijos del Dios viviente” .»

En la sección anterior Pablo dejó establecido el principio de que Dios es soberano para elegir a un pueblo. En el caso de Israel ellos fueron elegidos por la misericordia de Dios, no por las cualidades del pueblo. También dejó claro que no todos los descendientes de Israel según la carne son verdaderos Israelitas.
Esto levantaría más inquietudes en sus oyentes y Pablo se adelanta para dar una respuesta.

Pero tú me dirás: «Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a su voluntad?»

Esta es precisamente la inquietud que puede surgir en la mente de cualquier cristiano que no comprender de una manera adecuada la doctrina de la predestinación. Ya que si quitamos valor a las decisiones y aplicamos todo a la soberanía de Dios. La objeción presentada es válida.  Sin embargo Pablo trata esta objeción también de una manera muy profunda y que lastimosamente también muchas veces ha sido mal entendida.

“Respondo: ¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: “¿Por qué me hiciste así?”

Lo primero que Pablo deja claro es que nosotros no somos quien para pedirle cuentas a Dios por sus actos. El es el alfarero nosotros el barro, él es el Creador nosotros la creación. El tiene todo el derecho de hacer con el barro, con su creación lo que él quiera.  Lo que si debemos comprender que lo que Pablo condena aquí no es a un corazón sincero que de vez en cuando no comprende la voluntad de Dios sobre ciertas circunstancias de su vida, y levanta algún clamor pidiendo la respuesta de Dios al Por qué de sus decisiones. Sino más bien Pablo está condenando a aquel que le pide cuentas a Dios. Aquel que con orgullo le reclama a Dios por sus circunstancias considerándolas injustas.
Nuestra posición más bien en medio de todo debe ser la de humildad reconociendo que nosotros no somos quien para comprender la voluntad de Dios. Recordemos el ejemplo de Job, quien levanta algunos clamores sinceros a Dios en medio de su sufrimiento.   Y aunque Dios no condena de ninguna manera la actitud de Job, y tampoco le da una respuesta adecuada a sus inquietudes, si le hace ver que Job no es quien para comprender la voluntad de Dios.  Y actitud de Job terminó siendo de humildad delante de la majestad de Dios.

Job 40:1  El SEÑOR dijo también a Job:
Job 40:2  «¿Corregirá al Todopoderoso quien contra él contiende? ¡Que le responda a Dios quien se atreve a acusarlo!»
Job 40:3  Entonces Job le respondió:
Job 40:4  «¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno? ¡Me tapo la boca con la mano!
Job 40:5  Hablé una vez, y no voy a responder; hablé otra vez, y no voy a insistir.»
Job 40:6  El SEÑOR le respondió a Job desde la tempestad. Le dijo:
Job 40:7  «Prepárate a hacerme frente. Yo te cuestionaré, y tú me responderás.
Job 40:8  »¿Vas acaso a invalidar mi justicia? ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?
Job 40:9  ¿Tienes acaso un brazo como el mío? ¿Puede tu voz tronar como la mía?


Pregunta de aplicación:
¿Qué tan fácil o difícil es en medio de los problemas aceptar que nuestra mente es limitada para comprender la voluntad de Dios y descansar con la idea de que él es Justo, bueno y soberano?


“¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?”

Aquí es donde nos encontramos con el tema de la soberanía de Dios.  Debemos tratar de manera conjunta los siguientes versículos:

9:21  ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?
9:22  ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción?

Las preguntas que aquí se plantean son de manera retórica para mostrar el punto de que Dios como dueño y alfarero tiene todo el derecho de hacer con la arcilla lo que él quiera hacer. Pero nuevamente debemos tener en cuenta de que el hecho de que Dios tenga todo el derecho para hacerlo no quiere decir que Dios actúe de una manera injusta. 

Aquí la palabra clave es “destinados” del versículo 22; ya que en base a esta afirmación paulina muchos piensan que Dios predestinó a algunos para salvación y otros para condenación.   Pero lo primero que tenemos que notar es que el término griego es: Katartízo que puede significar: hacer apto, completar, constituir, perfeccionar, perfectamente, preparar, remendar, restaurar, unir. (Strong, 2009). Por eso la Reina Valera traduce:

9:22 ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira que estaban preparados para destrucción?

Y el diccionario “Vila” nos hace caer en cuenta que “está en el original en voz media, lo que quiere decir que los vasos de ira se prepararon a sí mismos para la destrucción” (Vila, 1985).
Por esta razón en el verso 23 la Reina Valera nos da a entender que los vasos de Gloria en cambio fueron preparados directamente por Dios:

9:23 ¿Y qué si, para dar a conocer las riquezas de su gloria, se las mostró a los vasos de misericordia que él de antemano preparó para esa gloria?

Ya que en este caso usa otra palabra que es: proetoimazo que si significa preparar de antemano.

Por eso al comparar el verso 22 con otras traducciones, por ejemplo, con la TLA, encontramos  un sentido muy distinto:

“Algo parecido ha hecho Dios. Ha querido dar un ejemplo de castigo, para que todo el mundo conozca su poder. Por eso tuvo mucha paciencia con los que merecían ser castigados y destruidos”.

Esto nos ayuda a entender el verso 9: 18  “….a quien quiere endurecer endurece”.
Y en cuanto a la expresión que Dios “soportó con mucha paciencia a estos vasos” me recuerda la conocida afirmación de Pedro:

2Pe 3:9  El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.

“¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria?  Ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles”

Con todo lo mencionado anteriormente podemos comprender este versículo de una mejor manera. Ya que nos da a entender que Dios permitió la maldad y el pecado de los seres humanos comenzando desde la caída de Adán. Precisamente para mostrar después su misericordia  con los que de antemano él preparó para su Gloria. Sobre el tema de a quienes el preparó de antemano, ya lo tratamos anteriormente al analizar la doctrina de la predestinación.   Y en este caso es más clara la idea de que lo que Pablo está argumentando es a favor de la elección de la Iglesia, y de la inclusión de los gentiles en el Pueblo de Dios. Precisamente para dar respuesta a las objeciones de los judíos a cerca de su posición como pueblo privilegiado.  Y para argumentar su posición cita pasajes del Antiguo Testamento que nos muestran que el plan de Dios estaba no solamente con los judíos sino también con los gentiles.

 9:25  Así lo dice Dios en el libro de Oseas: «Llamaré “mi pueblo” a los que no son mi pueblo; y llamaré “mi amada” a la que no es mi amada»,

9:26  «Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: «Ustedes no son mi pueblo”, serán llamados “hijos del Dios viviente” .»

Hugo Vásquez
Sígueme:

No hay comentarios:

Publicar un comentario