lunes, 7 de noviembre de 2016

CURSO DE ROMANOS - LECCIÓN 27 - LA VERDADERA BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA

6.2.2.- La verdadera búsqueda de la justicia


10:6  Pero la justicia que se basa en la fe afirma: «No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?” (es decir, para hacer bajar a Cristo),
10:7  o “¿Quién bajará al abismo?” » (es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).
10:8  ¿Qué afirma entonces? «La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.» Ésta es la palabra de fe que predicamos:
10:9  que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo.
10:10  Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.
10:11  Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado.»
10:12  No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan,
10:13  porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».


Una vez que Pablo dejó claro la manera equivocada en la que buscaban la justificación el pueblo de Israel. Ahora pasa a explicarnos la forma correcta en la que un ser humano puede ser justificado. 

Pero la justicia que se basa en la fe afirma: «No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?” (es decir, para hacer bajar a Cristo),  o “¿Quién bajará al abismo?” » (es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos).  ¿Qué afirma entonces? «La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón.» Ésta es la palabra de fe que predicamos:

Como ya estaba establecido en capítulos anteriores la justicia de Dios se basa en la fe y no en el cumplimiento de la ley. Pero para responder a la manera en la que nosotros podemos encontrar esa fe y esa justificación Pablo procede a citar algunos versos de Deuteronomio 30.

Deu 30:11  »Este mandamiento que hoy te ordeno obedecer no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance.
Deu 30:12  No está arriba en el cielo, para que preguntes: “¿Quién subirá al cielo por nosotros, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo?”
Deu 30:13  Tampoco está más allá del océano, para que preguntes: “¿Quién cruzará por nosotros hasta el otro lado del océano, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo?”
Deu 30:14  ¡No! La palabra está muy cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón, para que la obedezcas.

La forma en que Pablo interpreta este pasaje es muy importante y digna de análisis, ya que en su contexto Deuteronomio está hablando de la Palabra de Dios, es decir en el contexto Judío de la Ley.  Y lo que Dios por medio de Moisés les está diciendo al Pueblo es que cumplan los preceptos de la Ley y que estos mandamientos no son imposibles de cumplirlos.

Aparentemente es una contradicción con todo lo que Pablo afirma acerca de la Ley y la justificación. Sin embargo la forma en que aquí aplica estos textos es comparando a la Palabra de Dios con Cristo mismo, para darnos a entender que Cristo no está lejos ni en el cielo ni en el abismo sino que el acceso a Cristo es decir la fe está tan cerca como en nuestros labios y nuestro corazón. 

“que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”

Ahora Pablo pasa a explicarnos de que se trata la palabra que tenemos en nuestros labios y en nuestro corazón.

Esta es probablemente una de las declaraciones confesionales o credos más antiguos en la Iglesia cristiana. Es muy importante notar que parece ser que Pablo la cita en forma de la poesía hebrea por el característico paralelismo que encontramos en esta confesión.

Pablo hace primeramente dos afirmaciones: Confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor y creer en nuestro corazón que Dios lo levantó de entre los muertos. Debemos notar que el hecho de confesar no puede estar separado en ningún momento con el hecho de creer con el corazón. Las dos cosas van de la mano.

Más aún cuando pensamos en el contexto de la iglesia de los primeros siglos en donde confesar no se refería a un simple repetir de labios para afuera la fórmula “Jesús es el Señor”. Hoy podemos hacerlo sin ningún problema, pero en aquel tiempo una confesión de ese tipo podía costarles la vida, ya que para los romanos Cesar era el Señor, y si alguien no lo confesaba de esa manera era sentenciado a muerte. Por tal razón si alguien confesaba a Jesús como señor tenía que estar realmente convencido de esto, es decir debía creer con el corazón.

Pregunta para el diálogo:
¿Podemos hoy como cristianos caer en el error de separar el confesar con nuestra boca del creer con el corazón? 

“Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo”

Esta siguiente sección del texto nos habla de las consecuencias del acto de confesar con nuestra boca y creer con el corazón. Es importante recordar que como mencionamos anteriormente esta sección es probablemente una especie de verso. Y por lo  mismo recoge un estilo muy característico de la poesía hebreo que es el paralelismo sinonímico. Es decir que se escriben dos frases paralelas, con diferente contenido pero para remarcar el mismo significado. Un ejemplo de esto podemos verlo en:

Salmos 19:1  “ Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos”

Hab 1:2  “¿Hasta cuándo, SEÑOR, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves?”

Al tomar en cuenta esto podemos darnos cuenta que las dos afirmaciones de Pablo: Porque con el corazón se cree para ser justificado y con la boca se confiesa para ser salvo, no se están refiriendo a dos aspectos diferentes sino que son dos afirmaciones paralelas para afirmar la misma verdad. Y esto también nos invita a pensar en la importancia de no separar estos dos aspectos de la fe, la confesión y la convicción.

“Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado.”

Para seguir probando su argumento Pablo sigue citando textos del Antiguo Testamento y en esta ocasión cita a Isaías 28:16.

 “Por eso dice el SEÑOR omnipotente: «¡Yo pongo en Sión una piedra probada!, piedra angular y preciosa para un cimiento firme; el que confíe no andará desorientado”

Tanto Pedro como Pablo han identificado a Jesús como la piedra angular que menciona Isaías. Y la confianza en él como la clave de la salvación.

1Pe 2:6  “Así dice la Escritura: «Miren que pongo en Sión una piedra principal escogida y preciosa, y el que confíe en ella no será jamás defraudado.»”

“No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan”

Pablo deja claro que en la Iglesia de Dios que está compuesta por judíos que han reconocido a Jesús como el Mesías y también por gentiles que han tenido fe en él. Las diferencias raciales ya no deben existir.  Ahora somos un solo pueblo con un mismo Señor.

La misma idea la encontramos en Gálatas:

Gal 3:26  Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús,
Gal 3:27  porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.
Gal 3:28  Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.
Gal 3:29  Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.

Es importante señalar que aquí Pablo nos lleva a comprender que incluso los gentiles que pertenecen a Cristo también son descendencia de Abraham y herederos de sus promesas.
Es decir las promesas hechas al pueblo de Israel por medio de Abraham se cumplen con la Iglesia. No deberíamos esperar un cumplimiento exclusivo para el pueblo Judío en el futuro.

Es importante también notar que cuando Pablo dice que Dios “bendice abundantemente a quienes lo invoquen” el término que usa para invocar es epikaleomai que también puede ser traducido como “apelar” y si recordamos que el griego que usó Pablo para escribir romanos es un griego ptolomaico usado en las cortes legales de roma, puede ser que el sentido que le quiera dar a la acción de invocar a Jesús sea precisamente el de apelar a él como nuestro defensor frente al juicio de Dios.

“porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»”

A continuación Pablo vuelve a citar el Antiguo Testamento y en esta ocasión lo hace con Joel:

Joel 2:32  “Y todo el que invoque el nombre del SEÑOR escapará con vida, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá escapatoria, como lo ha dicho el SEÑOR. Y entre los sobrevivientes estarán los llamados del SEÑOR”

Este texto que también es citado por Pedro en su discurso de Hechos, retomando todo el contexto profético y escatológico del libro de Joel. 

Hechos 2:21  Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.”

Lo importante aquí es notar que los dos autores identifican a Jesús como el Señor del que Joel está hablando. Especialmente Pablo aquí en Romanos en los versos anteriores aclaró que la confesión es de que “Jesús es el Señor”. Y mientras que en Joel se usa aquí el nombre propio de Dios YHWH. Por eso la Reina Valera traduce “el nombre de Jehová”.  Es decir esta es una afirmación muy clara de la divinidad de Cristo y su identidad con el Dios del Antiguo Testamento.  Al invocar el nombre de Jesús estamos invocando el mismo nombre de Dios.

Hugo Vásquez
Sígueme:

No hay comentarios:

Publicar un comentario