miércoles, 30 de noviembre de 2016

Prédica - Promesas Divinas - 1 Crónicas 17

Introducción

Una de tantas cosas buenas que tiene la Biblia son las promesas que Dios nos hace. Sin embargo, pienso que muchas veces estamos tan enfocados en recibir las promesas que nos olvidamos de lo que Dios ya nos ha dado.

¿Cómo podemos hacer nuestras las promesas de Dios?


Vamos a hablar de cuando Dios le hizo una promesa a David


1Crónicas 17:1  Una vez instalado en su palacio, David le dijo al profeta Natán: —¡Aquí me tienes, habitando un palacio de cedro, mientras que el arca del pacto del SEÑOR se encuentra bajo una simple tienda de campaña!
17:2  —Bien —respondió Natán—. Haga Su Majestad lo que su corazón le dicte, pues Dios está con usted.
17:3  Pero aquella misma noche la palabra de Dios vino a Natán y le dijo:
17:4  «Ve y dile a mi siervo David que así dice el SEÑOR: “No serás tú quien me construya una casa para que yo la habite.
17:5  Desde el día en que liberé a Israel hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he ido de campamento en campamento y de santuario en santuario.
17:6  Todo el tiempo que anduve con Israel, cuando mandé a sus jueces que pastorearan a mi pueblo, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro?”
17:7  »Pues bien, dile a mi siervo David que así dice el SEÑOR Todopoderoso: “Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel.
17:8  Yo he estado contigo por dondequiera que has ido, y he aniquilado a todos tus enemigos. Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra.
17:9  También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a oprimirlos como lo han hecho desde el principio,
17:10  desde los días en que nombré jueces sobre mi pueblo Israel. Yo derrotaré a todos tus enemigos. Te anuncio, además, que yo, el SEÑOR, te edificaré una casa.
17:11  Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a reunirte con tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus descendientes, a uno de tus hijos, y afirmaré su reino.
17:12  Será él quien construya una casa en mi honor, y yo afirmaré su trono para siempre.
17:13  Yo seré su padre, y él será mi hijo. Jamás le negaré mi amor, como se lo negué a quien reinó antes que tú.
17:14  Al contrario, para siempre lo estableceré en mi casa y en mi reino, y su trono será firme para siempre.” »
17:15  Natán le comunicó todo esto a David, tal como lo había recibido por revelación.



1.- Cambiando nuestras prioridades

El relato nos muestra como David estaba cómodo en su palacio, pero no le gustó la idea de que el templo de Dios fuera una simple tienda de campaña. Para los judíos el templo era muy importante, ya que representaba la presencia misma de Dios.

Exo 25:8 Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes

Pero es interesante, que al Dios creador de todo lo que existe, no le importaba habitar en tiendas, es un Dios humilde por la seguridad de que de él es toda la tierra.  

Juan 1:14  Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

La cosa es que David estaba preocupado por la gloria de Dios. Él estaba cómodo y eso no le hizo sentir bien. Muchas veces la comodidad nos puede llevar a olvidarnos de Dios, servir a Dios es incomodarnos.

La intención de David era buena y lo consultó con el profeta, y Natán al principio respalda la idea de David de construirle un templo a Dios, pero luego recibe una revelación de parte de Dios.  

Dios le recuerda que él no necesita que le construyan una casa

17:3  Pero aquella misma noche la palabra de Dios vino a Natán y le dijo:
17:4  «Ve y dile a mi siervo David que así dice el SEÑOR: “No serás tú quien me construya una casa para que yo la habite.
17:5  Desde el día en que liberé a Israel hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he ido de campamento en campamento y de santuario en santuario.
17:6  Todo el tiempo que anduve con Israel, cuando mandé a sus jueces que pastorearan a mi pueblo, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro?”

Sin embargo, Dios ve con agrado la intención de David, y le promete él construirle una casa

17:10  desde los días en que nombré jueces sobre mi pueblo Israel. Yo derrotaré a todos tus enemigos. Te anuncio, además, que yo, el SEÑOR, te edificaré una casa.

Queremos recibir las promesas de Dios, pero, ¿En qué estamos más preocupados, en nuestra comodidad o en la gloria de Dios?

“Muchas veces nos enfocamos en las promesas de Dios y olvidamos al Dios de las promesas”

¿Cuáles son las prioridades en nuestra vida?

Mat 10:37  »El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí;
Mat 10:38  y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.

Este es uno de los textos más duros en la Biblia. Preguntémonos: ¿Qué queremos más que a Dios?

Si Dios no es lo primero en nuestra vida y esperamos recibir las promesas de Dios, debemos pensar un poquito en nuestras prioridades



2.- Recordando lo que Dios ha hecho

17:7  »Pues bien, dile a mi siervo David que así dice el SEÑOR Todopoderoso: “Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel.
17:8  Yo he estado contigo por dondequiera que has ido, y he aniquilado a todos tus enemigos. Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra.
17:9  También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a oprimirlos como lo han hecho desde el principio,
17:10  desde los días en que nombré jueces sobre mi pueblo Israel. Yo derrotaré a todos tus enemigos. Te anuncio, además, que yo, el SEÑOR, te edificaré una casa.


Dios le recuerda a David que todo lo que ha pasado en su vida es por Dios. Él le sacó del redil de las ovejas para ser rey de Israel.  

¿De dónde nos sacó Dios a nosotros?

Siempre es importante ponernos a pensar en cómo sería nuestra vida si Dios no nos hubiera rescatado. Sin la gracia de Dios ¿cómo estaríamos?

Dios le recuerda a David, no solo de donde le sacó sino de cómo él le ha protegido todo el tiempo. De igual manera es importante recordar todo lo que Dios hace por nosotros todo el tiempo.  Todo lo que nos sigue perdonando. La Biblia dice: “A quien mucho se le perdona, mucho ama”.

Filipenses 1:6 Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús

“Dios nunca dejará de trabajar en nuestras vidas si nos arrepentimos”

Debemos recordar que las más grandes promesas él ya nos las ha dado.


3.- Creyendo en sus promesas


17:11  Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a reunirte con tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus descendientes, a uno de tus hijos, y afirmaré su reino.
17:12  Será él quien construya una casa en mi honor, y yo afirmaré su trono para siempre.
17:13  Yo seré su padre, y él será mi hijo. Jamás le negaré mi amor, como se lo negué a quien reinó antes que tú.
17:14  Al contrario, para siempre lo estableceré en mi casa y en mi reino, y su trono será firme para siempre.” »
17:15  Natán le comunicó todo esto a David, tal como lo había recibido por revelación.


La promesa que le hace Dios a David es la promesa más grande, de una manera se refería a Salomón, pero otra parte se refiere a Jesús.

Lucas 1:32  Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David,
1:33  y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.


Jesús es la mejor promesa no sólo para David sino para toda la humanidad. Al tener a Cristo tenemos la mejor promesa, las demás ya no tienen mucho significado.
El apóstol Pablo decía:

Filipenses 3:7  Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo.
3:8  Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo


Para recibir esta promesa solo tenemos que creer. Jesús nos da la vida eterna ¿Qué bien material puede compararse con eso?



Conclusión

Cuando nos preocupamos de nuestra relación con Dios y del servicio a su Reino, más que de nuestra comodidad, será Dios mismo quien nos muestre su amor, su protección y nos recuerde las promesas que tiene para nuestra vida, en especial la de la vida eterna en el Reino de Dios. 


Hugo Vásquez
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