martes, 1 de noviembre de 2016

Prédica - Un Rey que se humilló - Juan 13:1-17

Introducción
Muchos estamos de acuerdo que la mejor de las virtudes en la vida de un ser humano es la humildad
.
¿Cómo estamos con ese tema en nuestra vida?

Humildad es una palabra que muchas veces se entiende mal. No es algo que tenga que ver con dinero, o con autoestima. Ya que existen muchos pobres orgullosos y muchos ricos humildes.
Bíblicamente ¿Cómo podemos entender la humildad?


Filipenses 2:3  No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.
2:4  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

Humildad es la actitud de dar preferencia a otros antes que a mí mismo, de hablar de las virtudes de los demás antes que de las de uno mismo. Todo esto basado en la seguridad que tenemos en nuestra relación con Dios.

Imaginémonos la siguiente escena:

Un jefe en una reunión importante de trabajo, en la que todos están con terno y corbata, de pronto mira que los zapatos de los asistentes a la reunión están sucios y él mismo se humilla para limpiar los zapatos de los empleados.

Conozco una historia mucho más admirable:

Juan 13:1  Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
13:2  Llegó la hora de la cena. El diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que traicionara a Jesús.
13:3  Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía;
13:4  así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.
13:5  Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
13:6  Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: —¿Y tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?
13:7  —Ahora no entiendes lo que estoy haciendo —le respondió Jesús—, pero lo entenderás más tarde.
13:8  —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo.
13:9  —Entonces, Señor, ¡no sólo los pies sino también las manos y la cabeza!
13:10  —El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos.
13:11  Jesús sabía quién lo iba a traicionar, y por eso dijo que no todos estaban limpios.
13:12  Cuando terminó de lavarles los pies, se puso el manto y volvió a su lugar. Entonces les dijo: —¿Entienden lo que he hecho con ustedes?
13:13  Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.
13:14  Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.
13:15  Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.
13:16  Ciertamente les aseguro que ningún siervo es más que su amo, y ningún mensajero es más que el que lo envió.
13:17  ¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica.


Las enseñanzas más grandes son las que se dan con el ejemplo
¿Que pasó en esta historia?
Los esclavos de los anfitriones de las cenas lavaban los pies de los invitados. Pero este era un trabajo tan humillante que ni siquiera eran los esclavos judíos sino los gentiles los que lo hacían, porque hasta para los esclavos judíos esta era un trabajo humillante. 
Los apóstoles de Jesús organizaron esta cena y alquilaron un local por ende no había un esclavo que les lave los pies. Y me imagino que ellos no se pusieron a pensar en que esa tarea podía hacer uno de ellos.  Precisamente Lucas nos dice en el capítulo 22 que ese mismo día ellos estaban discutiendo por quien era el mayor. 
Ya estaban sentados en la mesa cuando Jesús hizo un acto que nos dio un gran ejemplo de lo que es la humildad y el servicio.
Este texto me enseña 4 cosas de cómo ser un siervo humilde, siguiendo el ejemplo de este rey que se humilló

 1.- La motivación de un siervo humilde

Juan 13:1  Se acercaba la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de abandonar este mundo para volver al Padre. Y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Aquí está el corazón del texto. El amor de Jesús por sus apóstoles fue su motivación para dejarles ejemplo lavándoles los pies.  
“hasta el fin” es una expresión que puede significar también los amó hasta lo sumo. Es decir, los amó tanto como es posible amar.
El amor de Jesús fue la motivación no solamente para lavarles los pies, sino para entregarse en una cruz no sólo por sus apóstoles sino por todo el mundo. Dicen los evangelios que Jesús al mirar a las multitudes sentía compasión de ellas porque las miraba como ovejas que no tienen pastor.
De la misma manera el amor debe ser lo que motive nuestro servicio

1Co 13:1  Ahora les voy a mostrar un camino más excelente. Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
1Co 13:2  Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.
1Co 13:3  Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.

Pablo dice que podemos hacer muchas cosas en nuestro servicio, pero si lo que nos motiva no es el amor no sirve de nada. Podríamos lavar literalmente los pies de nuestros hermanos, pero si no tenemos amor no sirve. Podríamos predicar o barrer la iglesia sin amor tampoco sirve.

2.- La seguridad de un siervo
13:3 Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía;

Muchas veces confundimos la humildad con baja autoestima. Pero Jesús el ser más humilde que vivió no tenía baja autoestima, sino que estaba seguro de quien él era, pero:
La traducción Reina Valera dice “todas las cosas en sus manos”
Con las mismas manos en las que Dios el Padre puso todas las cosas, lavó los pies de los discípulos.
Para poder humillarnos en un trabajo así, se necesita estar seguro de nuestra posición en Dios, sino es muy difícil. Muchas veces el orgullo refleja inseguridad. Cuando una persona sólo quiere los puestos más importantes, o cuando solo está hablando de sus propios méritos muchas veces lo que refleja es inseguridad.
La seguridad que Jesús tenía en su relación con el Padre es lo que le permitía tener estas actitudes de humildad. La seguridad que tenemos nosotros en nuestra relación con Dios, cuando reconocemos que todo lo que somos que todo lo que hacemos es solamente porque Dios nos ha tenido misericordia porque si fuera por nosotros no podríamos hacer nada. Esa seguridad en lugar de llevarnos a enorgullecernos nos lleva a humillarnos.

3.- La actitud de un siervo

13:4  así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.
13:5  Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

Jesús estuvo pendiente de cuál era la necesidad en ese momento. Algunas veces les he conversado sobre mi debilidad de no darme cuenta de las cosas que están pasando, por ser muy despistado. Pero esto es algo que tengo que cambiar ya que Dios me ha mostrado de lo importante de estar pendiente de las necesidades que uno se puede suplir.  
De pronto ninguno de los apóstoles se les pasó por la mente que necesitaban lavar sus pies. Es interesante que todos le vieron coger la toalla ponerse el delantal y coger el agua, pero ninguno hizo nada.  Solamente cuando llegó donde Pedro le dice que no le lave los pies. Jesús le dice que después entenderá, pero aun así Pedro necio.  
No dejarse servir a veces es orgullo disfrazado de humildad.
Jesús tuvo que recurrir a una aplicación espiritual.

13:8  —¡No! —protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te los lavo, no tendrás parte conmigo.
13:9  —Entonces, Señor, ¡no sólo los pies sino también las manos y la cabeza!
13:10  —El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos.

El servicio que Jesús estaba prestándoles al lavarles los pies de alguna forma también representaba el servicio más grande que Jesús nos ha prestado al limpiarnos de nuestros pecados. Y nosotros tenemos que aceptarlo, pero a veces somos como Pedro y pensamos que no necesitamos de Jesús.
Si no dejamos que Jesús nos limpie no tendremos parte con él.  
Pero la actitud de Jesús también es un ejemplo de cuál debe ser nuestra actitud


Filipenses 2:5  La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
2:6  quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
2:7  Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.
2:8  Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!

No consideró ser igual a Dios, es decir se negó a sí mismo “se rebajó voluntariamente”
En el momento en el que lavó los pies de los discípulos es cuando literalmente Jesús incluso se vistió de siervo al despojarse del manto y atarse la toalla a la cintura.
¿Hasta donde llegamos nosotros cuando se trata de servir a los demás? ¿Cuál es nuestro límite?

4.- El impacto del servicio
13:13  Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy.
13:14  Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.
13:15  Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.

Jesús les mostró este acto de servicio como algo que tenía que reproducirse porque ellos también tenían que hacer eso los unos por los otros.  
Jesús muchas veces habló del servicio y de la humildad del servicio, pero muchas veces se les olvidaba. Estoy seguro que esta vez no se les iba a olvidar porque lo experimentaron con el ejemplo tangible de su maestro postrado lavándoles los pies.
De igual manera nuestras actitudes de servicio y de humildad causarán un ejemplo en los demás. Es muy importante reconocer que el amor que vivimos servirá como testimonio delante de los que no conocen a Jesús.

Jesús también dijo que “en esto conocerán que son mis discípulos si se aman los unos a los otros”  Juan 13:35
Pero, es un desafío. Tal vez ellos hubieran sido capaces de lavarle los pies a Jesús, pero nunca se les hubiera ocurrido lavarse los pies entre ellos. Si queremos servir a Dios tenemos que servir a los demás.

“cuanto más cerca estemos de Dios, en lugar de apartarnos de los seres humanos eso nos acercará más a los seres humanos” Willian Barclay 

Conclusión
Toda la vida de Jesús fue un ejemplo a seguir incluso la cruz.

 Mientras más alto llego más abajo tengo que servir a los demás

Filipenses 2:1  Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable,
2:2  llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento.
2:3  No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos.
2:4  Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.
2:5  La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,

“Comprender la verdad de que Dios mismo por amor se humilló para servir al ser humano, debe motivarnos para hacer lo mismo los unos por los otros, para servir a nuestros amigos, pero también a aquellos que no lo son, siguiendo el ejemplo de Jesús, que aun a Judas le lavó los pies”  


Hay muchos pies por lavar ¿Estamos dispuestos?

Hugo Vásquez

Audio de la prédica:



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