miércoles, 1 de marzo de 2017

CURSO DE HISTORIA DE LA TEOLOGÍA - LA TEOLOGÍA EN EL SIGLO III Y EL CONCILIO DE NICEA



LA TEOLOGÍA EN EL SIGLO III Y EL CONCILIO DE NICEA
Es interesante notar que la literatura cristiana en latín tuvo su origen en el siglo III y no precisamente en Roma sino en África, con escritores como Tertuliano, quienes aportaron mucho del lenguaje teológico que se utilizaría en los siglos posteriores.



Tertuliano de Cartago
Tertuliano fue un abogado de finales del segundo siglo que se convirtió al cristianismo, y haciendo uso de su profesión llegó a ser un gran apologista de la fe cristiana, aunque al final de su vida terminó siendo parte de la secta de los Montanistas.
Una de las características principales de Tertuliano fue el repudio manifestado en sus escritos contra la filosofía pagana. Muy al contrario del espíritu característico de su época Tertuliano decía que el uso de la filosofía y la razón humana en la interpretación de la fe daba como resultado alguna herejía.   Por esta razón muchas veces se le ha acusado a tertuliano como muy simple en sus argumentos, ya que llegaba a decir que hay cosas que solamente deben creerse y no razonarse, especialmente el hecho de la resurrección, decía Tertuliano “Debe creerse solo por el hecho de ser increíble”.
Pero al estudiar con detalle las obras de Tertuliano se descubre un gran pensador que parece contradecir el mismo sus argumentos en contra de la filosofía, especialmente por su admiración manifestada por Séneca y los Estoicos.
Tertuliano escribe mucho en contra de herejías trinitarias y aporta al pensamiento cristiano términos como “substancia” (Hipóstasis) y “persona”, que se los seguirá usando en controversias posteriores.
Substancia  En la mente de Tertuliano es todo lo que por derecho corresponde a una persona, es decir la substancia de un rey es él y su reino.  Mientras que persona es lo que hace al rey diferente de los demás.  De esta manera trata de explicar la trinidad diciendo que el Padre puede compartir su substancia con el Hijo y el Espíritu, siendo los tres diferentes personas.  No obstante para muchos esto significó un subordinacionismo en cuando a las relaciones trinitarias.
También aportó mucho en lo que tiene que ver a la relación entre las dos naturalezas en Cristo ya que opinaba que en Cristo hay las dos substancias, divina y humana, pero una sola persona.
Un aspecto innovador en su pensamiento es la idea de que las almas se originan de las almas de los padres, al igual que el cuerpo, y de esta manera se explica la herencia del pecado original, a esta doctrina se la llamó posteriormente “traducionismo”.
En definitiva Tertuliano abrió el camino a muchos debates posteriores. Pero lastimosamente su inmenso legalismo, le llevo a unirse con la herejía de los montanistas, probablemente en protesta de tolerancia de la Iglesia con el sistema dominante.

Clemente de Alejandría
Contraria a la visión de Tertuliano, se desarrolla en Alejandría una visión de la fe cristiana estrechamente relacionada con la filosofía. Uno de los más característicos representantes de esta escuela teológica es Clemente de Alejandría.
Clemente va más allá que Justino Mártir en cuanto a la importancia que daba a la filosofía, comparándola con un pacto hecho por Dios con los griegos, similar al pacto hecho en las Escrituras con los judíos. Y poniendo a Homero, Pitágoras, Platón etc. En el mismo nivel que los profetas del Antiguo Testamento.
Una de las frases características de Clemente es: “la fe debe ser conocida, así como el conocimiento debe ser creído, algo así como una reciprocidad divina” 
En cuanto a la interpretación de las Escrituras Clemente reconoce que son Palabra de Dios, y propone la interpretación en dos sentidos, el literal y el alegórico, es decir a diferencia de muchos de los teólogos de Alejandría clemente no descarta el carácter literal de las historias bíblicas.
Otro aporte muy importante en cuanto a la exégesis de Clemente es el hecho de que ningún pasaje de la Escritura debe interpretarse aparte de su contexto.
Clemente también se caracterizó por diferenciar entre los cristianos sencillos quienes se conforman solamente con creer, y aquellos que alcanzan la “verdadera gnosis” por medio de la reflexión y contemplación divinas.  


Orígenes de Alejandría

Discípulo de Clemente, destaca en el campo de la filosofía y el razonamiento cristiano desde muy temprana edad. A los 18 años ya era maestro de catequesis para la Iglesia.  Poco a poco se fue dando a conocer como gran predicador, de un espíritu asceta, al extremo que llego a tomar literalmente las palabras de Jesús acerca de que “unos se hacen eunucos por causa del Reino de Dios” y se corto sus órganos reproductivos.   Esto le trajo consecuencias con el tiempo ya que muchos se opusieron a que sea ordenado como obispo por esta causa.
Sin embargo esto no impidió que Orígenes destaque como uno de los más grandes pensadores de su época y de la historia del pensamiento cristiano.  Se llega a afirmar que sus trabajos literarios llegan a ser como 6000, sin embargo hasta hoy nos han llegado solo unos 800 títulos, de los cuales no se los conserva todos, y muchos con dudosas modificaciones.  Pero aún así lo que se conserva de este autor es suficiente para darnos cuenta de la amplitud y genialidad de su pensamiento.
Orígenes trabajo mucho en el tema de la exégesis y la interpretación de las Escrituras y dedica gran parte de su vida a buscar el texto original de las mismas, haciendo comparaciones entre las traducciones griegas y hebreas,  escribiendo su propia traducción con notas en cada parte en donde había cambios o aumentos de una a otra traducción. Adelantándose así algunos siglos en su trabajo de investigación.
Como es de suponerse esto es muestra que para Orígenes era muy importante la interpretación literal de las Escrituras, sin restar importancia al sentido espiritual y también al sentido moral con el que este autor trabaja mucho.
En cuanto a su forma de ver la trinidad, Orígenes hace mucho hincapié en la divinidad del Verbo, pero es débil en cuanto a la diferencia con el Padre.
Aún a pesar de la importancia que Orígenes daba a la revelación divina por medio de las Escrituras, sus raíces en la filosofía griega lo llevaron muchas veces a elevar el vuelo en sus especulaciones y llegar a afirmar conceptos ajenos a la fe cristiana pero comunes en el pensamiento helénico, como la salvación universal de las almas, la eternidad del mundo, etc.  Pero siempre dejó claro que eran suposiciones personales que no debían tomarse como una regla de fe de la Iglesia, por eso nunca fue catalogado de hereje.

Las Teologías de Oriente y Occidente
Como podemos notar los teólogos de Alejandría mostraban un apego desmedido a la filosofía griega y a las especulaciones abstractas de la fe cristiana, mientras que en Occidente siguiendo un patrón de pensamiento similar al de Tertuliano, los pensadores se preocupan más en temas prácticos como el perdón de los pecados, la restauración de los caídos, etc.  Pero durante el desarrollo de la historia de la Iglesia tanto los unos como los otros hicieron aportes muy considerables en la teología que hasta hoy creemos y practicamos.

La controversia arriana y el concilio de Nicea

El siglo IV es de extrema importancia para la historia del cristianismo ya que nos encontramos con la famosa “constantinización”,  situación histórica en la que por causa de la conversión del emperador Constantino la Iglesia pasó de ser un grupo perseguido a ser ahora un grupo apoyado por el estado. Esto por un lado consiguió que muchos de los pensadores dejen de preocuparse de defender su fe en contra de quienes les atacaban y se dediquen a escribir más sistemáticamente sobre la fe cristiana. Pero por otro lado, las multitudinarias conversiones ocasionaron que la vida piadosa de la Iglesia se mescle con las prácticas paganas, y que la sencilla liturgia de adoración cristiana pase a ser ahora una ceremonia de carácter millonario, y se comienzan a construir los grandes templos cristianos.
Es en este contexto en el que nos encontramos con el presbítero de Alejandría, Arrio, quien en sus escritos opinaba que el Verbo (Logos) de Dios no podía ser eterno, ni de la misma substancia del Padre, sino que era creado por este y por consiguiente tenía un principio.
Esto no quería decir que Dios no poseyera eternamente una razón o sabiduría, sino que Arrio distinguía como diferente el Logos inmanente de Dios, y el Logos expresado que se encarnó en Jesucristo.
 Estas ideas molestaron sobremanera al obispo de Alejandría, Alejandro. Quien no vacilo en atacar las doctrinas de Arrio desde el inicio. Pero no se percató que Arrió iba a tener también tal aceptación que las controversias se hicieron cada vez más grandes.
Cuando esto llegó a oídos del emperador Constantino, este se preocupo, más que por la unidad de la fe, por la unidad de su imperio. Por esta razón al ver que las soluciones no estaban al alcance de una simple reconciliación y tolerancia. Decidió convocar a un Concilio que reunió a 300 obispos de todas partes de la cristiandad.  El propósito era tratar algunos temas sobre la fe cristiana pero como era de esperarse el punto central de la controversia iba a ser la doctrina arriana.
Como Arrio no era obispo su voz se hizo escuchar en el concilio por un grupo de obispos partidarios de sus ideas, comandados por Eusebio de Nicodemia.  Quienes al exponer sus doctrinas no contaron con el apoyo suficiente y su causa estuvo perdida.   Luego el emperador decidió intervenir y posiblemente por el consejo de algunos teólogos presentes decidió que se aumentase al credo apostólico el término “consubstancial” (homousios) para recalcar el carácter divino de Jesucristo. El credo quedó de la siguiente manera:
“Creemos en un Dios Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles.
Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; consubstancial al Padre; mediante el cual todas las cosas fueron hechas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra; quien para nosotros los humanos y para nuestra salvación descendió y se hizo carne, se hizo humano, y sufrió, y resucitó al tercer día, y vendrá a juzgar a los vivos y los muertos.
Y en el Espíritu Santo.
A quienes digan, pues, que hubo (un tiempo) cuando el Hijo de Dios no existió, y que antes de ser engendrado no existía, y que fue hecho de las cosas que no son, o que fue formado de otra substancia (hipóstasis) o esencia (usía), o que es una criatura, o que es mutable o variable, a éstos anatematiza la Iglesia cat6lica”

       
Consideraciones generales
Aunque muchos tenían la esperanza de que este credo promoviera la unidad en la Iglesia, no resulto de esta manera, ya que algunos arrianos firmaron el credo pero cada uno lo interpretaba de diferente manera, es decir, para muchos el hecho de ser consubstancial, no quiere decir necesariamente que el verbo no tenga origen o sea Dios.  Una prueba de esto es que Arrio y Eusebio de Nicodemia, quienes fueron exiliados después del concilio, con el tiempo regresaron a la comunión de la Iglesia, proponiéndole al emperador llegar a un acuerdo con el resto de Obispos.
Y de una manera paradójica, a su muerte, Constantino fue bautizado por Eusebio de Nicodemia
Hubo otros que aumentaron una letra al credo, la palabra “homousios” la cambiaron por “homoiusios” (de una substancia semejante). De esta manera podía continuar con las enseñanzas arrianas.
Otro problema con el que se tenía que enfrentar la Iglesia era la controversia con los “sabelianitas”  quienes eran de la herejía de los “monarquianos modalistas”,  y  una de las debilidades del credo Niceno es que no decía mucho a cerca de la distinción del Padre y el Hijo.
 Y también dejaba la puerta abierta para cualquier interpretación con respecto al Espíritu Santo. 

Hugo Vásquez



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