martes, 14 de marzo de 2017

CURSO HISTORIA DE LA TEOLOGÍA - EL PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA

EL PENSAMIENTO DE AGUSTÍN DE HIPONA Y LAS PRINCIPALES CONTROVERSIAS

Sin lugar a dudas Agustín de Hipona es uno de los pensadores más influyentes en toda la historia de la teología cristiana. Con Agustín se marca el final de una era y el principio de otra. Es considerado el último de los Padres de la Iglesia, es quien da una línea de pensamiento a toda la edad media, y que actualmente tiene gran influencia en la Iglesia protestante.






Su recorrido filosófico
Agustín vivió a finales del siglo IV y comienzos del V, hijo de un padre pagano y de madre cristiana. Estudió retórica y se destacó por sus habilidades para la misma. Pero su inquietud para tratar de explicar los misterios de la vida lo llevaron a recorrer por la filosofía de los Maniqueos.  Doctrina llamada así por Maní, pensador que se consideraba el último de los profetas con una revelación de la verdad. Entre estos profetas estaba, Buda, Zoroastro, y Jesús.
Los Maniqueos seguían una línea de pensamiento Gnóstico, en cuanto a la maldad de la materia. También explicaban el origen de la maldad, problema que atormentaba a Agustín, en base   a la idea de que en el mundo existen dos principios, uno bueno y uno malo en perfecto equilibrio.
Aunque Agustín nunca pasó de ser un oyente de esta doctrina, estuvo 9 años en la misma. Hasta que un día escucho que llegaba a su ciudad un famoso maestro llamado Fausto de Mileva, de quien había oído que daría respuesta a las más grandes inquietudes de Agustín. Pero cuando lo conoció sufrió una gran decepción ya que no tenía nada nuevo que enseñarle.
Luego de este incidente Agustín abandona el Maniqueísmo y se dedica al escepticismo, ya que se le hacía más fácil dudar de todo que obtener respuestas racionales. 
En un tiempo en que Agustín se encontraba trabajando como maestro en Milán, conoció el neoplatonismo, doctrina que influiría por el resto de su vida, ya que a través de ella encuentra respuestas a interrogantes como la naturaleza incorpórea de Dios y al origen del mal.

La conversión
Estando en Milán, Agustín escuchó hablar del obispo de esta ciudad llamado Ambrosio, a quién se le consideraba uno de los mejores oradores de la época.  Entonces decide asistir a la Iglesia a escucharle, con motivaciones puramente profesionales, pero al escucharle predicar el Evangelio, y en especial al escucharle interpretar el Antiguo Testamento de una manera alegórica, Agustín cuenta en sus “confesiones” que desde ese episodio comenzó a convencerse intelectualmente de la verdad del cristianismo.
Pero tuvo que pasar algún tiempo todavía para que Agustín tomara la decisión final por la fe cristiana, ya que al vivir una vida enredada en los placeres mundanos se le hacía muy difícil aceptar la vida acética que proponía el cristianismo.  Nos cuenta que su oración era: “Dios dame castidad y continencia, pero no ahora”
Posteriormente al estudiar las obras de algunos cristianos que decidieron renunciar a todo por el Reino de Dios, especialmente la vida de San Antonio, Agustín decide abandonar todo y dedicarse a la meditación de la fe cristiana.
Algunos años después fue elegido presbítero y posteriormente obispo de Hipona, aunque muchos nos cuentan que esa idea no le agradaba mucho ya que él prefería la vida apartada y monástica, pero aun así cumplió su labor con excelencia, sin descuidar el estudio, la meditación y la escritura ya que su producción literaria fue muy considerable.

 La controversia donatista
Una de las principales controversias que Agustín tuvo que enfrentar en su carrera teológica es contra los donatistas.  Estos eran un grupo cismático de la Iglesia, quienes se caracterizaban por su extremo legalismo frente a todos aquellos obispos que habían entregado las Escrituras al imperio romano en tiempo de persecuciones. La postura donatista era que la Iglesia tenía que ser visiblemente santa, aunque ellos evaluaban la santidad en base a la respuesta a las persecuciones, y por lo tanto los obispos que no aceptaron el martirio no podían ser aceptados en la comunión de la Iglesia y que los sacramentos que estos apliquen no tenían validez.
Frente a esto Agustín desarrolla su pensamiento de la Iglesia visible e invisible, y también de la valides del sacramento no por la persona que lo oficia sino por la fe del creyente. Pensamientos de gran influencia en tiempos de la reforma protestante.
Uno de los aspectos tristes de la posición de Agustín en este conflicto era que a consecuencia de que muchos donatistas utilizaron la violencia para protestar en contra de la Iglesia, él desarrolla de a poco su concepto de la guerra santa, justificando también la violencia por parte del imperio para callar a los rebeldes.   Siempre y cuando el fin de la guerra sea la búsqueda de la paz, y la motivación de la misma sea el amor.  Argumentos bastante contradictorios.

Teoría del conocimiento
Es necesario comenzar a estudiar el pensamiento de Agustín en base a su teoría del conocimiento. Esto era algo que atormentaba la mente de este pensador, ya que después de haber transitado mucho tiempo por la filosofía de los escépticos, no sabía responder si el conocimiento es posible o no. Pero poco a poco llegó a la conclusión de que se puede dudar de todo, menos de que se está dudando, entonces la duda ya es un conocimiento seguro. Algo similar a la duda metódica que siglos después propondría Descartes. “Pienso luego existo”.
Por otra parte, frente a los platónicos quienes consideraban que el conocimiento es posible por las reminiscencias que tenían las almas de su existencia en el mundo de las ideas. Agustín por su pensamiento cristiano no podía aceptar la idea de la preexistencia de las almas y propone la teoría de la iluminación, en la que el conocimiento es posible solamente por lo que el creador nos ha comunicado por medio del Logos.     

Sobre Dios
Para Agustín la principal prueba de la existencia de Dios es la existencia de la verdad. Es decir, si nuestra mente puede descubrir verdades indubitables, esto es consecuencia de que siempre existe una verdad mayor que está sobre todo. De La cual procede cualquier tipo de conocimiento.

La creación
El Dios trino en el que cree Agustín es el creador de todo, de la nada, no de alguna materia informe eterna como otros sostenían, sino que Dios todo lo creó de la nada.  Pero para Agustín el mundo como tal ya existía antes de la creación en la mente de Dios, y este solo le dio forma por medio del Verbo eterno. Entonces concuerda un poco con el Platonismo en el hecho de que las ideas si serían eternas.
En cuanto a que si Dios creó todo en un solo momento o parcialmente este pensador cree que los siete días de la creación no deberían tomarse literalmente, ya que al inicio no existía ni sol ni luna para medir los días.  Hay que tener en cuenta que Agustín se caracterizaba por la interpretación simbólica del Antiguo Testamento.

El tiempo
La cuestión del tiempo es uno de los problemas más complicados para la razón humana. ¿Qué es el tiempo? ¿El tiempo es eterno?  Agustín se plantea estas inquietudes, que son necesarias en vista de la creación.
Para Agustín el único tiempo que existe es el presente, ya que el pasado solo existe como memoria, y el futuro como expectación.
En cuanto a la eternidad del tiempo Agustín cree que es imposible, ya que parafraseando en su libro “Confesiones” él decía: “como pudieron pasar los siglos sin que tú no hagas nada, si tú eres el creador de los siglos”. Es decir, Dios crea el tiempo junto con toda la creación.   
En este punto es interesante notar lo adelantado que estaba Agustín al pensamiento de su tiempo cuando comparamos sus ideas con los descubrimientos contemporáneos en física teórica, especialmente con las ideas de Einstein cuando probó por medio de sus fórmulas que el tiempo no es un algo independiente de la materia, sino que es una propiedad de la misma, es decir sin materia no hay tiempo.

El mal
Agustín piensa de una manera muy contraria a la de los Maniqueos quienes proponían dos principios con igual poder, el bien y el mal. Ya que esto era imposible aceptarlo desde una cosmovisión monoteísta del cristianismo. Entonces este teólogo propuso una doctrina parecida a la de los neoplatónicos en donde el mal no existe como naturaleza, sino que es un apartarse del bien, es decir el mal es la negación del principio del bien que es Dios.

 El libre albedrío
La cuestión del mal traía otro problema por resolver, ¿En donde se origino? A esta inquietud Agustín propone la teoría del libre albedrío, que consiste en que Dios en su soberanía otorgó voluntad propia a sus criaturas, tanto ángeles como seres humanos, y esta libertad es un bien en sí mismo, pero se lo puede hacer uso de manera equivocada al apartarse del bien, y esto es el mal.

El pecado original
Lastimosamente después de la caída del ser humano, este libre albedrío se vio drásticamente afectado, pues antes de la caída el ser humano podía pecar y podía no pecar, luego de la caída, todo ser humano hereda la naturaleza pecaminosa de Adán y no solo eso, sino también la culpa del pecado original. Y por tal razón pierde su libertad de no pecar, y ahora solo puede pecar.

La gracia y la predestinación
En vista de que el ser humano ya no puede hacer nada bueno, la pregunta que surge es ¿Cómo puede salvarse? Entonces Agustín argumenta el concepto de la gracia divina, que es la única que capacita al ser humano caído para hacer buenas obras, que son las que le llevarán a la vida eterna. Por esta razón la salvación de las personas es solamente para la gloria de Dios, y por su eterno amor.
Pero esto hace surgir otra inquietud, y es que esto da resultado de que es Dios   quien elige a quien dar su gracia y a quien no, lo que nos lleva al concepto de la predestinación.  
Hay que notar que la manera en que ve la predestinación Agustín es de muchas maneras diferente a la manera en que la ven los reformadores del siglo XVI, ya que para este pensador la predestinación era en un solo sentido, para salvación, mientras que para Calvino y otros, el decreto de salvación de algunos, incluía también el decreto de condenación de otros.
Esto tiene que ver también en que Agustín basa sus argumentos en el amor y misericordia de Dios y no tanto en su soberanía como en los reformadores posteriores.
Es más, algunas ideas de Agustín con el tiempo daban a pensar que existe una posibilidad de que todos se salven luego de la muerte, pasando por un estado de purificación, al que posteriormente se le llamó “purgatorio”

La controversia con Pelagio

Pelagio aparece en el años 405 D.C, posiblemente era un monje aunque no se sabe mucho sobre él, lo único que conocemos son sus escritos en contra de la posición de la gracia y predestinación de Agustín.
Para Pelagio el hecho de dar mucho poder a la gracia divina quita todo esfuerzo humano para la salvación del hombre y esto según él va en contra de las Escrituras. Por eso el afirma que la libertad de poder pecar y poder no pecar sigue estando en todo ser humano, ya que sería ilógico que por el pecado de uno todos sean culpables y tengan que pagar las consecuencias. Por esta razón este pensador cree que no se debe bautizar niños, ya que todo niño nace inocente.
En cuanto a la gracia Pelagio cree que existe una gracia original o de la creación que es dada a todo ser humano. También existe una gracia de la revelación, ya que es por medio del conocimiento de Dios que el ser humano llega a la salvación.  Y por último está la gracia del perdón, mediante la cual Dios libera de sus pecados a quienes por su propia voluntad se arrepienten.
El pelagianismo sirvió para que Agustín desarrollara gran parte de su teología para refutar sus teorías.
Pero cabe hacer hincapié en  este punto que la Iglesia nunca estuvo totalmente de acuerdo ni con uno ni con otro, incluso posteriormente se desarrolló una posición conocida como semi-pelagianismo.

La Iglesia
Para Agustin las señales de la Iglesia verdadera son: La expansión de la Iglesia por toda la tierra y la sucesión apostólica. Estos argumentos los escribió en contra de los donatistas.
En cuanto a la santidad de la Iglesia Agustín reconoce que no se puede separar el trigo de la cizaña, sino que estarán juntos hasta el fin de la era de la Iglesia. Por esto el desarrolla el concepto de las dos Iglesias: La visible y la invisible, la primera es todo miembro de la Iglesia que se lo puede ver, pero la segunda es la verdadera Iglesia formada solamente por los elegidos.

 Los Sacramentos
Agustín se refiere como sacramentos a muchas de las prácticas de la Iglesia, pero nos vamos a referir a las dos más controversiales:
El bautismo.- En contra de los pelagianos y los donatistas. Agustín argumenta que el bautismo solo puede oficiarse dentro de la Iglesia Católica y no tiene validez si es en una iglesia cismática. Pero tampoco es relevante en el acto la santidad y el testimonio del ministro que lo realice, sino lo más importante es la comunión entre Dios y la persona que se bautiza.
La Santa Cena.- Este es un tema en el que no tenemos claro cuál era el pensamiento de Agustín. En algunos escritos parece dar a entender un carácter literal del cuerpo y la sangre de Cristo en los elementos. Pero en otros escritos se refiere solamente al sentido simbólico y espiritual.
Para muchos historiadores parece ser que Agustín creía que en el acto de la Santa Cena se recibe literalmente el cuerpo de Cristo, pero no por medio de los elementos sino porque al participar del acto el creyente se une en comunión a Cristo.

Consideraciones Generales
Aunque Agustín de Hipona ha sido considerado como uno de los más grandes pensadores cristianos en toda la historia, y su pensamiento ha influido en todos los tiempos, especialmente en los años de la reforma protestante. No cabe duda que durante su vida no todo su pensamiento ha sido bien visto,  ya que las controversias sobre sus diferentes doctrinas fueron muy grandes.

Especialmente lo que ya hemos mencionado sobre la gracia y la predestinación. Ya que la Iglesia Católica rechazó gran parte de su pensamiento, y aunque la mayoría de Iglesias de la reforma rescataron sus ideas aunque con otros matices.  No todos están de acuerdo y los debates continúan hasta hoy.     

Hugo Vásquez



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