martes, 7 de marzo de 2017

CURSO HISTORIA DE LA TEOLOGÍA - LAS CONTROVERSIAS CRISTOLÓGICAS

LAS CONTROVERSIAS CRISTOLÓGICAS, 
LOS CONCILIOS DE ÉFESO Y CALCEDONIA

Como era de esperarse el credo formulado en Nicea no dio solución a todas las controversias alrededor de la trinidad y de la naturaleza de Jesucristo.  En especial esto último es lo que más dificultades ocasionaron a la ortodoxia de la Iglesia. Si bien es cierto el credo afirmaba la divinidad de la segunda persona de la trinidad, pero no quedaba claro el papel que jugaba su humanidad. Mientras que para unos la divinidad del verbo era tal que opacaba su humanidad (docetas) para otros la humanidad de Jesús era lo importante ya que su divinidad fue otorgada en base a sus méritos (Ebionitas).


Gran parte de la Iglesia seguía un patrón de pensamiento derivado de Tertuliano de Cártago quien afirmaba que en Cristo existen  dos naturalezas (substancias) y una sola persona.  Pero aún así las controversias continuaban.
Existía también en este sentido una separación entre Oriente y Occidente. Mientras los teólogos de Oriente hacían mucho hincapié en la divinidad del verbo y la unidad con el Padre, en Oriente en cambio el énfasis era en la humanidad de este.
En Oriente se llegaba a afirmar que Jesús fue una persona histórica en la cual habitó la divinidad pero no se realizaba la “comunicatio idiomatium”   (La comunicación de los atributos humanos a los divinos y viceversa)
Otro de los debates que tomó fuerza fue el hecho de si la unión de Jesús con la divinidad era de tipo “Logos-hombre” o “Logos-carne”. Para estos últimos la explicación era que mientras en Jesús había un cuerpo y un alma (fuerza vital) humana, el espíritu en cambio o sea su razón era gobernada por el Logos.   A esta doctrina se lo conoció como “apolinarismo”
Por otra parte Gregorio afirmaba que en Cristo existía la unión de las dos naturalezas humana y divina, pero que en esta unión la naturaleza humana quedaba totalmente absorbida por la divina, así como una gota de vinagre en el océano.

La controversia Nestoriana y el Concilio de Éfeso
Desde tiempos muy antiguos la Iglesia había usado la expresión “madre de Dios” (Theotokos) para referirse a María, pero esto nunca fue una manera de endiosarla a ella sino mas bien para enfatizar que el que Jesús que nació de María fue Dios, esto en contra de quienes afirmaban que la divinidad se unió a Cristo en un momento posterior de su nacimiento. Es en este contexto que aparece Nestorio, quien  escribe radicalmente en contra de usar este término para referirse a María, ya que sus doctrinas posiblemente eran de índole apolinarias. Y apoyaba mucho la separación de las dos naturalezas en Cristo.
Por todas estas razones los emperadores Valentiniano III y Teodosio II convocaron a un Concilio en la ciudad de Éfeso en el año 431   
Para Nestorio era imposible hablar en Jesús de una “unión Hipostática”  (Se refiere a la unión de las dos naturalezas en la persona de Jesús), sino que necesariamente tenía que diferenciarse entre la naturaleza divina y la naturaleza humana, incluso parece dar entender que así como hay dos naturalezas también hay dos personas.
Para Nestorio María no es madre de Dios porque lo que nació de María fue solamente el baso en el cual habitaría la divinidad, pero hay que tener en cuenta que sus argumentos eran netamente cristológicos y no mariológicos.
Por otro lado en el mismo concilio se encontraba Cirilo quien fue el primero en usar el término unión hipostática. Ya que afirmaba la unión de las dos naturalezas en Cristo. Pero se debe tener en cuenta que la doctrina de Cirilo resultaba tan peligrosa como la de Nestorio porque mientras éste separaba mucho las dos naturalezas en Cristo, Cirilo más bien parecía mostrar un Logos que absorbía por completo cualquier vestigio de Naturaleza humana.  Y también apoya el termino (Theotokos)
La Fórmula que dio como resultado este concilio se lo denominó “símbolo de la unión”:
“Confesamos, por consiguiente, a nuestro Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, perfecto Dios y perfecto hombre con alma racional y cuerpo, nacido del Padre según la divinidad antes de todos los siglos, y de María Virgen, según la humanidad, por nosotros y por nuestra salvación: consustancial al Padre en razón de la divinidad y consustancial a nosotros en razón de la humanidad. Porque se hizo la unión de la dos naturalezas. Por eso confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor. Por esta noción de la unión sin confusión, confesamos a la Santa Virgen por Madre de Dios, porque Dios Verbo se encarnó y se hizo hombre y unió a sí mismo desde el instante de su concepción el templo que había tomado de ella”.

El Monofisismo y el Concilio de Calcedonia         
El monofisismo fue una doctrina que afirmaba que en Jesús solo existía una naturaleza, la divina, ya que la humana tenía que ser absorbida por la misma.
Uno de los principales exponentes de este punto de vista fue: Eutiques, a quienes muchos le acusaron haber dicho que el cuerpo de Cristo descendió del cielo, aunque parece ser que lo que en realidad el quería decir es que el cuerpo humano de Jesús fue deificado luego de la unión con el Logos.    
Después de muchas controversias se realiza en Calcedonia un nuevo Concilio en el 451, considerado como el cuarto concilio Ecuménico, aunque las Iglesias Nestorianas y monofisitas no lo aceptan como tal.
“Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás.”

Consideraciones Generales
Si tenemos en cuenta el cristianismo predicado desde las días de pentecostés y lo comparamos con el desarrollo sistemático de los credos de fe, vale la pena preguntarnos si la Iglesia seguía conservando el mensaje central del evangelio de que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” o se encontraba más bien enredado en controversias filosóficas que no aportaban en mucho a la vida de la Iglesia.
Por un lado todo esto sirvió para que la fe tuviera aceptación en el mundo helénico pero por otro lado parecería que dejó de ser un cristianismo judío y se convirtió en un sistema filosófico de la época.

¿Será que fue por esto que la Iglesia poco a poco se volvió apóstata? 

Hugo Vásquez



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