miércoles, 10 de enero de 2018

Prédica - Fijemos la mirada en Jesús - Hebreos 12:1-3


Introducción

Comenzamos un nuevo año, con nuevos retos y nuevas metas. ¿Cómo les ha ido con los propósitos de nuevo año?.
Yo personalmente muchas veces no puedo perseverar en hacer ejercicio todos los días. Tal vez me falta la motivación necesaria.
Pensemos en la vida cristiana ¿Se han planteado metas espirituales?
¿Leer la Biblia todos los días, orar más, servir en algún ministerio, hacer las cosas responsablemente?


Todos estos hábitos son importantes porque como cristianos tenemos una meta sobre todas las metas que es la de llegar a ser como Jesús.  
¿Creen que el año anterior crecimos un poco en nuestra semejanza a Jesús?
 Pero, esa es una meta que nunca se acaba, mientras vivamos en este mundo siempre vamos a estar tras esa meta. Es decir, este nuevo año se nos presenta nuevamente una oportunidad de hacer mejor las cosas y de crecer en nuestra semejanza a Cristo.  
 Esto no es una tarea sencilla, a veces nos desanimamos, tal vez también nos falta la motivación necesaria, luchamos con pecados que pensamos que no podemos cambiar, muchas veces las personas nos desaniman Etc. Son cosas que a veces nos llevan a darnos por vencidos.

Vamos a leer un texto en donde el autor nos anima a perseverar en el camino de la vida cristiana y también nos da el secreto de cómo podemos hacerlo.    

Heb 12:1  Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.
Heb 12:2  Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Heb 12:3  Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.
 Para enfrentar los desafíos de la vida cristiana debemos fijar nuestra mirada en Jesús ¿Por qué debemos hacerlo?

1.- Tenemos un gran desafío
El autor nos dice que tenemos una carrera por delante. Un cristiano sabe a dónde va, no anda sin sentido. Pero esta carrera no es fácil siempre va a presentar obstáculos.
En el capítulo anterior, Hebreos 11, se nos presentan varios ejemplos de hombres de Dios que aceptaron el desafío de vivir para Dios. Y que aún a pesar de las dificultades perseveraron por la fe y siguieron adelante. Los nombres que cita son: Abel, Enoc, Noe, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, entre otros.
A ellos se refiere el texto cuando dice que tenemos una multitud de testigos, y por eso nosotros también tenemos que correr la misma carrera.
Y para eso el desafío es doble:
 1.1.- Despojarse de todo lo que estorba
El autor está haciendo referencia a los deportistas en la antigua Grecia, que antes de correr una carrera se quitaban todo peso, incluso la ropa.  
¿Qué son aquellas cosas que nos estorban en la vida cristiana? Que no nos permiten avanzar en nuestro crecimiento. ¿Malas amistades, Malos hábitos?
Especialmente hay que despojarse del pecado que nos asedia.  
La vida cristiana es una vida de crecimiento espiritual, no de estancamiento espiritual. Todos los seres humanos tenemos una naturaleza que nos lleva a pecar, y es contra eso que tenemos que luchar. Cada uno de nosotros sabemos que hay ciertas áreas en nuestra vida con las que tenemos que luchar. La pregunta es: ¿En realidad estamos luchando para dejar el pecado? O hay cosas con las que ya nos hemos acostumbrado a vivir, y decimos “así soy yo y nadie me va a cambiar”.  
La vida cristiana es un proceso de avanzar en nuestra semejanza a Cristo y en el que se necesita perseverar.

1.2.- Correr con perseverancia
Cuando la Biblia nos habla de perseverancia es por que se trata de algo que no va a ser fácil, y nos vamos a sentir desanimados muchas veces. Especialmente en esta epístola a los Hebreos se repite mucho el término perseverar. Por que es muy importante darnos cuenta, que la vida cristiana no es una carrera de velocidad sino de resistencia.   
Pero ¿Cómo lo hacemos?
La respuesta del autor es: Fijemos la mirada en Jesús
Que nada más nos distraiga.
Saben que muchos accidentes de tránsito en nuestro tiempo son por causa de distracciones por mirar el celular, a veces unos pocos segundos que uno se distrae pueden tener grabes consecuencias. Yo por eso le tengo a mi esposa para que me un golpe cada que cojo el celular en el carro.   
Muchas veces no perseveramos porque nos distraemos en otras cosas, porque los afanes de este mundo nos debían del camino.
Fijemos la mirada en Jesús, y todo lo demás en la vida dependerá de eso
2.- La más grande inspiración
Jesús es el iniciador de nuestra fe porque es solamente por medio de él que nosotros podemos ser hijos de Dios. Fue su sacrificio en la cruz el que ha nosotros nos salva de nuestros pecados.
Y solamente pensar en el amor que Dios nos tiene que fue capaz de entregarse a una muerte tan cruel por nosotros, eso debe ser nuestra más grande inspiración para vivir para Dios.
El autor dice “quien por el gozo que le esperaba soportó la cruz” ¿Cuál era ese gozo que le esperaba? ¿Cuál era la motivación que Jesús tuvo?  No era el cielo, Jesús ya es dueño del cielo, no era sentarse a la diestra del Padre, Jesús ya era dueño de ese puesto. Su motivación fue el amor, y el gozo que le esperaba era el poder salvarnos, el poder restaurar la relación del ser humano con Dios.  

Si para Jesús la motivación fue el amor, ¡que más grande inspiración queremos nosotros para seguir adelante puestos la mirada en Jesús!
Que cada día que nos levantemos recordemos todo lo que hizo él por nosotros, que cada día fijemos nuestra mirada en Jesús.  

Debemos fijar la mirada en Jesús porque tenemos un gran desafío, porque tenemos la más grande inspiración, pero también tenemos al mejor entrenador.
3.- El mejor entrenador
Dice el texto que Jesús es el iniciador de nuestra fe, pero también es el perfeccionador de la misma. Es decir, tampoco vamos a poder perseverar y llegar a la meta si no es por Jesús mismo que lo hace posible.

3.1.- Por medio del Espíritu Santo
Él nos salvó de nuestros pecados, pero el proceso no se queda ahí, sino que Dios mismo por medio de su Espíritu es quien nos capacita para perseverar, para seguir adelante. El Espíritu Santo es quien produce en nosotros el fruto de parecernos más a Jesús

Gal 5:22-23  En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,   humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.
Pero todo esto se produce a medida que nosotros también dependamos de Dios. A medida de cuan cerca estemos de Jesús.
3.2.- Por medio de su ejemplo
Jesús nos ha dejado el más grande ejemplo de perseverancia frente a las dificultades de la vida. Cuando estemos atravesando alguna dificultad que nos quiera desanimar, miremos a Jesús. Jesús enfrentó oposición por parte de la gente a la que vino a salvar. Jesús lo hizo todo por amor.
Una de las cosas que más nos desaniman cuando estamos sirviendo a Dios, muchas veces son las personas. Porque todos somos imperfectos y fallamos, y nos fallamos entre nosotros, y a veces eso nos desanima y ya no queremos continuar. Es ahí donde debemos fijar la mirada en Jesús.
El lo hizo todo por amor, el oró por las personas que le estaban crucificando. Que esa sea nuestra actitud para con nuestros hermanos. Que sea el amor lo que nos motiva para seguir adelante. Siguiendo el ejemplo de Jesús.   

Conclusión
¿Qué vamos a hacer diferente en este nuevo año con respecto a nuestros hábitos espirituales?
Recordemos que Dios está más interesado en cambiar nuestro carácter, a que bajemos o subamos de peso. Y así mismo como se necesita disciplina para hacer dieta, para hacer ejercicio, se necesita disciplina para estos hábitos espirituales.  
 1Co 9:24  ¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.
1Co 9:25  Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.
1Co 9:26  Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire.
1Co 9:27  Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.
No tomemos nuestra vida cristiana a la ligera. Nuestra fe ha costado tanto y no se puede tomar a la ligera. Que dentro de nuestros propósitos del nuevo año sea fijar nuestra mirada en Jesús.  
 “Para enfrentar los desafíos de la vida cristiana, y mantenernos fieles a la voluntad de Dios, nuestra mirada siempre tiene que estar enfocada en Jesús. Ya que él es quien nos inspira, quien nos capacita y nos ha dado el ejemplo con su propia vida” 


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