lunes, 23 de abril de 2018

Prédica sobre la Parábola de los Talentos - ¿Qué hacer con lo que Dios nos ha dado?


Introducción


¿Qué tan responsables somos cuando se nos encarga algo que no nos pertenece?
 En la vida muchas veces tenemos que hacer uso de cosas que no son nuestras. ¿Qué tan responsables somos?



Pensemos en las cosas de Dios. ¿Qué tan responsables somos con las cosas que Dios nos ha dado? Recordando que todo lo que tenemos y somos es un encargo de Dios.

Vamos a observar que es lo que Dios nos quiere enseñar sobre el manejo de nuestros dones, habilidades y también recursos.
 

Mat 25:14  »El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes.
Mat 25:15  A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro sólo mil, a cada uno según su capacidad. Luego se fue de viaje.
Mat 25:16  El que había recibido las cinco mil fue en seguida y negoció con ellas y ganó otras cinco mil.
Mat 25:17  Así mismo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil.
Mat 25:18  Pero el que había recibido mil fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Mat 25:19  »Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.
Mat 25:20  El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. “Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil.”
Mat 25:21  Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”
Mat 25:22  Llegó también el que recibió dos mil monedas. “Señor —informó—, usted me encargó dos mil monedas. Mire, he ganado otras dos mil.”
Mat 25:23  Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”
Mat 25:24  »Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. “Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido.
Mat 25:25  Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.”
Mat 25:26  Pero su señor le contestó: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido?
Mat 25:27  Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses.
Mat 25:28  » ” Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil.
Mat 25:29  Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.
Mat 25:30  Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.”


1.- Reconocer que Dios es el dueño y nosotros los siervos.
En la historia podemos ver claramente que se trata de Dios como el hombre que entregó sus bienes. Es decir, todo le pertenecía a él. Cuando la parábola menciona a los siervos, se refiere a los cristianos. Él es el dueño nosotros los siervos.
La parábola nos enseña que todo lo que Dios nos ha dado le pertenece a él.
¿Alguna vez hemos pensado que todo lo que tenemos y somos le pertenece a Dios? Aun nuestra vida mismo le pertenece a Dios.
Si es Dios el que nos ha dado todo de alguna manera debemos pensar en cómo podemos utilizar lo que él nos dado para su obra. A todos Dios nos ha dado algo con lo que podemos aportar al reino de Dios. Posesiones materiales, talentos, capacidades, gustos, rasgos de personalidad etc.
Cuando hablo de la obra de Dios me estoy refiriendo al cumplimiento de los propósitos de Dios en el mundo. Y nosotros sabemos que nuestra Iglesia está para eso. “vivir y enseñar los propósitos de Dios para su Iglesia”
Todos tenemos algo con lo que podemos aportar en la Iglesia

2.- Identificar nuestra manera de servir
Los talentos son diferentes, no ha todos Dios nos ha dado lo mismo.  En la parábola cada uno recibe diferente 5000 otro 2000 y uno solo 1000 monedas de oro. Alguien podría decir que el señor de la parábola es injusto. Pero, no quiere decir que el Señor era injusto, sino que sabía la capacidad de administrar de cada uno.
El apóstol Pablo usa la metáfora de la Iglesia como el cuerpo de Cristo en donde cada parte del cuerpo cumple una diferente función. Y no quiere decir que ninguna parte del cuerpo sea más importante que otra.  En la Iglesia Dios también cada uno tiene una función diferente.
Por eso tenemos que ser muy atentos para saber identificar nuestros dones y servir de acuerdo a eso. No queremos tener a orejas respirando.
1Co 12:4  Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu.
1Co 12:5  Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor.
1Co 12:6  Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.
1Co 12:7  A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.

No hay nadie en el Reino de Dios que pueda decir “Yo no sirvo para nada”
Tampoco podemos discriminar a los demás hermanos pensando que lo que nosotros hacemos es lo más importante.
¿Cómo reconocemos cual es nuestro don? 
Podemos plantearnos las siguientes preguntas:
¿Hay algo que me gusta hacer más que otras cosas?
¿Hay algo que se hacer mejor que otras cosas?
¿Hay algo con lo que puedo bendecir a otras personas, a la Iglesia, y dar gloria a Dios con eso?
Incluso si estamos indecisos sobre nuestros dones debemos practicar. Probar hasta descubrir. Y una vez que descubrimos nuestro don debemos desarrollarlo por medio de la capacitación y el discipulado
En definitiva, Dios nos ha dado diferentes formas en las que podemos servir. Incluso como en la parábola aún nuestros bienes materiales son una forma de servir a Dios.
La obra de Dios también necesita de nuestros recursos materiales.

3.- Servir responsablemente
¿De qué manera nosotros administramos los bienes del Señor?
¿Qué estamos haciendo para el bienestar de la Iglesia?
¿Y si lo estamos haciendo? ¿Qué tan responsables estamos siendo?
¿Lo que estamos haciendo produce algún fruto?
Todo servicio responsable da fruto. Aunque los frutos no son necesariamente visibles. Muchas veces son unos los que siembran y otros los que cosechan.
No esperemos más para ponernos a trabajar en el Reino de Dios, que Dios nos va a pedir cuentas de eso.
Hoy es el tiempo para poner nuestros dones al servicio de Dios
Hag 1:1  El día primero del mes sexto del segundo año del rey Darío, vino palabra del SEÑOR por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y al sumo sacerdote Josué hijo de Josadac:
Hag 1:2  «Así dice el SEÑOR Todopoderoso: “Este pueblo alega que todavía no es el momento apropiado para ir a reconstruir la casa del SEÑOR.” »
Hag 1:3  También vino esta palabra del SEÑOR por medio del profeta Hageo:
Hag 1:4  «¿Acaso es el momento apropiado para que ustedes residan en casas techadas mientras que esta casa está en ruinas?»

En este pasaje podemos ver que el Pueblo de Israel estaba más enfocado en sus casas que en la casa de Dios. Tenían que reordenar sus prioridades.
“Busca primero el Reino de Dios”
En el mundo actualmente hay mucha necesidad. Hoy es el tiempo de trabajar por el Reino de Dios. Dios nos hizo a su imagen y semejanza y Dios es un Dios que trabaja.
Una de las primeras cosas que Dios le manda al hombre a hacer después de crearlo es a trabajar
Gen 2:15  “Dios el SEÑOR tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara,”

Joh 5:17  “Pero Jesús les respondía: —Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo”.

¿De qué manera Dios nos va a encontrar cuando regrese?
Hubo dos de sus siervos que trabajaron, pero el tercero solo escondió el talento

4.- Recordar que un día rendiremos cuentas  
Al primero y al segundo el amo les da igual honor porque trabajaron lo mismo con los dones que recibieron. Demostraron ser fieles en lo poco Dios les pondrá en lo mucho.
A veces no somos responsables en cosas pequeñas que Dios nos pone a hacer y queremos que Dios nos dé más.
Mat 25:29  Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

No se refiere al que tiene más dinero sino al que ha usado de mejor manera los dones que Dios le ha dado.
Nuestra motivación no debe ser nunca lo que vayamos a recibir, nuestra mayor recompensa es el saber que somos parte de la obra de Dios.
Mat 25:21  Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”

No hay recompensa más grande que compartir la felicidad de nuestro Señor

¿Cuáles son las razones por las que el tercero no quiso trabajar con el talento?
Mat 25:24  »Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. “Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido.
Mat 25:25  Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.”

1.-Tenía un concepto equivocado acerca del Señor. Pensaba en él como un hombre injusto.
Los falsos conceptos de Dios dan pie a poner escusas de no entrar a una relación de amor y obediencia con él.
El Evangelio
2.- El miedo fue un factor que no permitió que el ejercite sus dones.
¿Cuántas veces hemos puesto escusas para no hacer algo que nos gusta, que sabemos que lo podemos hacer, pero nos da miedo?
Pero Dios le reprocha y le dice que, aunque sea hubiera puesto el dinero en el banco
Es mejor que Dios nos encuentre haciendo algo, aunque sea mal hecho. A que no nos encuentre haciendo nada.
El castigo fue dejarlo fuera del Reino
Muchas veces Jesús es muy radical en sus parábolas

Conclusión
Las parábolas de Jesús son siempre como una advertencia. Dios nos da algunas pistas de cómo serán las cosas en el Reino de Dios.
“Guerra avisada no mata gente”
Como cuando un profesor les avisa a sus estudiantes las preguntas del examen con algunos días de anticipación.
¿Qué estamos haciendo con las cosas que Dios nos ha dado?

Dios no nos creó para calentar una silla en la Iglesia. Él nos ha dado dones, talentos y recursos que podemos usar para su servicio y para la edificación del Reino de Dios. Algún día Jesús regresará y nos pedirá cuentas. Así que, si estamos esperando su regreso, no deberíamos estar de brazos cruzados. 

Hugo Vásquez

Escucha el audio de la prédica:



                                                                                                                                                

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