lunes, 17 de septiembre de 2018

EL ANTÍDOTO DIVINO - LA SERPIENTE DE BRONCE - NÚMEROS 21:4-9

Introducción

Una de las cosas más duras de la vida son las enfermedades. Como seres humanos que vivimos en esta naturaleza caída de una u otra forma experimentamos alguna enfermedad.
 Hay algunas enfermedades más grabes que otras, algunas incluso producen la muerte.
Pero, todos los seres humanos nacemos con una enfermedad mucho más grabe que cualquier enfermedad física, es una enfermedad espiritual, que se llama pecado.


Nacemos con una naturaleza que se inclina a hacer las cosas que no agradan a Dios, nacemos con una naturaleza rebelde.

Y esta enfermedad es mucho más grane porque produce no solamente la muerte física sino también la muerte espiritual. La separación eterna de nuestro Dios.

En el mensaje de hoy vamos a ver como la misericordia de Dios provee una solución, provee un antídoto en contra de esta enfermedad mortal.


Num 21:4  Los israelitas salieron del monte Hor por la ruta del Mar Rojo, bordeando el territorio de Edom. En el camino se impacientaron
Num 21:5  y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés: —¿Para qué nos trajeron ustedes de Egipto a morir en este desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua! ¡Ya estamos hartos de esta pésima comida!
Num 21:6  Por eso el SEÑOR mandó contra ellos serpientes venenosas, para que los mordieran, y muchos israelitas murieron.
Num 21:7  El pueblo se acercó entonces a Moisés, y le dijo: —Hemos pecado al hablar contra el SEÑOR y contra ti. Ruégale al SEÑOR que nos quite esas serpientes. Moisés intercedió por el pueblo,
Num 21:8  y el SEÑOR le dijo: —Hazte una serpiente, y ponla en un asta. Todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.
Num 21:9  Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Los que eran mordidos, miraban a la serpiente de bronce y vivían.

Dios había liberado al Pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto. Había mostrado grandes señales y milagros. Les había mostrado su amor.

Dios los estaba guiando hacia la tierra prometida, pero para esto ellos tenían que atravesar el desierto, es decir, no iba a ser fácil tampoco, pero Dios les siguió mostrando su bondad, Dios les había provisto de ropa, les había alimentado con Maná del cielo.

En esta ocasión vemos que ellos tenían que recorrer una ruta muy grande para llegar a su destino, pero en algún momento ellos se impacientaron y como en ocasiones anteriores, comenzaron a murmurar en contra de Dios y en contra de Moisés. Lo cuál era un pecado.  


1.- EL VENENO DEL PECADO


1.1.- Ingratitud
Num 21:4  Los israelitas salieron del monte Hor por la ruta del Mar Rojo, bordeando el territorio de Edom. En el camino se impacientaron
Num 21:5  y comenzaron a hablar contra Dios y contra Moisés: —¿Para qué nos trajeron ustedes de Egipto a morir en este desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua! ¡Ya estamos hartos de esta pésima comida!

Este texto me muestra el corazón ingrato que muchas veces tenemos como seres humanos. Los Israelitas experimentaron muchas veces el amor y el poder de Dios. Pero en ocasiones se olvidaban de eso. Y eso los llevó a revelarse en contra de Dios.
Incluso dijeron que estaban hartos de esta pésima comida, refiriéndose al Maná.

En nuestra vida también muchas veces somos ingratos. Dios ha hecho muchas cosas por nosotros, nos ha dado la vida, nos provee para nuestras necesidades, tal vez muchas ocasiones hemos experimentado la respuesta de Dios a nuestras oraciones, Nos da de su Palabra que es ese alimento, como el Maná del cielo para nuestra vida. Pero, aun así, a veces puede ser que nos cansamos también y nos quejamos, y queremos experimentar algo diferente y así como los Israelitas querían mejor regresar a Egipto, así nosotros queremos experimentar nuevamente con las cosas que nos ofrece el mundo especialmente con el pecado.

Vivimos en un mundo que está lleno de pecado, en todas partes, violencia, delincuencia, deshonestidad, falta de valores, inmoralidad sexual. Muchas veces nos vemos también tentados y caemos en ese tipo de cosas.   


1.2.- El pecado y sus consecuencias
Num 21:6  Por eso el SEÑOR mandó contra ellos serpientes venenosas, para que los mordieran, y muchos israelitas murieron.

Dicen muchos comentaristas que el desierto por el que ellos habían transitado estaba lleno de esas serpientes venenosas.

Deu 8:15  El SEÑOR te guió a través del vasto y horrible desierto, esa tierra reseca y sedienta, llena de serpientes venenosas y escorpiones; te dio el agua que hizo brotar de la más dura roca;

Sin embargo, Dios siempre les había protegido. Entonces no se trata de que Dios envió las serpientes, se trata más bien de que Dios retiró su protección en ese momento y ellos fueron atacados por las serpientes.

El pecado en nuestra vida también es como una serpiente venenosa. El pecado produce la muerte. Dios le dijo a Adán y Eva que el día que coman del fruto prohibido ciertamente morirían.

Todos de alguna forma hemos sido víctimas de esto debido a nuestra naturaleza. Queramos reconocerlo o no, siempre de alguna manera le estamos fallando a Dios.

En nuestra vida hay pecados evidentes, que es fácil identificarlos. Como las borracheras, los vicios, una vida de libertinaje. Pero también hay pecados del corazón, que muchas veces no son fáciles identificables o no queremos reconocerlo.  El resentimiento, el orgullo, los deseos impuros, cosas que hacemos cuando estamos solos, como la pornografía, por ejemplo. Todo eso también son serpientes venenosas que producen muerte.

La principal consecuencia del pecado es la muerte física y también la muerte espiritual. Porque el pecado nos aparta de Dios.

Rom 3:23  pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios

Pero, en nuestra vida también el pecado trae malas consecuencias. Muchos matrimonios se han arruinado, los vicios y las adicciones han dañado la vida de tantas personas, la deshonestidad trae problemas con la ley, la falta de amor y perdón dificulta nuestras relaciones interpersonales. Etc.

La situación es que muchas personas solamente cuando tienen que enfrentarse con las consecuencias de su pecado se dan cuenta que están mal. Y muchas veces Dios mismo puede usar las consecuencias de nuestro pecado para que entremos en razón.
    


2.- EL ANTÍDOTO DE DIOS


2.1.- Arrepentimiento
Num 21:7  El pueblo se acercó entonces a Moisés, y le dijo: —Hemos pecado al hablar contra el SEÑOR y contra ti. Ruégale al SEÑOR que nos quite esas serpientes. Moisés intercedió por el pueblo,

Cuando el Pueblo se dio cuenta de que lo que les estaba pasando era por culpa de su pecado se arrepintieron y fueron a pedirle a Moisés que interceda por ellos.

Moisés intercede por el pueblo. Esto también es un ejemplo, ya que el pueblo había pecado contra Moisés también. Pero el ora por ellos.

Es arrepentimiento es un paso esencial para poder experimentar el perdón de Dios. Tenemos que reconocer que hemos fallado, tenemos que reconocer que necesitamos el perdón de Dios.

Para poder aceptar la cura, tenemos que reconocer nuestra enfermedad.
El problema del mundo en el que vivimos es que mucha gente no sabe que está enferma, no sabe que necesita de Dios. Por eso es muy complicado decirles que necesitan de alguna medicina.  

Después de que el Pueblo se arrepintió Dios en su misericordia les provee una solución.  

2.2.- Mirar a Jesús

Num 21:8  y el SEÑOR le dijo: —Hazte una serpiente, y ponla en un asta. Todos los que sean mordidos y la miren, vivirán.

Dios le dice a Moisés que haga una serpiente de bronce. Para que todo el que la mire viva.
Las Serpiente representaba su pecado. Probablemente Dios quería que se enfrenten cara a cara con su pecado con lo que habían cometido.
Pero lo más importante de este relato es que esta Serpiente de Bronce tenía un significado simbólico. Representaba a Jesús.

Juan 3:14  »Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
Juan 3:15  para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

 Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, de alguna manera dice la Biblia que el tomó nuestra condición de pecadores al aceptar el castigo del pecado.

Rom 8:3  En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana,

De esa manera cuando nosotros nos encontramos con Jesús en la cruz podemos ver ahí nuestro pecado, lo que nosotros merecíamos y reconocer eso es lo que nos da salvación y vida eterna.



3.- UNA NUEVA VIDA

Num 21:9  Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un asta. Los que eran mordidos, miraban a la serpiente de bronce y vivían.

La nueva vida que Jesús nos ofrece al llegar a él por medio de la fe, se refiere a la vida eterna. Pero también se refiere a una nueva vida ahora. A una vida procurando agradar a Dios en todo.

Cuando una persona está enferma vive con las consecuencias de su enfermedad, pero cuando recibe la cura los síntomas desaparecen, puede vivir de una mejor manera. De nada serviría recibir una medicina que no nos alivia los síntomas y seguimos viviendo con la misma debilidad.

La fe en Jesús es esa medicina que nos capacita para recuperarnos de la terrible enfermedad del pecado, y que poco a poco nos ayuda a que los síntomas desaparezcan.

Haber recibido el perdón de Jesús por medio de nuestra fe, nos libra de las consecuencias del pecado que es la muerte, pero también nos libra del pecado mismo.

Esto es un proceso, que no es de un día para el otro. Pero que, si tiene que ser visible en nuestra vida, nuestro testimonio tiene que dar fe de que Dios está actuando en nosotros, de que el antídoto está surtiendo efecto.

 Nuestra vida tiene que ser un testimonio de que tenemos un Dios que está vivo, y que está actuando en nuestras vidas.


Conclusión



Aún a pesar de la bondad de Dios los seres humanos tenemos un corazón rebelde que nos lleva siempre a pecar. El pecado trae terribles consecuencias, es como un veneno que produce la muerte. Pero Dios en su infinita misericordia se entregó en una cruz por todos nosotros, brindándonos el antídoto que nos da la oportunidad de arrepentirnos y acudir a él por medio de la fe, para obtener perdón y vida eterna


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