jueves, 28 de febrero de 2019

LA NECESIDAD DEL PERDÓN DE DIOS - ESTUDIOS SOBRE 1 JUAN - LECCIÓN 3


Introducción
 En el mundo en el que vivimos escuchar la palabra pecado es algo anticuado. Muchas veces despierta sentimientos de rechazo ya que parece un término religioso y que no tiene nada que ver con la vida de la sociedad actual.


Mucha gente piensa que no hace nada malo, se conforman con ser “buena gente” según los estándares de la sociedad. Otros se han dedicado a justificar las actitudes pecaminosas y hacerlas aceptables con la escusa de que cada persona es libre de hacer lo que le haga feliz. De ahí nacen ideologías que tratan de justificar la homosexualidad, el aborto, la unión libre, Etc.

En definitiva, nadie quiere que se le diga que es pecador. Sin embargo, la Biblia nos presenta un panorama muy distinto del ser humano. La Biblia menciona que el pecado es un asunto de todos, Por tanto, todos estamos separados de Dios y por la misma razón todos necesitamos el perdón de Dios. En el pasaje que vamos a estudiar hoy Juan nos da más luz sobre la realidad del pecado. 

1Jn 1:8  Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.
1:9  Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.
1:10  Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.
 2:1  Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.
2:2  Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo.


1.- NO HAY QUIEN SE LIBRE DEL PECADO

1Jn 1:8 Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.

La Palabra pecado, en el idioma griego se refiere a “fallar al blanco” refiriéndose a aquel que dispara una flecha, pero no da en el blanco. En la vida cristiana pecado es fallar en lo que Dios quiere de nosotros. Cualquier cosa que hacemos que no da en el blanco de lo que es la voluntad de Dios es pecado.

Es muy probable que en la comunidad a la que Juan escribe su epístola, había hermanos que pensaban que habían podido llegar a la perfección en la vida cristiana. Por tanto, no necesitaban de nada más, ni de arrepentimiento o confesión para poder obtener el perdón de Dios.
Pero Juan escribe diciendo que esto no puede ser verdad, de una u otra manera todos en algún momento nos enfrentamos con la realidad de que le hemos fallado a Dios en alguna circunstancia.

Mas adelante en el versículo 10 dice:

1:10  Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros.

Si nosotros decimos que no tenemos pecado hacemos pasar a Dios por mentiroso y la Palabra de Dios no habita en nosotros. Esto debido a que la Biblia en toda ocasión nos advierte de que no existe un ser humano perfecto.

Dice Romanos 3:10-18

3:10  Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno;
3:11  no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios.
3:12  Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!»
3:13  «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.» «¡Veneno de víbora hay en sus labios!»
3:14  «Llena está su boca de maldiciones y de amargura.»
3:15  «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre;
3:16  dejan ruina y miseria en sus caminos,
3:17  y no conocen la senda de la paz.»
3:18  «No hay temor de Dios delante de sus ojos.»

En nuestra vida misma sabemos que de una u otra manera cometemos pecados. Sin embargo, hay pecados que son evidentes, pero también hay pecados que tal vez ni nosotros mismos los reconocemos.

Es como cuando tenemos una enfermedad. Hay enfermedades que muestran síntomas externos y que es fácil identificar que estamos enfermos, pero también hay enfermedades que no muestran síntomas. Que solo por medio de un examen podemos darnos cuenta de que están ahí.

Por eso es muy importante siempre examinar nuestro corazón para saber identificar aquellos pecados que no son evidentes pero que pueden estar afectando nuestra vida espiritual. Como resentimientos, falta de perdón, lujuria, Etc.

En alguna ocasión le llevaron a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio y le dijeron a Jesús que la ley decía que el pago de este pecado era morir apedreado. Entonces le preguntaron qué es lo que el piensa. Pero la respuesta de Jesús les mostró que, aunque el pecado de esa mujer era evidente, todos tenían otro tipo de pecados en el corazón.



Dice Juan 8:7

8:7  Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.



2.- JESÚS ES LA ÚNICA SOLUCIÓN

Una vez que hemos reconocido la universalidad del pecado, tenemos que ponernos a pensar ¿Entonces cuál es la solución?

La Biblia nos enseña que el pecado crea una barrera entre Dios y los seres humanos. El pecado hace imposible nuestra relación con Dios. Ya que Dios es un ser completamente puro y santo, por tanto, nada impuro puede entrar a su presencia.

Dice Romanos 3:23 dice:

pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios,

Sin embargo, la Biblia también nos enseña que Dios nos creó por amor, y él quiere que nosotros podamos tener una relación con él. Por tanto, él tomó la iniciativa para restaurar las relaciones de Dios con la humanidad.  Y fue Dios mismo quien decidió hacerse hombre en Jesús y murió en la cruz pagando el castigo de nuestros pecados y restaurando así nuestra relación con Dios.

Por eso en 1 Juan 2:2 dice:

2:2  Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo.

En el Antiguo Testamento la ley pedía que se ofrezcan sacrificios especialmente de corderos para pagar el precio de los pecados. Pero estos sacrificios eran solamente un símbolo de aquello que Jesús haría por nosotros en la cruz.

 Por eso Juan el bautista dijo en Juan 1:29

Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!




Por esta razón decimos que Jesús es la única solución para poder obtener el perdón de nuestros pecados. Sin embargo, Dios requiere una respuesta del ser humano y esta es la fe en lo que Jesús hizo y la confesión y arrepentimiento de nuestros pecados. Por eso en 1 Juan 1:8 dice:

1:9  Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.

Confesar significa reconocer ante Dios que hemos fallado y que necesitamos su perdón. Existen ocasiones en las que debemos confesar también a otras personas nuestros pecados, cuando los hemos hecho daño y necesitamos pedir perdón.

Esta confesión y arrepentimiento no es algo que lo hacemos una sola vez, y después de ser cristianos ya no lo necesitemos. Sino más bien, eso es algo que tendremos que seguir haciendo cada día de nuestra vida porque siempre vamos a seguir cometiendo pecados. Pero lo que Dios desea de nosotros es que caminemos buscando cada día la santidad.   


3.- CAMINEMOS HACIA LA SANTIDAD

2:1  Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.

Juan escribe a sus destinatarios usando el término “hijos queridos” ya que es un pastor que trata con amor a sus ovejas. Pero les hace la advertencia “les escribo estas cosas para que no pequen”

Sin bien es cierto una vez que somos cristianos vamos a fallar a Dios debido a nuestra naturaleza que está en proceso de cambio, pero, el ideal de Dios es que no pequemos y busquemos cada día la santidad. Esta es una obra que será completada solamente cuando lleguemos a la presencia de Dios o cuando Jesús regrese.

Mientras tanto sigue siendo un proceso, en el cual no podemos quedarnos estancados. Sino buscar cada día ser guiados por el Espíritu de Dios para ir dejando el pecado atrás. Esto es a lo que llamamos la santificación.

En la misma historia de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio. Luego de que nadie se atrevió a lanzar la piedra Jesús le dice las siguientes palabras en Juan 8:10-11

8:10  Entonces él se incorporó y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?
8:11  —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.




También el apóstol Pablo dice en Romanos 6:1-2

Rom 6:1  ¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?
Rom 6:2  ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?

Es importante recordar también que este proceso se realiza solamente por medio del Espíritu de Dios. Es él quien produce en nosotros el fruto de parecernos cada vez más a Jesús.

Dice Filipenses 1:6

Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.

Para esto dediquemos gran parte de nuestro tiempo para cultivar los hábitos espirituales, como la oración, lectura de la Biblia y la comunión unos con otros en la Iglesia.


Conclusión


El pecado es un problema del que nadie puede salvarse. Debemos estar consientes de eso, ya que si decimos que no tenemos pecado, el apóstol Juan nos recuerda que nos engañamos a nosotros mismo y hacemos a Dios mentiroso. Pero también debemos estar consientes de que tenemos un abogado e intercesor por nosotros que es Jesús. Ya que el pagó por nosotros el precio de nuestros pecados. El nos sigue perdonando cada día, y por medio de su Espíritu nos capacita para vivir en santidad y crecer cada día más en la semejanza a Jesús. 



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