jueves, 18 de abril de 2019

SEGUROS DE NUESTRA IDENTIDAD - ESTUDIOS SOBRE 1 JUAN - LECCIÓN 6

Introducción
En pasajes anteriores de esta epístola el apóstol Juan se enfocó en recordarnos aspectos básicos de lo que significa ser cristiano. Nos enseñó aquellas cosas que nos dan una identidad como Pueblo de Dios. Pero ahora debemos estar consientes de que esa identidad que tenemos como cristianos nos obliga a guardar ciertos límites con las cosas que el mundo nos ofrece.


En el siguiente pasaje podremos recordar nuevamente nuestra identidad y reflexionar en aquellas cosas con las que debemos tener cuidado en medio del mundo en el que vivimos.

1Jn 2:12  Les escribo a ustedes, queridos hijos, porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo.
2:13  Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, queridos hijos, porque han conocido al Padre.
2:14  Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno.
2:15  No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.
2:16  Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre sino del mundo.
2:17  El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.


1.- RECORDANDO QUIENES SOMOS
1Jn 2:12  Les escribo a ustedes, queridos hijos, porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo.
2:13  Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, queridos hijos, porque han conocido al Padre.
2:14  Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno.

En estos versículos el apóstol Juan se dirige a diferentes grupos dentro de su comunidad. Especialmente haciendo la diferencia entre adultos y jóvenes. Pero en definitiva lo que hace en estos textos es recordarles todo lo que ya les ha enseñado hasta este momento y dejar marcada en ellos la identidad que tenemos como cristianos.
Primero habla a todo cristiano en general
1Jn 2:12  Les escribo a ustedes, queridos hijos, porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo.

Recordemos que la expresión “queridos hijos” es una expresión de cariño con la que Juan se dirigía a sus lectores. Y lo que aquí les recuerda es que sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo.
Esto nos muestra que lo primero que tiene que marcar nuestra identidad es recordar cada día la obra salvadora de Jesús en la cruz. Debemos recordar siempre por qué somos cristianos.
Luego pasa a dirigirse a los padres
2:13  Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio
En este versículo el énfasis de Juan es que los adultos tenían el conocimiento correcto de Dios. Lo mismo se repite más adelante en el verso 14
2:14  Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio.
Esto se puede aplicar a adultos en edad, pero también a aquellos hermanos que son maduros espiritualmente, que han conocido a Dios por medio de su Palabra. Pero, en definitiva, esto nos enseña que no debemos subestimar la experiencia de los hermanos de mayor edad biológica o espiritual. 
Luego Juan se refiere a los jóvenes
2:13b ... Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, queridos hijos, porque han conocido al Padre.

La característica principal que Juan destaca de los jóvenes es que han vencido al maligno. También se puede referir a jóvenes biológicamente pero también a jóvenes espirituales. Quienes tienen por lo general mucha fuerza, energía y pasión en su vida espiritual por eso en el verso 14b dice:

2:14  … Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno.

Por esta razón podemos concluir que Juan está mostrando que todos tenemos algo que aportar en la vida cristiana dentro de la Iglesia, seamos Jóvenes, adultos, niños Etc. Debemos aprovechar la experiencia y el conocimiento de los adultos, pero también la energía y la fuerza de la juventud. Todos nos complementamos.
Una vez que el apóstol Juan nos recuerda quienes somos y cuál es nuestra identidad en Cristo, ahora nos va a mostrar como esta misma identidad nos debe hacer guardar ciertos límites con el mundo.

2.- ESTABLECIENDO LÍMITES
2:15  No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.
2:16  Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre sino del mundo.

Aquí el apóstol Juan usa una expresión que muchas veces puede ser mal entendida.
2:15  No amen al mundo ni nada de lo que hay en él.
Debemos recordar que en la Biblia muchas veces cuando se usa el término mundo no se refiere necesariamente a las personas que forman el mundo, ni a las cosas creadas. Ya que Dios ama a toda persona y el mismo creó todas las cosas. Entonces sería una contradicción si ahora nos pidiera que no amemos a las personas ni a su creación. Tampoco el texto quiere decir que todas las cosas que el mundo hace sean malas.
Si no, mas bien, este término, mundo, se usa muchas veces para referirse al sistema de pecado y de maldad que se vive lejos de la presencia de Dios. Es a eso a lo que no debemos amar.  
Como hemos mencionado en alguna lección anterior Juan enseñó que si afirmamos conocer a Dios y no cumplimos su voluntad somos mentirosos. (1 Juan 2:4) Aquí en cambio nos dice que, si amamos al mundo, es porque en realidad no hemos experimentado el amor de Dios.
2:15  No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.

Entre las cosas que Juan describe como negativas del mundo, y que debemos cuidarnos son tres:
2:16  Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre sino del mundo.

Los malos deseos del cuerpo
Literalmente el texto en griego dice los deseos de la carne. Y se refiere a todos aquellos deseos de nuestra naturaleza pecaminosa.
El apóstol Pablo en Gálatas 5:19-21 los describe de esta manera:
Gal 5:19  Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;
5:20  idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos
5:21  y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

El mundo en el que vivimos está lleno de este tipo de tentaciones, y es por eso por lo que Juan nos pide no amar este tipo de cosas.

Los deseos de los ojos
La mayoría de las tentaciones que enfrentamos en nuestra vida vienen desde lo que nosotros miramos, especialmente cuando prestamos más atención a lo que el mundo nos ofrece que a lo que es la voluntad de Dios. Es por esta razón por la que debemos esforzarnos por no amar a las cosas que aparentemente son buenas del mundo. Y poner nuestra mirada en las cosas de Dios.
Dice Pablo en Colosenses 3:2-5
Col 3:2  Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra,
3:3  pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
3:4  Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.
3:5  Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría.

La arrogancia de la vida
Lo último que menciona Juan es que no amemos a la arrogancia de la vida. Esto es muy importante ya que vivimos en un mundo en donde se concentra el éxito en la cantidad de dinero que tengamos, en la posición de autoridad que lleguemos a tener. Etc. Pero en la Palabra de Dios podemos ver que el orgullo siempre es algo que a Dios no le agrada, el orgullo nos lleva a ser autodependientes eso no nos permite reconocer que necesitamos a Dios en nuestra vida.

Al analizar estas tres cosas que nos pide el apóstol Juan no amar, podemos notar que son las mismas tres tentaciones que tuvo Eva en el Jardín del Edén antes de tomar del fruto prohibido.
Dice Génesis 3:6
Gen 3:6  La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió.

En este versículo podemos ver: Los deseos de la carne, de los ojos, y la arrogancia de la vida.  
Pero de una manera interesante estos tres aspectos fueron parte también de las tentaciones que Jesús enfrentó en el desierto. Dice Mateo 4:2-11
Mat 4:2  Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
Mat 4:3  El tentador se le acercó y le propuso: —Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Mat 4:4  Jesús le respondió: —Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Mat 4:5  Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del templo, y le dijo:
Mat 4:6  Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está: “Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.”
Mat 4:7  —También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios” —le contestó Jesús.
Mat 4:8  De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
Mat 4:9  —Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Mat 4:10  —¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.”
Mat 4:11  Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle.

También en este texto vemos como Jesús enfrentó estos tres tipos de tentaciones, pero su forma de superarlos fue solamente por medio de la Palabra de Dios. Por eso es por lo que, en nuestra vida, aprender a amar la Palabra de Dios es básico para dejar de amar las cosas del mundo y amar más a Dios.

3.- DISFRUTANDO NUESTRA ESPERANZA
2:17  El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Uno de los principales beneficios que podemos experimentar al estar seguros de nuestra identidad y al marcar ciertos límites con las cosas del mundo, es la esperanza de que el que hace voluntad de Dios permanece para siempre, tiene vida eterna. Mientras que las cosas del mundo se acaban.
De nada sirve, decía Jesús, si ganamos todo el mundo y perdemos nuestra alma.
Dice Lucas 9:25
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?

Más bien nuestra esperanza es que si nos enfocamos en las cosas del Reino de Dios, estas tienen un valor eterno.
Si bien es cierto, Dios nos salvó no por nuestras obras, sino por su gracia y misericordia por medio de nuestra fe. Pero esa salvación es también de las cosas del mundo, de las cosas que son contrarias a las cosas de Dios. Él por medio de su Espíritu nos capacita para cada día amar más a Dios y dejar de amar el sistema de maldad y de falta de valores en el que estamos rodeados.
Es desde el ahora que comenzamos a vivir para la eternidad que el ganó para nosotros.

Conclusión

El apóstol Juan en este pasaje nos recuerda quienes somos, cuál es nuestra identidad, cuáles son las cosas que nos diferencian del mundo. Y es por esa misma razón que él nos pide establecer límites, nos pide no amar a las cosas del mundo, si no más bien amar y obedecer a Dios con todo nuestro corazón. Y así poder estar consientes de que las cosas del mundo son pasajeras, pero las cosas del Reino de Dios son eternas y es allá a donde nosotros apuntamos, a la eternidad.   

Hugo Vásquez 

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