jueves, 2 de mayo de 2019

RESPONSABILIDAD DE UN HIJO DE DIOS - ESTUDIOS SOBRE 1 DE JUAN - LECCIÓN 8

Introducción
En todos estos estudios de la primera epístola de Juan hemos hablado de las grandes bendiciones que disfrutamos como hijos de Dios, pero también de las grandes responsabilidades que eso conlleva en nuestra vida.


En el pasaje que vamos a estudiar a continuación Juan sigue profundizando cada vez más en la gran responsabilidad de la vida cristiana de crecer espiritualmente. De procurar cada día ser un poco más como Jesús.

1Jn 3:1  ¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él.
3:2  Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.
3:3  Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
3:4  Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley.
3:5  Pero ustedes saben que Jesucristo se manifestó para quitar nuestros pecados. Y él no tiene pecado.
3:6  Todo el que permanece en él, no practica el pecado. Todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido.
3:7  Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo.
3:8  El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo.
3:9  Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios.
3:10  Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.

1.- YA SOMOS HIJOS DE DIOS
1Jn 3:1  ¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él.
En todos estos pasajes que hemos estudiado de esta hermosa epístola, Juan nos ha recordado muchas veces todo el amor que Dios ha tenido por nosotros. Nos ha mostrado como la obra de Jesús en la cruz pagó por el precio de nuestros pecados. Y cómo de esa manera nuestras relaciones con Dios se han reconciliado. Como consecuencia de todo esto, ahora podemos decir que somos hijos de Dios.
 Existe una idea general en nuestro mundo de que todos los seres humanos somos hijos de Dios, por el simple hecho de ser creación de Dios. Pero la Biblia nos repite a cada momento que el pecado ha producido una barrera entre Dios y los seres humanos. Es por esta razón que solamente nuestra fe en Jesús nos convierte en hijos de Dios por adopción. El nos hace parte de su familia por medio de la fe.
Dice Juan 1:12
Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.

Otra de las ventajas de ser hechos hijos de Dios es que recibimos un nuevo nacimiento espiritual. Esto es lo que en doctrina bíblica se conoce como Regeneración. Ya que cuando confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, el Espíritu de Dios viene a morar con nosotros y nos da una nueva vida.
Dice 2 Corintios 5:17
2Co 5:17  Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

El Espíritu de Dios también nos capacita para vivir una vida que agrade a Dios. Dice el texto que estamos estudiando en 1 Juan 3:9
Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios.

Cuando el texto dice que la semilla de Dios permanece en nosotros se refiere a que él nos a engendrado por medio de su Espíritu.
Entonces surge la pregunta ¿Por qué si ya nacimos de Dios y tenemos el Espíritu de Dios seguimos pecando?
Esto nos lleva a tratar el siguiente punto de nuestro mensaje


2.- DEBEMOS VIVIR COMO HIJOS DE DIOS
3:2  Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.
3:3  Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

Si bien es cierto, ya somos hijos de Dios, pero el apóstol Juan nos recuerda que todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser, es decir, todavía nos falta un duro camino por recorrer para llegar a vivir plenamente en santidad.
Juan también nos dice que este proceso se completará solamente cuando Jesús venga.  Es decir, mientras estemos en este cuerpo mortal, no hay nadie que pueda afirmar haber alcanzado la perfecta santidad.
Sin embargo, si tenemos una gran responsabilidad y es la de purificarnos a nosotros mismos. Purificar nuestra vida se refiere al proceso de irnos despojando poco a poco de todas aquellas prácticas pecaminosas que existen en nuestra vida. Irnos apartando cada vez más para Dios y para su servicio. Este proceso es lo que en la doctrina cristiana se le denomina Santificación. 

Hebreos 12:1 dice
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.

Uno de los propósitos por los cuales Dios nos creó es el de llegar a ser como Jesús. Y es algo a lo que avanzamos día tras día.
Ilustración: Muchas veces he escuchado dichos como: “así nací y así me he de morir” o sino “genio y figura hasta la sepultura” haciendo referencia a que es imposible cambiar ciertas áreas del carácter del ser humano. Pero en la vida cristiana no es así. No podemos usar esta clase de dichos para justificar el hecho de que llevamos muchos años de cristianos y no hemos podido cambiar nuestro mal carácter, o no hemos podido abandonar alguna clase de vicio, o no hemos podido perdonar a alguien que nos ha hecho daño.
Más bien debemos recordar que Dios nos salvó por gracia por medio de la fe, pero no nos salvó para dejarnos iguales, él nos salvó también para cambiar nuestro carácter y hacerlo más como el de Jesús. Por tal razón estos dichos no deberían darse entre cristianos que estamos conscientes de que nuestra misión es dejar que Dios nos purifique cada día más. 
Por esta razón los textos que estamos estudiando de Juan nos recuerda que un cristiano no debería practicar el pecado, como un estilo de vida.
3:6  Todo el que permanece en él, no practica el pecado. Todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido.
3:7  Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo.
3:8  El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo
Muchas veces estos textos se pueden prestar a malentendidos, ya que en capítulos anteriores Juan nos dijo que aquel que diga que no ha pecado es un mentiroso como en 1 Juan 1:8
Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.

Mientras que ahora nos dice que el que practica el pecado es del diablo. Pero es por eso por lo que debemos tener clara la diferencia entre pecar por las debilidades de nuestra naturaleza, que es algo que a todo cristiano le pasa. Y practicar el pecado que es algo de lo que se hace un estilo de vida del cual no se quiere arrepentir. Ese es el que dice Juan que no es de Dios sino del diablo.
Pero ahora, surge la pregunta ¿Cómo puede crecer en santidad si todavía vivo en una naturaleza pecaminosa?
Debemos recordar que la obra de nuestra santificación es algo que Dios lo hace por medio de su Espíritu. Él es el que produce en nosotros el fruto de parecernos más a Jesús. Dice Gálatas 2:22-23
5:22  En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,
5:23  humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.

Pero también hay una gran responsabilidad de nuestra parte que es la de permanecer en Jesús.
15:4  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
15:5  »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.

Jesús nos enseña que la única manera de dar mucho fruto es permanecer en él. Esto es en comunión con Dios.
Cuando en nuestra vida llegamos a dar el fruto que a Dios agrada nos mostraremos diferentes en medio de un mundo de pecado. Esto me lleva al siguiente punto.

3.- DEBEMOS MARCAR LA DIFERENCIA 
 3:10  Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.
Juan nos dice que siempre debe haber algo que diferencie entre los hijos de Dios y entre quienes no lo son. En este texto se refiere a nuestras obras de Justicia. Y en el amor al prójimo. 
Jesús también enseñó que nuestras obras son una manera de hacer brillar la luz de Jesús en un mundo que vive en oscuridad
Dice Mateo 5:16
Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo

Lo importante en este texto que es que el propósito de nuestras buenas obras debe ser que la gente alabe a nuestro Padre que está en el cielo. En otras palabras. Nuestro testimonio puede marcar la diferencia entre que la gente crea en nuestro Dios o no.
En este punto debemos plantearnos la pregunta ¿La gente nos diferencia por nuestra fe y nuestras obras? ¿En nuestra familia, barrio, trabajo, colegio universidad Etc.?
Pero sobre todo esto podemos observar que una de las cosas que más nos diferencian como hijos de Dios es el amor al prójimo. Sobre esto seguiremos profundizando más en las próximas lecciones.

Conclusión

En este pasaje hemos hablado de algunas grandes verdades doctrinales que es muy importante que las tengamos presente siempre en nuestro día a día. Hemos visto que Dios ya nos a adoptado como sus hijos solamente por la fe, la gracia, y el amor de Dios. Pero a partir de eso él nos da un nuevo nacimiento espiritual, por medio del cual él nos capacita para poder vivir cada día un poco más apartados del pecado y más cerca a Dios.  Y eso marcará la diferencia en nuestro contexto de manera que otras personas puedan identificar que hay algo diferente en nosotros y eso les llamé también a depositar su fe en Jesús. 


Hugo Vásquez 

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